Queridos Reyes Magos,

     hace pocas horas  me acerqué a veros con los mismos nervios e ilusión de cada tarde de 5 de enero, aunque sean ya más de cuarenta repitiendo el rito y ya no tenga cerca las manos de mis padres para llevarme a vuestro encuentro, como cuando era pequeñín.

     Crecí en la escuela de vuestra magia y poder, quizás por eso el roce de su cariño no dejó nunca de resultar una caricia alentadora. Se hizo seguridad durante mi infancia, apoyo siendo adolescente y también durante la juventud, y acabó lleno de ternura en su vejez.

     Era aún niño cuando dejé de tener el tacto de una de esas manos. Pero la otra apretó por las dos y duró muchos años para guiarme. Con el tiempo, las manos, ya muy arrugaditas, quedaron sin fuerzas y tuve que ser yo quien, con las mías, apretara las suyas para transmitir el mismo amor de siempre que yo recibí de su parte, para luego empujar la silla de ruedas en la que descansaban los años ajados por la enfermedad.

      Hasta que un día quedé sin manos que asir.

     Pero el roce de tantos años hace huella y, aunque el peso de la ausencia se haga en días como el de hoy un poco más duro de sobrellevar, hace inevitable que viva con enorme satisfacción esta tarde cargada de ilusión y un día como el de mañana lleno de felicidad.  

     Por eso me revisto con túnica de ternura, capa de inocencia, guantes de generosidad y me lanzo a seguiros coronado de ilusión, a formar parte del cortejo como espectador, gritando ¡aquí, aquí! para que me tiréis caramelos, gusanitos, gominolas o peluchitos, luchando por coger cuantos más mejor, dando saltos con la música pachanguera de las bandas que acompañan las carrozas, admirando el diseño de las nuevas y reconociendo el de las veteranas de cabalgatas anteriores, sin parar de sonreír, por dentro y por fuera, tan niño como siempre, tan niño como antes...

     Luego regreso a casa, con los bolsillos abultados, llenos de todas las golosinas que he sido capaz de pillar, y por el camino observo la carita de los pequeños que me rodean, nerviosos por los regalos que en pocas horas le dejarán Sus Majestades,  y observo también la de sus padres, con ojillos infantiles aunque los quieran disimular.

     Me entra, entonces, la nostalgia de una infancia más sencilla y feliz, junto al recuerdo de unos buenos padres "Cuéntame" y unos años que ya no vuelven... salvo éste día, porque nunca se va del todo, hasta que nos vamos para siempre.         

     Queridos Melchor, Gaspar y Baltasar, gracias por dejar éste espíritu en mí. Gracias por permitirme trasmitirlo. Por contar con personas a mi alrededor que lo entienden y lo comparten. Por poder tener detalles con los amigos (por muy tontos que sean, los detalles no los amigos), hacer regalos a la gente que quiero (no importa el valor sino lo que representan), y recibir como presentes su cariño y su recuerdo.  

     No os emocionéis demasiado esta noche en los hospitales, aunque sé que os resultará difícil. Sed fuertes para soportar el dolor que no podéis curar, las situaciones complicadas que no podéis arreglar y las peticiones que no podáis atender. Confío en que intentaréis ayudar en la medida de vuestras posibilidades.

     Repartid sobre todo mucha salud. Sabéis en todos los que estoy pensando, a ver si podéis echar una manita...  aprovecho para daros las gracias por conservarme sanote, por la mejoría en la depresión de quien ya sabéis, y porque todo saliera bien en el parto familiar.

    Debí ser un niño muy bueno porque recibí muchos regalos y me disteis un año cargadito de amigos, viajes, y buenos momentos. Gracias por todo lo bueno que me ha pasado, y porque lo malo que también ha habido no haya sido demasiado grave. Os agradezco sobre todo la amistad de cuantos tengo en mi corazón, en la agenda de mi teléfono móvil, y en mi lista de agregados a Facebook, jajaja.

     Igual para conseguir pareja tengo que ser un poquito más malote ¿no?, ejem, ya me entendéis... en todo caso os pediría que lo tuvierais en cuenta, porque el peso de la soledad se me hace cada vez más difícil de sobrellevar, sobre todo cuando ves a tu alrededor como surgen las parejas y uno sigue sin nadie a su lado, por muy bueno que se esfuerce en ser...

Para mí, a parte de buena salud y un poquito de suerte, poco más puedo pedir.

Para los demás... concededle aquello que más necesiten, aunque no se atrevan a solicitároslo, y aquello que nunca os pedirían pero les va a venir bien. Pero, sobre todo aquello que con ilusión os pidan.

Ah, yo por mi parte os pediría otra cosa: no dejar de sentirme como en este momento, o lo que viene a ser lo mismo, no dejar de ser muuuu shicoooo...

No os entretengo más, que se que tenéis la noche muy liada.

Feliz Noche de Reyes a todos.

Pd: El primer regalo me acaba de llegar, de parte de Jagg: un libro cargado de sonrisas. A ver que más viene, ¡ay, que nervios!...