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La Coctelera

EL ARMARIO ABIERTO

DONDE EL CORAZÓN TE LLEVE. Confesiones a un diario indiscreto...
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28 Junio 2009

El domingo pasado, más o menos a esta hora, me hallaba disfrutando de la entrada oficial del verano con refrescantes zambullidas en aguas del Atlántico y unas pocas horas al sol tendido en las arenas de la costa onubense.

Salí de casa algo tarde esa mañana, a primera hora del día, pensando que perdería el tren de cercanías que me lleva hasta el habitual punto de encuentro donde Mikgel me recoge para seguir en coche hasta la playa elegida, en esta ocasión Rompeculos, pero finalmente tuve suerte con el autobús. Pude comprar el billete de ida y vuelta (toda una acertada novedad que sea ya con asiento numerado incluso para las distancias cortas) sin agobios e incluso darme una vuelta por el kiosko de prensa para comprar un par de periódicos que amenizaran luego las horas al sol.

Me gusta la sensación que me embarga al arrancar el tren. Suave y decidido al tiempo comienza una marcha hacia momentos que te van a suceder y en los que vas a compartir. Es mi medio de transporte favorito, de siempre. Observando el paisaje desde la ventanilla del vagón, cómodo, sin darme cuenta hago que mis pensamientos se pierdan más allá de las lenguas de tierra que separan hileras de olivos, viendo pasar los ciclistas o moteros que circulan por caminos rurales, los girasoles que adoran a su luminoso dios, los pueblos lejanos, la campiña, algunos huertos, los cultivos de secano, tierras labradas que inspiraron a poetas, el paisaje andaluz tan distinto al que veo cuando transito por el norte... y es como si el tiempo se detuviera. Se me antoja, entonces, que viajar es como encontrarse con uno mismo en distintos paisajes y otras gentes. O descubrir otro en ti.

En esos momentos no faltan otros paisajes dibujados con colores de recuerdos y lápices de memoria. Al poco de partir veo a lo lejos la gran bandera gay que el Ayuntamiento ha izado este año, por primera vez, con motivo del Orgullo. Alza espléndida junto al Puente del Alamillo, no muy lejos del Estadio Olímpico. Y se me vienen a la cabeza estampas de la última vez que estuve allí, hace casi un año, con motivo del concierto de Madonna, y se encadenan los recuerdos que vienen y van de personas y momentos, conjugando desazón y placer a n tiempo.

Ya en la playa, nuevos recuerdos y más baile de pensamientos al vaiven del eco de las olas. Buen tiempo, brisa suave, magnífica temperatura, no demasiada gente,  y estupenda posibilidad de tomar algo de color con el que mejorar una palidez que no solo es cutánea, sino más bien interior. Relax. Y algún llamativo cuerpo que otro, cuya visión nunca está de más. No faltaron las entretenidas charlas con Mikgel sobre Sevilla y sus infraestructuras (pendientes de la Torre Pelli y de la Bibliotca universitaria, de la que somos firmes partidarios).

Y antes de regresar al tren un rico pastel en el Carmen de La Palma del Condado donde me confundieron con un artista plástico. No se si sería por la pinta. Me temo que mi única y limitada capacidad artística ronda, en todo caso, en torno a las palabras. Y no, no soy buen escritor, por mucho que se empeñe -y me alabe con ello- Dik.

Volver al trabajo al día siguiente con el moreno subido fue todo un placer. La semana fue complicada, como suele sucederme en estas fechas previas a las vacaciones de verano. Mucho que hacer y algo de estrés, pero superable. Sobre todo con agradables e inesperados momentos, aunque sea epistolar, como el vivido con Jennifer, la secretaria rubia lesbiana, con la que por cierto Chequebo tuvo un sospechoso encuentro en persona. Agradable fue, también, descubrir la cálida voz de Fran o volver a oír       - como siempre- las cercanas de Sergio, Alberto o Jagg, a quien aproveché para desearle un Feliz Cumpleaños y al que espero poder ver pasado mañana. Tampoco quise olvidarme de felicitar a JC y Danikito. Definitivamente alejarme del frío invierno (y no hablo, precisamente, de las bajas temperaturas que lo suelen acompañar) es una ardua tarea en la que no pocas manos -o voces- me ayudan. Si lo pienso bien, es con el buen tiempo, con el color de la primavera y con el calor del verano, cuando más feliz me he podido sentir en los últimos tiempos, con visitas, llegadas y descubrimientos en mi vida y a mi corazón, de los que dejan huella y de los que me siento orgulloso.

Y hablando de orgullosos, los del sur, le hemos dado mayúscula este sábado al sustantivo con la celebración del primer Orgullo del Sur, una manifestación por la reivindicación de la aceptación social ante la diversidad, una fiesta de alegría por los éxitos cosechados en la equiparación de derechos, un anhelo de normalización en la visibilidad de lo diferente, y un compromiso de la continuidad en la lucha ante la intolerancia y la homofobia.

Ha sido todo un éxito, un gran éxito, con cerca de 10.000 personas -muchas de ellas venidas de distintos puntos de Andalcía, Ceuta y Melilla- participando en una cabalgata con carrozas (al estilo de la de Madrid del próximo sábado y de otras ciudades del mundo) que se sumaron a una multitudinaria marcha.

Una marcha, por cierto, celebrada a pesar del esfuerzo del PP local y en vergonzante alianza con la asociación gay "Colegas" de Sevilla, empeñados en ridiculizar los esfuerzos de los organizadores y criticar el apoyo del Ayuntamiento socialista que se ha volcado con el evento. Estoy de acuerdo que son muy importantes las charlas y las campañas cercanas en institutos, centros, asociaciones, etc, que reclama Colegas, pero el impacto que la puesta en escena tiene una manifestación como la que se vivió ayer y una fiesta como la que le acompañó también contribuyen a que muchos se acostumbren a que lo gay también existe, y que tiene tanto derecho a hacerse visible como otras manifestaciones populares y públicas que se dan en la ciudad.

Confieso que no esperaba la respuesta popular que se ha logrado. En una ciudad tan cerrada en planteamientos y costumbres, y con el apoyo de muchas personas venidas de fuera, se ha puesto de manifiesto que una celebración como está sí tiene cabida en parte de una Sevilla que ya reclama ser algo más que lo de siempre. Mi reconocimiento a los organizadores y cuantos participaron de este primer Orgullo del sur. Confío sea solo el principio y se celebren muchos más, y que cada vez sea mayor el apoyo que los sevillanos le den a esta fiesta del Orgullo.

Yo pensaba disfrutarla con Mikgel, pero un problemilla de espalda de última hora le impidió venir. Ojalá se hubieran animado otros amigos, e incluso se hubiera organizado una divertida quedada bloguera, pero poco queda ya de aquel espíritu de hace un par de años. Además siguen siendo muchos gays los que no se sienten cómodos con este tipo de celebraciones, en un cierto papel de "más  papistas que el Papa". De modo que me fui solo a verla, y hacer fotos. Por lo que vi, la celebración no pudo ser más "normal". Familias, parejas, grupos, personas de toda índole y condición social, de diversas edades, heterosexuales, gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, travestis, hombres y mujeres comprometidos con la libertad, representantes políticos o sindicales (PSOE, IU, PA, CCOO, UGT) defendiendo la igualdad, colectivos y asociaciones contra la intolerancia, mucha gente joven, cuerpos que pueden lucirse y otros que sin pudor también quieren hacerlo, disfrazados para llamar una atención necesaria o sin vestidos llamativos pero mostrando su alegría por ser distintos, por tener un familiar o amigo que lo es, y demostrando que con esa diferencia se puede vivir en perfecta conjunción con el resto de la sociedad, que esa diversidad siempre enriquece, y que nunca debe suponer un motivo de discriminación, luchando por educar en valores que no vayan contra los demás, contra el odio y la homofobia, por la libertad.

