Los días que debían venir ya se han ido. Y han sido días inciertos.

Tras la breve pero intensa escapada a Madrid de primeros de enero -en la que uno es más lo que quisiera ser que lo que es- volver a la realidad de la vida -que no es como debería ser- me ocasionó  algunas jornadas de "saudade".

Quizás por eso he tenido los sentimientos a flor de piel.

Han sido días de emoción fácil, demasiado fácil, con finales de pelis o páginas de libros con los que dejar escapar lágrimas, sueños inesperados que al despertar producen desasosiego, charlas que te llegan dentro, voces que se acomodan en el alma, versos que te remueven por dentro, y recuerdos que no cesan en pellizcar los rotos de un corazón que disimula esperanzas.

Gracias a Sonia ya cuento con Piedras en mi colección de DVDs. La carta de Leire, que no hace mucho entró a formar parte de las prendas que cuelgan de las perchas más íntimas de este armario, volvió a emocionarme. Curiosamente he visto poco después 21 centímetros y sigo sin explicarme como se le pudo ir a Ramón Salazar la pinza de aquella manera en su segundo filme.

Además de con Piedras, me he emocionado mucho con el libro que me regaló Jagg por mi cumpleaños, El arte de conducir bajo la lluvia. Hacía mucho que no lloraba tanto al leer un libro. Me gustó saber que también le ha embargado al guapísimo churri del guapísimo Koepps (seguro que a partir de ahora verá en los ojos de Lucas cosas que antes le pasaban desapercibidas). Por mi parte, si algún día tengo perro le llamaré Enzo.

La emoción me rondó también con la representación de la obra La vida por delante, con mi adorada Concha Velasco y la actuación del atractivo Rubén de Eguía en una historia tierna que me trajo inevitables recuerdos de mi faceta como cuidador de un ser querido.

En el capítulo de emociones, habría que sumar varias canciones descubiertas gracias a Javier Sánchez (guardadas celosamente en Spotify), la impresionante voz de Pasión Vega (la primera vez que la veía en concierto, en directo, ha sido increible), la fantasía de Avatar en 3D, propuestas amigas para vernos en Madrid, impulsos para dirigir mis pasos hacia la buena gente castellano-manchega, las voces de amigos como Alberto, Sergio, Fran o Juanjo y recuperar algunas de las fotos que en el 2009 me hice con ellos para una de las aplicaciones del "feisbu", las historias de varias películas sobre amores homosexuales -con final feliz- regalo de Sonia, la historia de El cónsul de Sodoma (sobre todo su final), los poemas de Gil de Biedma, y los versos de un amigo de Vulcano tan directos y tan cercanos...

Probablemente un reiterado estado del tiempo gris, frio y plomizo, cansino de nubes, sumado a una cierta astenia invernal, no ayudó a levantar los ánimos y me tuvo sin fuerzas para ir al gym con constancia. La dejadez me invadió hasta en una crecida barba y en cierto descontrol alimentario, de los que salí a duras penas con decidido afeitado y algo de dieta. Ahora me debato entre cortarme o no el pelo.

Para evitar la espiral de gran siesta vespertina e insomnio nocturno a la que me vi arrastrado, apenas logré echar a andar con largos y solitarios paseos en los que no dejé de cruzarme con rostros que atraen, cuerpos que deseo, parejas que envidio, edades que no vuelven, arrugas que asustan, y miradas que no son devueltas. Todo ello acompañado de recuerdos, y más recuerdos, de pensamientos -ora de ida y vuelta, ora de largo hospedaje- y de las carencias y desesperanzas de siempre, y que parecen estar haciendo mella en mi reverso onírico.

Afortunadamente hubo también oasis de muchas risas, como con la zarzuela Los sobrinos del Capitán Grant, de sonrisas provocadas por la lectura de Maldito Karma, regalo de cumpleaños de Carlitos, y de buenos ratos en compañía de Juan Ángel y Mikgel, quien ahora ya entiende -por cierto- mi tirón para dar con atractivos camareros (las dos últimas adquisiciones en La Vinatería de San Telmo, que está a punto de convertirse en el Trajano de tapeo, y en el pub del EME, donde me sentí muy Carrie con mi copa de cosmopolitan en la mano. Estoy por hacer un ranking).

La "saudade" ha sacudido fuerte. El tsunami emocional también. ¿Seré "in"? Ahora mismo me siento "out". Quizás empty, no sé.

El caso es que todo ello se refleja al cerrar los ojos. Y me despierto con la carga de sueños extraños. En ellos, con frecuencia, me reconforta la presencia de mi madre. Otras son historias confusas y rocambolescas que no hay quien entienda. A menudo con protagonistas inesperadosy situaciones comprometidas ¡hasta con sorprendentes conocidos ! Muchas veces los protagonistas son afectos y amores de los que carezco. Hasta eróticos asoman. Hay de todo, persecuciones, estados de felicidad, historias paralelas...

Uno de los últimos sueños me trajo uno de los mejores besos que recuerde, y me lo daba Orlando. A estas alturas me pregunto ¿a qué viene esto? Apostaría que cierta conversación con Antonio sobre los amores pasados haya influido en ello. Es lo que tiene ser tan celeste. La cuestión está en lograr pasar del celeste de Murillo al de Ouka Lele.  

Orlando no es siempre el galán protagonista, otras veces experimento y siento un amor desconocido, y hasta rozo lo pandémico. Son sueños vividos con gran intensidad, fantasías o reflejos dorados cuyo recuerdo permanece bastante rato al despertar. Y en época de altibajos emocionales se acrecientan.

Alberto me acaba de decir que seguramente este tipo de sueños no hacen más que dejar patente aquello que me falta. Es probable. Solo puedo decir que, con frecuencia, al despertar no puedo evitar sentir... que preferiría seguir dormido.