Es de noche, y estamos, sí, en otoño. Las hojas de una época se caen y se prepara el crecimiento de la semilla de una nueva.

Son palabras de María Zambrano, recogidas en una película que sobre su figura filmó en 2004 José Luis García Sánchez y que conservaba entre mi colección de DVDs aún sin ver. La compré a un precio irrisorio hace ya tiempo en una de esas promociones con las que los almacenes intentan quitarse de en medio stocks de productos con ya muy difícil salida.

Me llamó la atención que el guión lo firmaba Rafael Azcona, y sobre todo que el largometraje sirviera para acercarnos a esa gran pensadora -demasiado desconocida para muchos- que fue la andaluza María Zambrano, Premio Príncipe de Asturias de Humanidades en 1981 y Premio Cervantes en 1988. Una mujer que, sin duda,  merece ser considerada como figura clave para la cultura hispánica.

Fue discípula de Ortega y Gasset, de Zubiri y de García Morente, y se la considera una gran filósofa que destaca por la utilización metafórica de muchos de los grandes símbolos tradicionales que la lleva a la formulación de conceptos como el de «la razón poética», uno de los núcleos fundamentales de su pensamiento. María Zambrano propone la creación de la persona a partir de una metodología articulada en torno a esa razón poética. Ser mirado sin ver, abrumado ante una realidad que permanece oculta; para ella, el ser humano, tiene la capacidad de ver a su alrededor, aunque no a sí mismo.

En mi caso es taaaaan auténtico...

Todos nos preguntamos sobre el sentido de la vida y la muerte, sobre la justicia y la libertad... Todo el mundo debería ser capaz de razonar y organizar sus ideas. Y eso es lo único que requiere la filosofía: unas preguntas y un método. Pero suele suceder que solo con nombrarla ya nos transportamos a un plomizo estado de aburrimiento y desinterés. O simplemente huimos de ella. 

Recuerdo que en mis años de instituto la filosofía resultaba una de las asignaturas más pesadas. Supongo que no habrá cambiado mucho la cosa.

Personalmente no soy de los que se entusiasman ante temas tan profundos. Confieso que me aburren soberanamente esos libros sobrecargados de texto que hablan sobre supuestos filosóficos, políticos, sociológicos, etc. Huyo sobre todo de los ensayos. Siento ser tan poco intelectual.

Quizás por eso, en mi afán por conocer y descubrir, soy asiduo a echar mano de lo audiovisual si lo puramente textual me supera o sencillamente no me siento preparado para tratarlo como se merece.

Pondré un ejemplo algo frívolo que sirva para entenderlo. Hasta este verano, no había leído ninguno de los libros de Harry Potter y sin embargo había visto todas sus películas (de hecho tengo las cinco primeras en mi colección de DVDs en espera de que salga la última).

Conocía, por tanto, de sobra las obras y milagros de los protagonistas de esta saga literaria, pero lo sabía sin haber leído ninguna de sus novelas. Y de repente, en apenas dos meses, me leí de corrido los cinco tomos de J.K. Rowling porque, simplemente, había llegado su momento.

Sí, para mi los libros (como dice Jagg) tienen su momento. Bueno los libros, los viajes, las series, los cursos, las personas, las películas... todo tiene su momento. Llega a nosotros cuando tiene que llegar.

A veces somos capaces de esperar pacientes y otras forzamos la situación, pero el resultado final de éxito o fracaso dependerá simplemente de si era o no el momento adecuado para que se produjera el encuentro, natural o empujado.

Los amigos momentos...

Otro ejemplo. Hasta hace muy poco no me empujé hacia Saramago. Nuestra primera cita me sorprendió grata e inesperadamente con un castillo de fuegos artificiales iluminando mi propia ceguera. Y hasta a un ensayo suyo sucumbí.

No se si acabaré abrazando al nobel portugués como a mi adorado Benedetti, pero eso solo el tiempo lo dirá. Entre tanto, necesito otros muchos empujones, hacia autores como Auster, Bucay, Cortazar, Delibes, Etxebarria, Faulkner, Gala, Izaguirre... por citar solo algunos ejemplos, de los más variados que el abecedario pueda nominar o apellidar desde la A y hasta la Z... de Zambrano.

Sabía de ella, aunque apenas hubiera leído algo de su obra. Me acerque a María Zambrano como a tantos otros, simplemente por curiosidad, por afán de conocimiento, porque me gusta saber sobre las cosas y sobre las gentes.

Desde los personajes más importantes de la Historia hasta los más sencillos desconocidos pueden encerrar en sus vidas algo de interés.

En el caso de la filósofa, su estampa -ya anciana- me enterneció al verla un día en alguna enciclopedia, mientras me acercaba por casualidad a su pensamiento, su realidad de exiliada republicana y su destacada labor como mujer intelectual de la España del siglo XX.

Retazos de su razón poética me conmovieron. Y sin necesidad de caer en la obligación de una lectura que igual se me atravesaba, empecé a conocerla un poquito más, como me ha ocurrido con tantas y tantas otras figuras de la historia de la humanidad.

En multitud de ocasiones la imagen ha prologado un encuentro literario posterior. Como me ocurrió con Blasco Ibáñez o Pérez Galdós hace ya tanto tiempo. Series de TVE como Cañas y barro, La barraca, o Fortunata y Jacinta me los dieron a conocer y con el tiempo mis ojos infantiles o cargados de adolescencia se dejaron atrapar por las páginas de sus libros, llegados su momento.

Las amigas series...  

Los amigos libros...  