Se de muchos sevillanos que se acercaron hasta la cabalgata con curiosidad y que acabaron por caer en las redes de la diversión, la animación y la alegría de una triste realidad, la de tener que seguir reivindicando el derecho a ser diferentes.

La manifestación terminó en terrenos de la Feria, donde se instaló el escenario en el que divertidas drags como Angelita la Perversa, Tormenta, Joyce, y Nacha la Macha, hicieron tiempo con sus ocurrencias y actuaciones hasta la intervención de Victor Naranjo con su "Imperfecta mujer", las Nacys Rubias y Fangoria. El concierto con Alaska no pudo tener mejor acogida. Fue divertido y respondió a las expectativas, con temas de su último disco Absolutamente, y éxitos de Siempre. Y encima gratis. ¿Qué mas se puede pedir?

Pues... que el Orgullo del sur se convierta en un referente para la celebración en el futuro de este día. Estáis invitados para el año que viene.

Feliz día del Orgullo, a cuantos se sienten orgullosos por ser diferentes, y a cuantos sin serlo se sienten orgullosos de querer a alguien que lo sea.

Que no os falten en la vida colores...

13 Junio 2009

Vuelvo para contaros.

Confieso que me alegró poder asistir, hace ya dos fines de semana, a la divertida fiesta de cumpleaños de Pcj, en la que estuvieron presentes algunos blogueros con los que -primero a través de los posts y luego con posteriores quedadas y encuentros- he ido cimentando una amistad que se fue haciendo más intensa en algunos casos. Ahora la conexión se ha hecho más directa con el feisbu, que está matando por cierto a la estrella de los blogs.

No recuerdo cuando fue la última vez que echamos un rato todos juntos los integrantes de aquella chupipandi de no hace tanto tiempo. Pero está claro que cada vez se hace más complicado. En la reunión se echó de menos a Quijote, Luigi, Shiquillo y su churri, pero fue agradable volver a ver a Dik, y disfrutar de la siempre agradable compañía de Crazy, Mikgel, Carlitos Sublime y su Chema.

El fin de semana siguiente tampoco estuvo mal. Más bien al contrario, fue variadito y animado.

El viernes no me olvidé de felicitar a Miguel ("manchego") por su cumpleaños. Ha sido la primera vez y espero que haya muchas más. Aunque aún no nos conozcamos en persona se me hace alguien cálido y cercano.

Nada más terminar de hablar con él decidí ir a cortarme el pelo. Cambio de look, mas fresquito y veraniego. Asimismo, me dispuse a cerrar mi particular temporada de teatro en el Lope de Vega. La verdad es que este año no me puedo quejar, pues solo o acompañado he acudido a bastantes representaciones. Ya sabéis que me encanta el teatro. Esta vez disfruté de la actuación de Paco León en la obra ¿Estás ahí? que vi anunciada en mi último viaje a Madrid, allá por diciembre pasado, y celebré trajeran a Sevilla como otro buen número de obras que esta temporada han enriquecido tanto la oferta cultural sevillana. Me quedé con las ganas de que a Paco León le acompañara Malena Alterio, pero lo cierto es que la Sayago lo hizo muy bien. Me reí mucho, algo que me hace falta.

Al día siguiente, sábado, tuve ocasión de protagonizar uno de esos días que guardas con buen recuerdo en el baúl de la memoria de los sencillos días vividos...

Por la mañana, recorrí la exposición de la Hispanic Society. Mas tarde, a mediodía, quedé con Jagg que volvió a la ciudad del río verde para realizar un examen. A ver si tiene suerte, que se lo merece. Apareció acompañado de una vieja amiga suya que resultó ser un encanto y a la que bauticé como Perez Gilton por su simpatía, sencillez, naturalidad y ocurrencias.

Tras compartir unas cervecitas en El Salvador (rito local que hacía siglos no compartía con nadie) decidimos ir a comer por  La Alfalfa, en concreto a El Habanita, donde degustamos unas albóndigas de espinacas, tiras de pollo al curri, cazuela de calabacines y buñuelos de puerros ciertamente ricos.

Justo al terminar de comer empezó a chispear por lo que decidimos ir a tomar un cafetito con tarta de trufa a mi querido Trajano, donde el gran ventanal permite ver entrar las parejitas o hacer un repaso a la muy diversa fauna gay local. Que de lobas y cuanta lagarta, oye tú...

En el Trajano hicimos tiempo para que se incorporara Mikgel, pillamos unas Shangays (con el Gonzalo Miró en portada mostrando su lado más rosa), nos reímos mucho con las cosas de Pérez Gilton, y nos dejamos cautivar por uno de sus camareros, fuera de servicio, que es un auténtico Hulk. Que cuerpo, por Diosssssssss...

Mas tarde, ya con Mikgel, acudimos a una divertida reunión de ex alumnos de BB.AA. que se celebraba en un local de La Alameda, donde alegré la vista con algún que otro chico mono, pero ninguno solo, y tuve unas sorpresivas miraditas con uno de los integrantes del grupo de artistas. Mikgel me dijo luego que le había parecido el típico que iba buscando a ver si caía alguien. Ya decía yo...

De todas formas entre las cervecitas, las miraditas, y el día tan agradable que había pasado llevaba encima tal puntito de animación que me habría hecho quedar a gusto en la animadísima reunión si no fuera por la marcha ya de Jagg y su amiga, y las pocas ganas de Mikgel por quedarse. Una pena, igual hubiera sido una buena oportunidad de conocer gente, que estoy muuuuuuu solito...

Justo al salir nos sorprendió un fuerte aguacero que a pesar de los paraguas nos dejó calaítos. De forma que tras despedir al bueno de Jagg (que se marchaba a su tierra de acogida) decidimos irnos a nuestras respectivas casas.

Nada mas llegar a la mía llamé a Vulcano, a quien tengo muchas ganas de ver, para felicitarlo por su cumpleaños. Ahora que lo pienso estas últimas semanas han sido tremendas de felicitaciones: Pcj, Chequebo, Miguel, JC, Diego del mar, Castigador, Ekiots, Quijote y algún que otro agregado al Facebook...

Tras felicitar a Vulcano y comprobar que las nubes se marcharon decidí aparcar la pereza y me volví a la calle yo solito a ver, hasta las tantas, el palio de la Esperanza de Triana que realizaba una salida extraordinaria. Como dice Alberto, aquí siempre sacando santos y vírgenes a la calle...

Fue aquel un buen finde, sin duda...

Este, por el contrario, es uno de esos fines de semana en los que -salvo sorpresas de última hora- no habrá muchas propuestas por hacer, me temo. No es de extrañar teniendo en cuenta que los dos anteriores han sido tan moviditos y hacer un pleno de findes seguidos con planes es algo que solo recuerdo de épocas en las que mantenía una relación.

Uff, tiemblo solo de recordar cómo era vivir en ese estado de felicidad compartida que narraba en mis posts y ahora envuelven los de Sergio, Miguel, Alfredo o Fran, por poner solo algunos ejemplos. Me agobia un poquito (vale, en realidad es un muchito...) darme cuenta de que estoy rodeado -virtual o directamente- de tantas parejitas, con edades, estados y localización de lo más diverso: Alberto y Antonio, Chequebo y Alf, Alfredo y Aitor, David y Paco, los Pedros, Carlos y Chema, Shiquillo y su Gaby, Fran y Rafa, Miguel y JC, Juanjo y su Marcos... y de otras muchas que a su alrededor surgen -de oídas o al leer sobre ellos- sin que yo tenga la suerte de encontrar alguien a quien hacer un regalo que no espera, sorprenderle por su cumpleaños, escribirle lo que significa estar a su lado, viajar juntos por el mundo, formar parte de un proyecto común, hacer planes de futuro, sacarle la lengua en un gesto de cariño, organizarle una reunión de amigos por sorpresa, hacer frente juntos a las dificultades, o simplemente con quien compartir, a quien acariciar y sentir...

Vuelven los fantasmas. Lo peor es que temo que puedan conmigo en plena turné veraniega. Y es que verme rodeado o en medio (que es peor) de parejitas ha empezado de pronto a ponerme algo nervioso.

