No guardaba ninguna prenda en este armario desde el Día de los enamorados. Y no, aunque algunos lectores (si es que a estas alturas puedo utilizar el plural), como el amigo Fernando, pudieran pensar que la ausencia se debía precisamente a un estado de enamoramiento transitorio o progresivo que me tuviera entretenido, lamento confesar -con tristeza- que no hay nada de eso.

La pertinaz sequía de amor y sexo continua, pues, agravándose en el tiempo y en las desesperanzas. Aunque reconozco que el trabajo, salir con los amigos, recibir visitas y hacer excursiones han ayudado bastante a relativizar los estados de soledad habituales. Idas y venidas en las que me apoyo para poder sortear mejor la sensación de vacío.

Entre tanto,  pasó desapercibido el cumpleblog (4 años ya) y me apena comprobar cómo le cuesta sobrevivir en medio de la que es una auténtica decadencia bloguera frente a la exaltación de nuevas redes sociales, más inmediatas pero menos profundas.

¿Cómo expresar en unas breve líneas de estado los hilos de nuestro pensamiento? Solo un buen post es capaz de entretejer con éxito el tapiz desarrollado en sentimientos, emociones y deseos que las palabras encierran.

El de hoy os lo presento con colores vivos, claros, en tonos pastel y llenos de luz. Se alejó por fin el duro invierno y la incierta primavera se descubrió coqueta entre cielos azules y temperaturas más llevaderas. Lo más importante es que floreció en amistad y buena compañía.

 

La frontera entre febrero y marzo llegó a Andalucía con su tradicional puente festivo que aproveché con Mikgel para recorrer las tierras de Jaén. Tenía curiosidad por conocer de cerca lugares tan interesantes como Úbeda, Baeza o la misma capital, de las que tanto había oído hablar, y de recrear la vista en paisajes de olivos plantados hasta romper el horizonte con un beso a las sierras.

Además, es la provincia andaluza en la que nació Orlando, y en la que dieron sus primeros pasos blogueros como Castigador, Luis M, Juanse o Rubén.    

Me gustó el viaje. Fue agradable recorrer las calles de Baeza, Úbeda y Jaén, revivir su pasado, conocer su historia, visitar sus monumentos, degustar su gastronomía, e impresionarme con sus paisajes. En el anecdotario quedan el saludo inesperado de un chico guapísimo que debió confundirme con algún conocido suyo, las abuelas de pueblo que mandan en las iglesias más que el cura y proponen trabajos de priostía al primero que llega, y la sorprendente aparición de modennas en pleno Jaén.

Poco a poco se fue despidiendo el tiempo desapacible y llegaron los días de contraste térmico. Ahora hace frío y me abrigo... ahora calor y me sobra todo... Y claro, con tanto descontrol aparece el consiguiente y fastidioso catarro, que me ronda desde hace días y se empeña en quedarse. Al menos la primavera no alerta en mí ninguna incómoda alergia.

Lo que si me ha traído es la visita de buenos amigos llegados desde Valencia y desde La Mancha, amigos como  Chequebo, acompañado de su chico, y los miguelturris Juan Carlos y Miguel, a los que Pensión Casa Manu acogió con suculentas viandas típicas andaluzas de bienvenida. A los cuatro les agradezco enormemente su compañía.

Para Chequebo y Alf era -en vísperas de la Semana Santa- su primera visita a Sevilla, por lo que me esforcé por lograr que en los pocos días que estuvieran aquí pudieran disfrutar de lo mejor de la ciudad.  Pocos lugares de interés les quedaron por visitar y no les faltaron cositas buenas y típicas para comer. Además, junto a Tomás y Víctor "alamedamos" (lo que viene a ser "chuequear" en Madrid).

Creo que se fueron satisfechos, y espero que no tarden en volver. Por mi parte, acogí con satisfacción el detalle con el que me obsequiaron a su llegada, un blusón y pañuelo típicos valencianos que espero estrenar allí en las Fallas del próximo año.

Por su parte, los manchegos ya conocían Sevilla, aunque sospecho que aún les queda buena parte de la ciudad por descubrir. En realidad su venida se enmarcaba en el deseo de conocer la Semana Santa de Sevilla y sobre todo su célebre "madruga" que compartimos con Carlitos Sublime y su Chema. Creo que logré hacerles llegar la esencia más importante de estos días, el espíritu de una fiesta universal que los sevillanos hacen suya, con sus contrastes, sus silencios y alborozos, su luz, su color, sus aromas, su gentío, y en la que fluyen sin cesar las emociones y los sentimientos. Pocas cosas habrá más alejadas de la monotonía, aunque sólo sean capaces de verla los cabales...

Es una pena que tanto andar hiciera penitente mella en sus pies, hasta tal punto que se vieran obligados a no poder seguir disfrutando de su estancia y tuvieran que anticipar su regreso. Queda, pues, pendiente para otra ocasión, espero.

Curiosamente, al disponernos a llegar a la estación del AVE, nos encontramos con Shiquillo y su Gaby, a los que tuve ocasión de presentar antes de su marcha. Con ellos, con Pcj (que me invitó amablemente a una representación de la ópera Turandot), con Mikgel y Jagg, con los que compartí actividades culturales, ratitos de café o cenas, y los ya mencionados Tomás, Víctor, Carlos y Chema, junto a Adrián, he compartido afortunadamente buenos ratos durante las últimas semanas que han hecho más llevaderas las carencias que no cesan. A ello contribuyen, también, amigos como Alberto, Koeps, Antonio o Vulcano, entre otros, a quienes puedo sentir más cerca gracias al teléfono o el ordenador.

Con un poco de temor encaro el resto de la primavera, sin planes aún para el verano, con la esperanza de recuperar los hábitos de ejercicio y dieta sana, esperando nuevas idas y venidas, sin ya más visitas anunciadas, con la incertidumbre de si en torno mío vencerá en su pugna la soledad o la compañía, consciente de una invisibilidad cada vez más evidente, cuando mis ojos no hacen más que fijarse en lo que este tiempo ya desvela, y que tanto me altera...