25 Mayo 2009

 

No es fácil echar la vista atrás en el calendario y comprobar que la mayor parte de los fines de semanas del año, especialmente los que coinciden con periodos festivos o se alargan con puentes, van siendo cada vez más frecuentemente tan tristes, vacíos y solitarios como este en el que escribo.   

Quizás por ello sepa valorar tanto, frente a los días oscuros, aquellos otros con mucha luz e intenso color, en los que se suceden la buena compañía y las muchas cosas agradables por hacer y en los que compartir, como el vivido la semana pasada.

Hacía mucho tiempo que no tenía ese pequeño cosquilleo de nerviosismo que durante toda mi vida me acompaña junto a los acontecimientos novedosos o inesperados, desde los más sencillos a los más cruciales: inicios de curso, estrenar, recibir algo que anhelo, aventurarme en lo desconocido, vencer la timidez ante lo que me entusiasma, tener suerte en algo, enfrentarme a retos, que me den una sorpresa agradable, conocer a alguien...

Precisamente en esta ocasión el cosquilleo venía de la mano de un primer encuentro con un bloguero a quien tenía muchas ganas de conocer en persona desde hacía tiempo. Alguien que había despertado mi interés por lo que contaba y sobre todo por cómo lo contaba. 

Dar con Jagg, como con tantos otros, fue un acontecimiento marcado por el puro azar, y permanecer fiel a sus escritos un ejercicio de puro interés motivado por las emociones que sus palabras provocaban en mi, algo que no demasiados logran.

Hacía tiempo que seguía su blog, nos habíamos intercambiado algún que otro comentario, pero quizás por la timidez mutua costó empezar a tener una relación mas cercana a través de correo y móvil, hasta que al fin una visita suya a la ciudad del río verde propició el primer encuentro en un fin de semana que resultó para mi muy especial.  

Nos citamos el viernes para almorzar juntos.Tras una ajetreada jornada de trabajo, me hubiera gustado disponer de tiempo suficiente antes de quedar con él para pasarme antes por casa, darme duchita rápida y cambiarme de ropa, pero Jagg me mandó un mensajito al móvil diciendo que estaría en la estación de autobuses del Prado apenas un cuarto de hora después de mi hora de salida, así que para allá me fui directamente desde el trabajo.

Estaba a las puertas de la estación guardando algo en mi billetero cuando sin apenas percatarme de su presencia apareció de pronto ante mi saludando, justo al tiempo que yo andaba en mis pensamientos pregundome si nos reconoceríamos con facilidad. Confesé, poco después, que en las fotos me parecía mayor y no le hacían justicia pero se le reconocía muy bien y me hizo gracia su confesión de que me esperaba menos delgado. Por supuesto no pude dejar de preguntarme: ¿pero que imagen de vaca gorda doy yo de mi mismo o en las fotos??????, por Diossssssss...)

Decidí que lo mejor era acudir en metro hasta el VIPS de Viapol para comer. No estaba demasiado lejos del Prado (está solo a una parada de distancia) pero me dio apuro verlo cargado con su mochila, además así le enseñaba las instalaciones del moderno suburbano de Sevilla.

Ya en el VIPS empezamos a charlar animadamente, con confianza de haberlo hecho antes, aunque solo hubiera sido en conversación telefónica. No fue difícil encontrar una pronta sensación de empatía con él.

Viendo la carta del restaurante le recomendé el gustoso chivito de la pampa, mientras yo me decantaba por una insípida ensalada cesar en la que solo sobresalían los pocos trozos de pollo rebozado sobre un enorme y cansino lecho de lechuga y mayonesa. No la vuelvo a pedir en mi vida.

Para postre decidimos que lo mejor era dar un paseo hasta el centro donde tomar un café. Regresamos, pues, a pie desde Viapol hasta El Prado pero de nuevo me dio cosilla por el peso de la mochila y me pareció oportuno entonces invitarle a tomar el tranvía hasta la Plaza Nueva. Durante todo el trayecto protagonizamos un entretenido duelo de espadas lenguarinas, ya que ambos somos parlanchines (aunque de los que también saben escuchar).

Fue idea de Jagg acercarnos hasta la tienda Nespresso donde, por lo visto, dan a probar una tacita de café de alguno de sus sabores a los clientes, cosa que me dio un poquito de vergüenza porque no llevábamos pinta precisamente de ir a comprar mucho. Allí coincidimos con el televisivo periodista local Joaquín Petit junto al que -sin ningún pudor- osamos criticar la actual situación de los medios de comunicación y la personalidad de algunos conocidos periodistas que he tenido la suerte de tratar.

Tras el café, aún faltaba tiempo hasta la apertura de las casetas de la Feria del libro, así que decidimos acercarnos hasta la Fnac para dar una socorrida vuelta entre sus libros y DVDs, aunque mi encuentro con una amiga con quien departí un buen rato hizo que finalmente diera más bien la vuelta él solo. Al salir propuse tomar un helado en La Fiorentina, donde la variedad es más original que en Raya, con helados de romero, hierbabuena, rebujito, pestiño, torrija, palmera de huevo o torta de aceite, por poner algunos ejemplos.  

Aún tuvimos que esperar un buen rato, degustando distintos sabores -él en su tarrina y yo con un cucurucho de chocolate del que me encapriché- y charlando sobre series de TV, hasta que levantaron su cierre las casetas de la Feria del libro.

La primera cita fue con la Libreria Mira, presente este año por primera vez, y que suscitaba mi interés por anunciarse como especialista en literatura gay. Es de agradecer saber que cuenta uno con algún local en la ciudad donde poder saciar la curiosidad o interés en "este tipo de libros" como los denominaba el chico que atendía el stand donde podían verse volúmenes de Odisea y otras publicaciones con esta temática que a la mayoría de las librerías les cuesta trabajar. Lo malo es que tiene su sede en un barrio bastante alejado del mío, aunque el chico del stand también proporcionaba separadores en los que se informa de que tienen página web. Ya comentaré si me paso por ella.  

El recorrido por el resto de la Feria del Libro fue interesante, sobresaliendo las ediciones de libros infantiles que tanto nos llamó la atención y algún que otro expositor con volúmenes ciertamente atractivos. El paseo por toda la Feria nos sirvió para intercambiar comentarios sobre nuestros distintos autores favoritos. En mi caso, uno de ellos es Benedetti, sobre el que hablábamos sin apenas imaginar que pocas horas después íbamos a tener noticia de su fallecimiento y yo me acercaría -otra vez- a leer los versos del No te salves, en su memoria.

Poco a poco pasó la tarde y se fue  acercando la hora en que Jagg debía volver a la estación para coger el autobús que le llevaría a casa. De modo que echamos a andar por la Avenida de la Constitución y la calle San Fernando hasta la Hostería del Prado donde tomamos un Nestea para despedirnos. Fue una tarde muy agradable, tanto como conocerle.

Tras dejarlo en su bus (no se si sería el nº 9) estaba tan cansado que finalmente no acudí a una fiesta a la que me habían invitado por motivos de trabajo y que organizaba Pullmantour, en una carpa montada junto a la Estación de Santa Justa, para promocionar sus viajes en crucero y que además de ofrecer barra libre contaba con la actuación del grupo Taxi. Una pena, pero no tenía cuerpo y además no me apetecía ir solo.

Sustituí la fiesta por mi ansiada ducha y un posterior maratón con las pelis de Indiana Jones que me hizo acostar un poquito tarde.

Lo primero que hice a la mañana siguiente fue llamar por teléfono a mi buen amigo Chequebo para felicitarle por su cumpleaños. Me gusta hablar con él, y aunque ahora anda con menos tiempo libre por aquello del noviete y nuestras conversaciones son menos frecuentes y duraderas, no deja de encontrar de vez en cuando algo de tiempo para charlar un ratillo, lo que agradezco muchísimo. Por cierto que tuvo mucha gracia cierto asunto sobre postales que llegan y no llegan. Me alegro (y le envidio) que le vaya tan bien.

Por la tarde renuncié a ir al gym para quedar con Mikgel, porque venía del pueblo pero no podía quedarse hasta muy tarde. Lo recogí en la Fnac y luego tomamos un refresco, haciendo tiempo hasta que abrieran los stands de la Feria del Libro, en mi querido café Trajano. Desde sus ventanales vi pasar -no sin cierta sorpresa- a Absollut, a quien no veía desde la aquella añorada primera quedada de Madrid. Parecía ir en dirección a la Alameda y lo vi algo cambiado. Me hubiera gustado mucho saludarlo, pero por mi inseguridad o timidez me dio un poco de corte al ver que iba acompañado y en estos casos no me gusta molestar.

Poco después nos dirigimos a la Feria del Libro donde me animé a comprar uno que me pareció interesante sobre la radio en Sevilla. No se si era por el calor, la crisis o porque había varios puntos de ocio e interés a los que acudir en la ciudad, pero apenas había gente en la Feria, algo que nos llamó mucho la atención, así que tardamos poco en recorrerla y eso nos permitió tomar algo en La Fioretina. Esta vez yo preferí una granizada y él un helado al que siguió un tranquilo paseo hasta el Prado de San Sebastián donde llegamos tras encontrarnos con numerosas procesiones de las típicas cruces de mayo. Mikgel pilló allí una sevibici con la que desplazarse hasta la estación de trenes y yo aproveché para ver algo del Mercado medieval que habían instalado en el Prado y que "lamentablemente" congregaba a más gente que la Feria del libro.

Por la noche se celebraba Eurovisión, que vi solito en casa, cuando en realidad me hubiera encantado hacerlo en alguna reunión cachonda de amigos como la que organizó Alberto en Zaragoza para la ocasión. Claro que para eso tienen que acordarse de uno y, como hoy le decía a Sergio, ya suelo estar acostumbrado a parecer a ojos de los demás como invisible. Y aunque, como le decía la maestra a Ana de las Tejas Verdes (otro de los maratones de series de mi juventud que me he tragado las últimas horas) "los buenos amigos están juntos en espíritu", eso no consuela demasiado cuando descubres que los que se suponen son tus amigos se olvidan o no consideran invitarte a sus fiestas y reuniones, sobre todo si saben de tu soledad. 

Para esquivar precisamente su sensación por un rato, decidí ver el domingo por la tarde en el Cine Cervantes la película Ángeles y demonios que me entretuvo bastante. Justo al salir recibí con sorpresa -y mucha ilusión- una llamada de Shiquillo a quien junto a Gaby no los veía desde el cumpleaños de Mikgel allá por el pasado mes de octubre. Ya que coincidía que andábamos ambos por el centro aprovechamos para quedar y saludarnos, lo que me permitió volver a ver también a sus cariñosas amigas.

Camino de la catedral, donde se me ocurrió podíamos quedar en vernos, me encontré con una concurridísima procesión de gloria (muy habituales en mayo en Sevilla), con la imagen del Corazón de Jesús,  así que preferí llamarlos para encontranos mejor junto a la Torre del Oro.

Tras saludarnos y presentarme a una de sus amigas de origen francés, tomamos una cervecita en la Taberna de Álvaro Perejil para más tarde tropezarnos con otra procesión, en este caso la de la Virgen de la Alegría, que llamó mucho la atención de la francesita y a la que luego enseñamos los baños árabes de la calle Aire y el besamanos de la Virgen de las Nieves en Santa Maria la Blanca. Hay cosas en Sevilla que nunca cambian, pero eso es como dice Mikgel, lo que hace a esta ciudad ciertamente única. Y está visto que a cuantos vienen de fuera les encanta.

En la Puerta de la Carne degustamos un típico pescaito frito y disfrutamos de una animada charla antes de pasear por los Jardines de Murillo -donde cariñosos arrumacos entre Shiquillo y su novio me enternecieron- mientras comentábamos de un próximo concierto de Green Day en Madrid o los preparativos del Orgullo en Sevilla, camino del mercado medieval en el que me despedí con mucha alegría por haber vuelto a verlos después de tanto tiempo.

Un fin de semana de los que me dejan buen recuerdo y que ojalá se dieran con más frecuencia.

Así fue y así se lo hemos contado.

Gracias a todos los que lo hicieron posible y a cuantos se han interesado por leerlo.


Pd. Dedicado con cariño:

A Vulcano, por su petición.

A Koeps, Alberto y Chequebo, por sus llamadas.

A Jagg, por venir, por sus mensajes y por los enlaces de descargas.

Y a Manu (osea, yo mismo) por escribirlo, aunque le costara tanto. O quizás más por eso.   


 

17 Mayo 2009

 

Desde sus inicios, este blog se convirtió en un medio experimental para desarrollar y expresar mis emociones, una bitácora donde marcar el rumbo que tomaban mis sentimientos, un lugar donde cobijarme y desahogarme, y un espejo en el que se reflejaban mis vivencias. Sirvió como terapia, y ayudó incluso a conocer gente en parecidas circunstancias o que se interesaban por este proceso como coparticipe, testigo o con curiosidad .

A la vez, desde su nacimiento y hasta ahora -como Enis o como Manu- este armario abierto me permitió acercarme a otros blogs que suscitaron en mi emociones y sentimientos, y me permitió conocer a las personas que en ellos volcaban sus pensamientos.

Muchas de esas personas me parecieron extraordinarias, a todas procuré valorar, algunas me hicieron sentir especial, pocos me dejaron frío y bastantes me decepcionaron. Cuánto lamentaría haber provocado yo este último sentimiento...

Algunas de esas personas se fueron de forma precipitada, sin apenas darte cuenta. Otras permanecen más o menos presentes, tal vez en la distancia, pero sin desaparecer del todo. Otros se encuentran más cerca. A todos agradezco los momentos buenos que me proporcionaron.

A cuantos siguen ahí agradezco especialmente que sigan precisamente ahí, porque no saben cuanto lo necesito. Y a los que dejaron de estar... confieso que en su mayoría los echo de menos.

Si pudiera les pediría, a unos pocos, algo de esa autocrítica que me gusta hacer sobre mi mismo, aunque en ocasiones pueda llegar a rozar el autocastigo.

Hay veces que no puedo evitar lanzar lamentos que puedan confundirse con quejas. Pero me salen del alma. Se que al decirlo me muevo en el filo de la navaja, porque hoy día son pocos los que aceptan que se les lleve la contraria, que se les ponga en evidencia, que salgan a la  luz sus defectos, o pongan ante sus ojos sus miserias. Si lo haces en defensa de otros sales mal parado, si lo haces en tu defensa puede incluso conllevarte el riesgo de un cierto ostracismo social. Todo ello lo he aprendido a sobrellevar, no sin dolor.

Duele mucho querer a alguien y comprobar que no es como pensabas, sentirte maltratado en su gesto, luchar contra una repentina incomprensión que no consigues comprender, aceptar feos y vacíos, que te den la espalda, que dejen de estar ahí sin que logres explicarte porqué, los silencios, las no contestaciones,  las desapariciones... y  -por inseguridad- verte sin fuerzas y sobre todo sin valor para pedir explicaciones.

Me pregunto si esta confesión pueda llegar incluso a significar para algunos cierto regusto y satisfacción. Si es así solo espero que sepan darse cuenta un día lo que supone para ellos, y sobre todo lo que puede significar para la otra persona que siente y padece. Hablo en general, sin poner nombres ni palabras, no sea que se me malinterprete.

Lo digo porque en edad adulta, a estas alturas de los tiempos, no es raro encontrarnos con mucha gente que se comporta como si aún estuviera en sus años de colegio, personas que te aceptan en su entorno de buen grado solo si te amoldas a lo que te dictan, si no pones en jaque sus esquemas, si sigues sus planteamientos, y que "juegan" contigo según sus reglas (que jamás debes saltarte y contra las que no debes nunca protestar).

Y si un día te cansas, o te sientes dañado, no oses hacer un humano reproche, que de tus labios no surja ninguna lógica protesta. Correrías el riesgo de convertirte en alguien incomodo, en incluso de llegar al extremo de ser tachado (por lo que me atrevería a denominar auténticas personalidades enfermizas) como persona non grata. Hasta el punto de que la imagen labrada a fuerza de ser y mostrarte como realmente eres y te sientes, y que de ti tenían, dejará de ser la misma.

La malvada fuerza de alguien ocurrente podrían incluso convertirte -a ojos de los demás- en una especie de personaje inventando, de mala caricatura, que la masa ignorante seguirá con fruición . 

He sido testigo de verdaderos linchamientos bloguísticos, de psicosis posteadoras, de guerras de enlaces, de alianzas blogueras, de suspicaces y arbitrarias interpretaciones lectoras, de rencillas post-quedadas... y no son mas que un reflejo virtual de lo que la sociedad real ofrece a diario.

Pocos son los que se atreven a mantener compromisos emocionales serios. Tendemos al consumismo fácil y egoísta, a lo superficial y a la cultura Kleenex. ¿Cuánto peco yo de ello? ¿Te atreves a hacer examen de conciencia? ¿Soy el único que se atreve a denunciarlo? ¿Le importa a alguien todo esto?  

Todo esto... no viene a ser más que una pobre protesta este 17 de mayo contra la fobia, contra la homofobia, contra la transfobia, contra las fobias en general, incluso contra las blogsfobias, y contra las fobias que en nuestra vida hacemos aparecer contra quienes se muestran distinto a como nos gusta pensar o sentir.

Y lo hago poco después de haber logrado mi primer trienio como bloguero, un aniversario sobre el que pasé de puntillas.

Cuando empecé esta aventura indiscreta -desveladora de estados de ánimo y confesiones varias- el empeño por plasmar ideas y sentimientos en estos posts nació con una función de desahogo emocional y existencial casi purificadora que conforme pasaba el tiempo se fue transformado en algo cada vez menos trascendente.

Pasado el tiempo podría decir que las emociones de entonces y hasta la misma existencia están casi intactas, con apenas variaciones importantes en lo sustancial (con lo bueno y/o malo que ello puede significar), pero si acaso desgastada, ajada, por los efectos que en estas páginas cibernéticas y en los cajones del alma ha ido provocando el paso del tiempo y el discurrir de las gentes.

Es posible que advierta el lector -si alguno queda interesado a estas alturas- cierta desazón en mis palabras. Acierta, sin duda. Los estados de ánimo son incapaces de desvanecerse entre palabrerías vanas, y si intentan jugar al escondite siempre habrá mentes lúcidas que lo descubran fácilmente, uno, dos y tres... al bloguero expresss.

Me has pillado.

Todo sigue igual. Tres años después mi BSO sigue siendo hoy más una canción de Mari Trini que de la optimista Vega. Lo lamento. Quisiera contar mejores cosas pero para qué voy a disimular. Y es una de las razones por las que guardo silencio. ¿Para qué publicar más llantos, nuevas decepciones, desesperanzas...? No tienen sentido ya las vacías palabras y los suspiros continuos. Ya no vale la pena sincerarse y mostrarse desnudo. Es mejor callar, y esperar que alguien sea capaz de leer los silencios y de responder a una llamada desesperada.

Lo que yo quiero es cantar ángeles y sonreír en las fotos, sentir que llenan mis abrazos y que otros brazos me cubren, bañarme en el aliento de un amor para siempre y nadar en la mar de los amigos que permanecen. Ser y hacer feliz. Que los sueños se cumplan y ayudar a cumplirlos.

Más de tres años hace ya que abrieron las puertas de este armario, y sigue contando con ropa que no uso dentro junto a otra que no enseño a nadie y otra que muestro y pocos aprecian, prendas con manchas que ni los profesionales son capaz de borrar, vestidos viejos junto a algunas de temporada, complementos imperfectos, calzado incómodo, algunos recuerdos, y unas pocas cosas de valor, un valor entrañable y confortante.

La chaqueta de Enis sigue colgada en la puerta, junto a la foto de un paisaje que ya he desesperado por conocer, junto a la memoria de letras impresas, luego voces y finalmente rostros -permanentes unos, desvanecidos otros- que acabaron plasmados en nuevas imágenes de Manu. Cuando las veo me encuentro sentimientos encontrados, a veces sonrío, a veces suspiro, unas veces duele, otras me sobreviene el llanto. La vida.

En todo este tiempo he querido ser sobre todo dador de cariño, me he esforzado en ello, aunque pueda haber quien hasta se atreva a ponerlo en duda. Quizás porque confundieran aquel "ser tan así" con un ser como a él interesaba que fueras, poniendo más valor en mi respuesta a su forma de ser que aceptando poner respuesta a la mía.

Como buen aficionado a contemporizar, he sido paciente, pero tarde o temprano mi humanidad me puede.    

Me pregunto cuánto más podré. Hasta cuando podré.

De momento ayuda saber que surgen nuevas caras y nuevas voces, que junto a las que no se han ido, mitigan la nostalgia de lo que pudo ser y no fue, de lo que fue y ya no es...

De ello prometo hablar en el próximo post, que habrá de ser más naranja, porque Jagg, Mikgel, Shiquillo y su Gaby me lo han hecho pasar muy bien estos días de fin de semana, en los que inevitablemente mi recuerdo se ha ido también a Valencia por el cumpleaños de Chequebo.

Gracias a todos, felicidades nen, y preparaos para un próximo post, de esos exaustivos en detalles... 

 

4 Mayo 2009

 

Aviso, léase con cuidado el siguiente decálogo pero sin analizar con demasiada atención el desarrollo de cada uno de sus puntos o se corre el riesgo de asumir que cumplirlos es más fácil de lo que en principio se pensaba.  

1.   Mira resignadamente el último peldaño de la escalera del éxito.  Es fácil elaborar cuidadosamente diez razones por las cuales no se puede alcanzar.

2.   Colecciona fracasos amorosos y de todo tipo.

3.   No elabores un concepto de renombre ni de éxito para ti mismo.

4.   Llora permanentemente todas tus miserias y cuéntaselas todas a la mayoría de las personas que conozcas.

5.   Auto acúsate de todo lo negativo.

6.   Siente alegría cuando las corazonadas negativas se hacen realidad.

7.   Piensa que para ti no hay oportunidad, que si la hubo ya la perdiste, que todas las puertas se cerraron y que no hay ninguna salida.

8.   No luches por tus ideales, di siempre "no puedo", que ésta se convierta en tu frase preferida. Repite permanentemente "el éxito no es para mí".

9.   No trabajes, no estudies, no sueñes ni hagas nada, no sientas amor ni pasión, ni interés por nada ni por nadie después de tantas decepciones.

10. Entrégate con furor a las adicciones negativas: comprar compulsivamente, comer con ansiedad, beber en exceso, fumar como un carretero, llévate todo el día tirado en el sofá, etc..

No es difícil poner en práctica el decálogo. Si yo lo he conseguido tú también podrás, sin apenas esfuerzo...  ¡Enhorabuena, por fin serás un total éxito!.. en el fracaso.

Y recibirás el diploma acreditativo en tu propio domicilio, sin coste añadido.

No hay más cursos en preparación.

 

12 Abril 2009

 

Han sido unas buenas vacaciones. Una Semana Santa mucho mejor de lo que esperaba.

Durante muchos años trabajaba durante esta semana. Mientras otros disfrutaban de días de descanso o vacaciones mi trabajo se multiplicaba como le sigue ocurriendo a otros muchos periodistas, trabajadores de hostelería, de limpieza pública, del trasporte público, las fuerzas de seguridad... es lo que tiene Sevilla desde el Viernes de Dolores al Domingo de Resurrección con 60 cofradías recorriendo sus calles, cientos de visitantes que vienen a conocer la fiesta, miles de sevillanos disfrutando de los desfiles procesionales y un millón de personas participando de la Madrugá.

Aunque trabajaba no renunciaba a ciertas costumbres como salir de nazareno, estrenar ropa el Domingo de Ramos, presenciar alguna que otra procesión con amigos o familiares (a veces en determinados puntos en los que sueles ver a las mismas personas de año en año), callejear mucho en busca de los pasos, acompañar a novias o amigas que se vestían de mantilla, o saborear ricos manjares tradicionales de estas fechas.

Cuando dejé de ejercer mis labores profesionales en esa semana con unas gratificantes vacaciones no pude disfrutarlas a causa de la repentina enfermedad y estado posterior de dependencia de mi madre, cuyos cuidados ocuparon buena parte de mi agotadora rutina diaria varios años, hasta su fallecimiento, al que siguieron los posteriores acontecimientos narrados en anteriores Armarios Abiertos.

Desde entonces, se sucedieron los momentos de tristeza, depresión, expectación, ilusión, decepción, mal tiempo, desgana, desamor, falta de ánimo y miedo que protagonizaron las últimas tres semanas con luna de Parasceve.

Este año confieso que estaba preocupado, especialmente teniendo en cuenta el discurrir personal de los meses precedentes. Por primera vez en mucho tiempo parecía que el tiempo meteorológico iba a dar tregua, al menos en el sur, y que podría disfrutarse de una semana con sol y buenas temperaturas.  No me hubiera importado hacer algún viaje, o pasar unos días en la playa, pero no tenía nadie con quien hacerlo y no surgió ninguna invitación. Tampoco recibí visitas, que al fin y al cabo ayudan mucho a salir de la monotonía y la soledad. De modo que tocaba quedarse en casa.

Sin embargo, afortunadamente, quedarse en casa no significó como otras tantas veces, quedarse encerrado. De hecho salí muchísimo mas de lo que podía imaginar. Y lo mejor de todo es que tuve la suerte de hacerlo con buena compañía. Era algo que necesitaba y que he de agradecer enormemente, en especial a Carlitos y Chema, con Adrián y sus otros amigos, a Mikgel, y a Pcj por abrirme las puertas de su casa como otros años. Además he compartido otros buenos momentos con familiares, amigos cercanos y hasta los ya conocidos homófobos favoritos. Y encima recibí llamadas de Chequebo y Alberto o mensajitos de Jagg que siempre son bien recibidos. No se puede pedir más. Gracias a cuantos permanecen cerca.

Que bueno es saber que son mas los que llegan y no se van.

Recoger con mi cámara digital instantes de los desfiles procesionales que presenciaba para colgarlos en Facebook me permitió, a parte de rendir homenaje a cierto manchego, distraerme con el empeño y justificar así salidas de casa para hacer fotos, incluso aunque no quedara con nadie.

Ha sido una semana en la que he cogido cierto color moreno por las muchas horas de sol, ejercité las piernas con tanto caminar, me encontré con gente conocida, vi algún que otro famoso, pasé buenos ratos, disfruté de buena compañía, apenas paré en casa, hice muchiiiiiisimas fotos, cumplí con las tradiciones, me "disfracé" de Domingo de Ramos o de Jueves Santo (a la sevillana, con traje oscuro y corbata), vestí de pijo (para ver salir la cofradía de mi barrio el Lunes Santo o la mía del Miércoles Santo) o con ropa cómoda en otros momentos para hasta sentarse en el suelo si es necesario.

Una semana en la que fui de cervecitas, saboreé torrijas caseras, descubrí que han abierto un Duffin Dagels en Sevilla (y que ricos los donutts, por Diossssssss...), degusté helados y cafelitos en La Alameda en agradable compañía y estupendo ambiente, pestiños de Inés Rosales, chocolate con churros al amanecer del Viernes Santo, muchas ensaladas, tapitas por San Bernardo, y hasta una rica y completísima hamburguesa de La Parrilla de Mama Colores.

Días en la que me hice asiduo del recién inaugurado metro, volvía a pasear por calles del centro que solo transitas en este época del año, tuve la suerte de que se me pararan cerca muchos pasos, recé, me acordé mucho de mi madre y de otras personas que ya no están conmigo o están ausentes, quedé con mi hermano al que hacía mucho tiempo que no veía, y volví a sentirme niño al ver a mis ahijados disfrutar de las procesiones. 

Fue una semana de ver chicos guapos por todas partes, en la que analicé las modas, me sorprendí con el look de Mikgel, envidié el tipazo de Carlitos a pesar de tanta torrija, me reí con las ocurrencias de Chema o Adrián, fue agradable conocer a Cristina, Mari Carmen y Andrés, y quedar con Antonio.

Una semana en la que me emocioné, mis ojos se empañaron, surgieron muchos suspiros, eché de menos, escuché saetas, admiré el recogimiento y el fervor, celebré lo que tiene de fiesta y espectáculo, departí durante la larga espera de la Madrugá con madrileños y gente de Ciudad Real y poco después viví un cierto amago de susto como el de aquella otra del 2000, me libré de las bullas, callejeé bien, fui tan bien acogido como siempre en casa de Pedro, vi la versión de La Pasión de la BBC que emitió Canal Plus, y la retransmisión de procesiones por TV (hasta de Madrid) y escuché las de radio mientras recordaba viejos tiempos, y hasta tuve tiempo de ver mis series habituales que no "se fueron de vacaciones" o alguna que otra peli que aún no había visto (Closer, Invasión, Piratas del caribe. En el fin del mundo, Soy leyenda, No es país para viejos), otras que ya he visto muchas veces (como Ben Hur) y hasta avanzar en las páginas de La sombra del viento.

Encima, trasnoché todos los días. Y dormí bien, e incluso tuve un sueño erótico con alguien que hace mucho que no veo y ya ni leo. Upps, y en esta época.. que cosas, oye.

"Ahí queó" la Semana Santa de 2009.

A ver como sigue discurriendo abril...

4 Abril 2009


Por contar algo, podría deciros que...

Estoy de vacaciones.

Mi estado de ánimo es... templado. Mi vida... tibia.

Mi corazón... sigue asustando. Pero no se asusta.

Mi cabeza... se pierde, demasiado.

Mis ojos... desaguan, se secan, se deslumbran, y se cierran intermitentes. Se dejan engañar. A veces me dejan mirarme bien, las mas mal. Hace ya mucho que no echan miraditas. Y ya no saben a donde mirar. O si merece la pena hacerlo. E imaginan como será cerrarse para siempre... como sería no dejar de querer ver...  

Mis labios se dejan morder por mis dientes, dejan escapar suspiros, sonríen, permanecen serios, y sobre todo echan muchísimo de menos.

Mis oídos se mueven entre los vaivenes de la música y el silencio que imponen la ausencia y la lejanía.

No hay nada nuevo de importancia en mi vida que merezca la pena verdaderamente compartir por aquí. Nada lo suficientemente sobresaliente que contar de mi vida en este diario indiscreto. Al menos nada que sea original o extraordinariamente interesante.

Sigo sin pareja, y con sensación de soledad y de derrota. Salgo poco.  Continúa rondándome el habitual estado de melancolía, y desmotivado, salvo por pequeños detalles de feElicidad repentina que alivian algo la pesada carga de lo doloroso por estar tan vacío. Me acechan días de ansiedad, noches con extrañísimos sueños, astenia primaveral, algo de estrés, incertidumbres y miedos. Contrarrestan con fuerza algunas pocas ilusiones, contadas voces amigas, quizás alguna expectativa extraviada en el tiempo y el espacio, y esperanzas que mas parecen espejismos de barraca de feria.

Enero subió un telón naranja y mostró un escenario que se antojó positivo por poco tiempo. La penumbra cubrió el mes de febrero, con un bajón que hacía mucho no se hacía tan intenso. Quizás por ello marzo conllevó una alteración tal del decorado que me obligó incluso a una revisión de urgencia médica de la que no quise hablar y pocos conocieron. Esta vez fue mas seria de lo normal. Pero también de ella escapé, como abandoné los albores anaranjados, salí de los carnavales con el mismo disfraz de siempre, y renqueé como pude una Cuaresma con mas de ceniza que de miel, salvando la vigilia gracias a la cuadrilla campestre, el amable y viajero repartidor de papeletas de sitio y un poco de imaginación. Lo dulce ha llegado en pequeñas dosis, con la primavera abrileña.

Que buen sabor de boca me dejó la actuación del reparto de La abeja reina, el estreno nacional en Sevilla de una obra que me llamó la atención desde que la vi anunciada por nombres como Verónica Forqué, Miguel Rellán, Marta Fernández Muro... y no erré en la elección. Lo próximo será la revisión del musical de Mecano que llega ¡por fin! a Sevilla.

No me quejo. Los próximos meses parecen interesantes y lleno de posibles y diversas perspectivas culturales muy interesantes. Me apuntaría a todas, pero dudo alcanzar apenas unos pocos objetivos, por no tener con quien cumplirlos y por lo costoso del empeño.

Quizás vea a Paco León en el Lope de Vega. Me encantaría ir al conciertazo en el Olímpico de la copla. Estaría bien ver la Carmen de Salvador Távora. Y no me gustaría perderme ni a Mónica Naranjo en el Auditorio Rocío Jurado, ni la nueva cabalgata del Orgullo que habrá en Sevilla a finales de junio con una Alaska en plan fin de fiesta junto al río.

Vienen también Pitingo con Chambao, Depeche Mode, Bruce Springteen, se anuncia la posible venida de la gira de Enamorados anónimos, ojalá de nuevo la Diputación organice el ciclo del año pasado de música y teatro...  Todas estas actividades culturales me ayudan a sobrellevar los malos ratos, sobre todo si participo de ellas con gente con la que te sientes a gusto, cosa que no siempre en tan fácil de encontrar...

Me hubiera sentido aún más a gusto si hubieran venido amigos a casa por Semana Santa o Feria. Las visitas me ayudan a mitigar la soledad, me entretienen tanto si hay que hacer de cicerone a nuevos visitantes como si es una visita ya repetida, me hacen sentir bien, cómodo, bien acompañado, útil, feliz. Pero este año o ha podido ser. Hubo algún que otro conato, pero se quedó en nada. Tampoco han surgido oportunidades para volver a Madrid u otros destinos.

Afortunadamente la ciudad me quiere un poquito y -quizás para compensar- me hace mimos, como la puesta en marcha de la línea 1 del metro. Que gusto poder decir que he regresado a casa esta noche, a la una y media de la madrugada, en apenas un cuarto de hora desde la catedral, después de coger el tranvía y trasbordar en el metro hasta Viapol.

Venía de echar la noche con un compañero del gremio de escritores, con quien compartí una cervecita haciendo tiempo para ver la primera procesión de la Semana Santa de este año, la del Cristo de la Corona, una cofradía de las llamadas "de vísperas" que recorre los alrededores de la catedral.

Había mucho ambiente por las calles adyacentes al templo metropolitano. Hacía algunos años -desde el fallecimiento de mi madre- que no participaba de una jornada así. La gente tiene ansia porque llegue el Domingo de Ramos, está nerviosa tras cuarenta días de anuncio, preparación y espera. Necesita oler a incienso mezclado con el aroma a azahar, escuchar ya el rachear de las zapatillas de los costaleros o el crujir de la madera del paso y los sonidos musicales que acompañan el andar de los pasos, ver el contraste de luces y sombras que la noche abriga en su lagrimeo de cirios, y dejarse arrastrar por la escenificación y el barroquismo.

La gente tiene tanta gana de bulla que no puede esperar más, el Domingo de Ramos se le hace aún lejano, por eso hasta colapsa la inauguración del metro (que para eso era gratis, y para eso aquí somos mas noveleros que nadie, y sobre todo para eso aquí sabemos hacer de lo bueno lo nuestro, por muchos intentos detractores que haya) o se pasea por el centro histórico en pos de una primera cruz de guía, unos primeros nazarenos y un primer paso, aunque vaya en silencio.

Lo malo de estar todo el mundo en el mismo sitio y a la misma hora es que no dejas de encontrarte con conocidos y es complicado pasar desapercibido. Por eso apenas puedes cruzar unas palabras con tu acompañante sin que te surjan alrededor holas y saludos de compañeros de trabajo, antiguos seguidores de tu labor profesional, conocidos y hasta famosos, al tiempo que atiendes amables llamadas telefónicas como la de Pcj, invitándome a recoger mi abono de visita a su casa, en plena carrera oficial, para toda la semana. Se agradece que se acuerden de uno.

Tras ver la procesión y degustar una rica tapa con cervecita mi acompañante (gay) se marcha y me cito con un destacado miembro del maravilloso grupo de amigos homofobos al que hace tanto que no veo. Me lleva a tomar otra cerveza y cuando pienso que en breve cubriré el expediente y podré volver a casa a estar mucho mas a gusto con mi facebook y mi Cantizano, me obliga a parar en el Groucho, local que nunca había pisado a pesar de conocer su existencia desde hacía mucho y donde casi me ahogo con el olor a humanidad concentrado (sí, los pijos también sudan). Lo peor es que allí se encuentra con ciertos conocidos suyos arquetipo de supermachotes heteros que llevan todo la tarde-noche de marcha con tres mozas de no demasiado buen ver pero con las que esperan acabar en la cama mientras por mensaje o llamadas tranquilizan a sus respectivas consortes de que se retrasarán por motivos de trabajo. Dios, hacía tanto que no me veía en una de estas...

Al final me arrastran a un local superpijo, decorado todo con motivos de los 80. El garito me encantó por su aspecto, y sospeché que haría las delicias de un amplio sector de la comunidad gay mas festivalera y pachanguera del Polanas, si no fuera por la fauna juvenil de traje y corbata, patillas anchas, pelo engominado, chicas de melenas lacias y ropitas de marca, "oseas", diatribas contra el alcalde...el Torrijos...el Garzón..., esos rojos de mierda, discursos homófobos, y demás comentarios tan enriquecedores...

Fue una especie de regresión. Como si hubiera vuelto a lo habitual de cada fin de semana en mi primera juventud, y en la tardía también, de años atrás.

Llegó un momento que no pude mas. El humo del tabaco me agobiaba. El calor también. Cuantos me rodeaban y lo que decían aún más. Se me nubló la vista. Cerré los ojos e imaginé que entraban por la puerta Vulcano, Antinoo, Luigi y su Victor, Mikgel, Shiquillo con su Gaby, Quijote, la panda de Pcj, Dik, Alberto con su novio, Jagg, los valencianos, los vasquitos, los manchegos, Koeps con la trouppe de amigos televisivos de Fran, otros amigos de Madrid, Arrierita acompañada de unas cuantas bollitos, otras tantas mariliendres conocidas, y hasta a Cantizano. Pero al volver a abrirlos no estaban. Ninguno. Así que me despedí atropelladamente y salí suspirando. Y salí a respirar.

Necesitaba contarlo.

Vaya comienzo de mis vacaciones de Semana Santa...

 

 

25 Marzo 2009

Soy animal de costumbres.

No analizo sin son buenas o malas costumbres, simplemente están ahí, convivo con ellas. O ellas conmigo. No las juzgo. Y mucho menos las de otros, excepto que sean tan dañinas que puedan ser perjudiciales para los demás.

Me ha dado por pensar en ellas a raíz de una conversación mantenida hace unos días, durante la estupenda jornada de campo que pasé (y que me vino tan bien, por cierto) con Mikgel, Luigi, Carlitos Sublime, su Chema y Adrián, un amigo muy majo de estos últimos.

Alguno de los presentes preguntó la hora. Contesté sin que coincidiera con la respuesta de otro de los presentes. Al estar algo adelantada respecto al del otro tuve que confesar cómo suelo adelantar un par de minutos mis relojes de muñeca para así tener la seguridad de que no llego tarde a los sitios.

En la actualidad, la puntualidad es un valor cada vez más desconocido por una gran parte de la población. Antiguamente se nos mostraba como una de las principales virtudes de la buena educación, pero hoy día ha quedado en un segundo plano ahogado en una acuciante relativización temporal que solo reclamamos cuando pretendemos llegar en transporte público a los sitios o que nos atiendan en nuestros requerimientos mas o menos perentorios. Hay quien lo tiene como una sana costumbre.

Yo siempre he procurado ser muy puntual. De hecho, siempre llegaba a los puntos de cita con cierta antelación, a pesar de saber -en muchas ocasiones- de la extraordinaria ligereza de un buen número de personas en acudir a tiempo al encuentro conmigo.

Lamento decir que tal virtud se ha ido diluyendo en el tiempo y no soy ya tan puntual como antes. Se me antoja que a mi espíritu diligente interno ya no le corresponde la misma capacidad corporal para responder a las demandas temporales como antes. De forma que si antes hacías las cosas en, digamos, apenas 30 minutos, ahora -casi sin darte cuenta- observas que tardas varios minutos más de lo que solías y querrías.

El problema es que no te ves capaz de asimilarlo, de darte cuenta que hay una sencilla solución a esa rémora de lentitud corporal de la que te vas percatando va en aumento a los veinte respecto a la adolescencia, a los treinta respecto a los dorados años veinte, a los cuarenta respecto a los aún juveniles treinta... No ves que no hay nada más fácil para preverlo, que simplemente empezar a hacer las cosas antes.

Ocurre que tu cerebro no quiere entenderlo, porque sigue fiel a sus/tus costumbres. Y si de siempre te has arreglado en media hora, no consciente/s en añadirle ni cinco minutos mas al asunto por mucho que se/te de/s cuenta de que ya siempre sales por la puerta ya arreglado más tarde que antes. Por no hablar de lo que tardas en hacer un mismo tramo andando...

En fin, esas costumbres siguen ahí, pegaditas a tu ser, se han ido haciendo conforme tu crecías, y desde niño han ido creciendo en número y disposición. Y no quieren cambiar. Están a gusto.

Las hay que de pronto desaparecen de tu lado, sin saber muy bien porqué. En ocasiones porque eran malas copias que llamaron tu atención en otras personas más o menos cercanas y como una moda llegan a ti y como una moda pasajera también se van. Las mas de la veces por hacer sitio a otras nuevas que solapan las anteriores.

Hay costumbres que llevas contigo de toda la vida. Usos habituales que surgen de forma automática y enigmática, y que jamás te planteas prescindir, aunque nunca sepas de verdad como empezaron a rondarte o si son o no buenos ponerlos en práctica.

Me da por mirármelas y descubro una población considerable de ellas, algunas extrañas, otras absurdas, muchas pasables, otras tremendas...

Y siempre bailando en esa delicada línea que separa la costumbre de la manía. ¿Por qué tendremos tantas? ¿Qué oscuridad se encierra tras ellas? ¿Se pueden diferenciar claramente de las costumbres?   

Os confieso algunas de éstas últimas que vienen ahora a mi mente. Igual hay quien vea en ellas manías más que costumbres, quien sabe. Como empezar a vestirme y desvestirme siempre antes por arriba que por abajo, (cuando veo en el gym que no es precisamente lo más habitual), lavarme otra vez las axilas y echarme desodorante si me cambio de ropa aunque la ducha fuera muy reciente (supongo que influye que no soporto oler a sudor en los demás y mucho menos en mi, salvo el que es fruto de la pasión, curioso ¿no?).

Costumbres como levantar todas las persianas de la casa nada mas levantarme de la cama o echarlas antes de que se vaya del todo la luz del día, acudir a mis citas con el WC con alguna lectura, volverme siempre primero hacia el lado izquierdo de la cama para dormir aunque luego cambie de posición para conciliar el sueño, cortarme las uñas de los pies con tijeras y no con un cortauñas, guardar la fruta en la nevera, planchar las camisas antes que el resto de prendas, comerme primero el trozo de tarta y ya luego beberme el café, cantar si estoy dándome un baño y no hacerlo en la ducha, afeitarme con música de fondo, dormir la siesta en la cama o tendido en el sofá pero nunca sentado en el sillón, procurar sentarme en butacas de pasillo en las salas de espectáculos, vestir en todo momento camiseta en la playa o la piscina salvo durante el momento del baño o de secarme tendido al sol (debe estar relacionado con el trauma por mi decadente cuerpo), ocupar la misma casilla del gimnasio...         

Algunas me avergüenzan, quizás por lo ridículas, pero soy incapaz de quitármelas. Como abrir el grifo del lavabo cuando entro al baño en casa ajena o comparto habitación de hotel, para que no se oigan los ruidos naturales del ser humano en la miseria de su intimidad...        

Hay otras costumbres que vienen de la mano de nuevos soportes técnicos y adelantos de la inventiva o el descubrimiento humano que se hacen fuertes de manera rápida en torno a nuestra vida diaria, y entre los que sobresalen el televisor y el ordenador.

Siempre recuerdo llegar a casa y poner la televisión, aunque no se viera. Aunque reconozco que me resulta fácil quitarla si voy a hacer otra cosa.          

Por otra parte, suelo andar con mi PC portátil siempre cerca (en ocasiones en el baño o la cocina, pero sobre todo en el salón o la sala de estar), casi siempre encendido, aunque en ese momento lea alguna cosa, vea algo de televisión o me disponga a cenar, por ejemplo. A veces, conectado al Messenger y últimamente más al Facebook, otras simplemente con la página de inicio (siempre Google) abierta. Una costumbre como otra cualquiera. Como la de encender varios aparatos de radio por toda la casa al levantarme mientras ando de aquí para allá vistiéndome, recogiendo, desayunando... mientras escucho la SER (excepto cuando tengo visita en casa, claro).

Hay otras costumbres caprichosas, como mantener una conversación telefónica -por el aparato inalámbrico o el teléfono móvil- dando vueltas por las habitaciones de la casa. Antes, cuando la señal llegaba a una terminal fija, recuerdo que durante la charla no podía evitar ir siguiendo con el dedo los rebordes de las cosas o el dibujo de las figuras geométricas del papel pintado de la pared.

En la piscina hago la respiración cada cinco brazadas, salvo que esté tan agotado que apenas pueda ya coger aire para dar tres. Y si nado de espalda siempre cuento las brazadas mientras los pensamientos van de aquí a allá con sus cosas... mis cosas...     

En fin, para no faltar a mi costumbre he escrito el post un poco largo. Pero ver que otras veces soy capaz de hacerlo mas breve me resulta esperanzador, me hace pensar que uno también es capaz de desacostumbrarse. Como nada me impide obviar esas costumbres ni me desespera no seguirlas al pie de la letra. Ojalá fuera mas fácil hacerlo con aspectos de la vida menos dañinos para uno mismo.  

Habrá quien al leer esto haya pensado que soy un friki y otros a los que les habrá sido inevitable pensar en sus propias costumbres e incluso manías. Todos las tenemos, compartidas, parecidas, similares, distintas...

Las hay, ¡tantas costumbres!... y ¡tan tontas...! aunque las haya que pareciera que sin hacerlas tengas la sensación de que te falta algo...se te hiciera distinto el mundo... tu mundo...

 

Sobre EL ARMARIO ABIERTO

El ejemplo de algunos me han hecho ver que otra vida es posible. Aunque me resulte difícil encontrarla continúo mi búsqueda. Con la esperanza de llegar a ser algún día tan feliz como ellos. Para empezar, nada mejor que dejarnos llevar hacia donde el corazón nos lleve. Y abrir las puertas de cualquiera de nuestros armarios. Sois ya los que os asomáis a este...
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