Mientras llega el momento adecuado de la filósofa, el filme María querida me ha acercado un poquito más a Zambrano. No es una gran película. Muchos la considerarían aburrida o simplemente mala, y seguramente desconocida. Es un ejemplo de esas producciones subvencionadas que luego apenas nadie va a ver al cine, si es que tiene la suerte de ser estrenada. Pero no hay que dejarse engañar, porque entre ellas las hay de todo tipo, y a veces incluso se esconden joyas que solo un minoritario público tiene la fortuna de identificar.

A mi estas películas me resultan interesantes. Por supuesto, en su mayoría, carecen totalmente del más mínimo sentido del espectáculo tan necesario para disfrutar de una buena sesión en el cine, sea cual sea la temática a tratar. Pero vistas en la intimidad del hogar, en el momento adecuado, pueden aportar mucho. Como uno de esos programas de TV (un Documentos TV de la 2, un Retratos de Canal Sur o una buena entrevista cualquiera) sobre aspectos de la historia del ser humano rodado en soporte cinematográfico.

En este caso me servía para conocer un poquito más la figura de María Zambrano (interpretada magníficamente por Pilar Bardem) y repasar interesantes aspectos de la vida intelectual española del siglo pasado.

Lo confieso soy un fan del NO-DO. La nostalgia me puede.

Los amigos recuerdos...

Durante una de las largas, solitarias, y en exceso calurosas jornadas del puente del Pilar de este año, tras haber pasado por el cine para ver Ágora de Amenabar (buena sin llega a emocionar, pero excelente como denuncia del fanatismo y la intolerancia), tras muchos ratos ante el PC blogueando, facebookeando, o viendo películas tan dispares como District 9 o Fuga de cerebros, y series tan divertidas como Glee (descubierta gracias a Miguel) me vi a mismo delante de las numerosas carátulas que conforman mi colección de DVDs en busca de uno de esos momentos por llegar.

Las amigas películas...

Y sucedió que me dio por visionar el citado largometraje María querida. Y entre las muchas palabras que la voz de la Bardem ponía en boca de Zambrano aletearon unas dedicadas frases sobre la amistad que me cautivaron: 

"Más que nunca es hoy necesario vivir juntos los amigos, en una pequeña comunidad, en un rincón de la naturaleza en compañía de las cosas, de algunos animales y de las personas. Pues la amistad es lo único que preserva el hilo de oro del corazón. Y solo ella y solo él nos dejan aflorar nuestra alma en el mundo, en la tierra.

Yo no estaría en silencio, sin publicar nada años y años, sin que me importase nada más que escribir lo que tengo que escribir. Existir solo para mis amigos y para quien con el corazón abierto se presente.

Es de noche, y estamos, sí, en otoño. Las hojas de una época se caen y se prepara el crecimiento de la semilla de una nueva.

Y veo un nuevo mundo de una aurora que no será nuevo, ni mundo, ni aurora, si no se recoge el hilo de oro que solo se transmite con la amistad".

Las amigas frases...

Frescas aún en mi memoria, vinieron a cuento esas palabras en plena sesión de Facebookterapia mantenida con Carlitos Sublime. Me vino bien la charla en uno de esos largos puentes de días encadenados en soledad y en silencio.

Afortunadamente las dos semanas anteriores la rutina de vacío se había roto con la ayuda de Mikgel, con quien disfruté de la Exposición Máquinas de mirar en La Cartuja, un rato de charla en el Café Egoísta, y una sesión en el cine Alameda viendo la muy entretenida película Gordos. Y con la ayuda, también, de Pcj o CRAZY, a los que hacía mucho que no veía y con quienes posteriormente compartimos una agradable y divertida cena en Il Forno.

Días después, celebrábamos el cumpleaños de Mikgel. Hubiera sido una estupenda ocasión para que se reunieran todos los componentes de aquella chupipandi crecida hace tres años en torno al hoy decadente mundo de los blogs, pero es una tarea harto difícil, por no decir ya imposible. No pudieron venir los Pedros, Dik, ni Quijote (más de un año ya sin verlo), pero al menos sirvió para pasar una tarde agradable con Shiquillo y su Gaby, cafeteando en el Louvre, encontrándonos con una de esas procesiones de gloria tan típicas de la Sevilla de otoño, y cenando las tapas que nos servía una simpática y pintoresca rusa en La Estrecha de San Marcos, sumándose luego Carlitos y su Chema, con quienes confraternizamos en un par de locales de La Alameda en una noche que agradecí poder compartir con todos ellos.

Si no fuera por ratitos como estos... a los que hay que sumar llamadas, mensajes, correos, y charlas de Messenguer de otros amigos como Alberto, Chequebo, Jagg, Fran, Fernando, o los comentarios de los contactos del Facebook.

Los amigos amigos...     

Entre todos trenzan un hilo de oro que igual está algo desgastado, como deshilachado. Mucho más débil que antaño, cuando todo parecía oropel. Y, claro, así es complicado que surza bien.

Aunque los amigos momentos, las amigas series, las amigas películas, los amigos recuerdos, los amigos libros, y las amigas frases, ayuden a sobrellevar las largas jornadas de costura en la vida, son por encima de todo los amigos amigos los que permiten que el hilo no se rompa, aunque siempre hay alguno que advierte cómo su cosido hoy día parece más triste y ajado, por mucho que yo intente disimularlo con bordado.

Es probable que los ojos estén cansados y por eso cueste tanto ensartarlo. Tal vez sea culpa de la falta de un buen dedal que empuje. Quizás no funcione bien el bastidor sobre el que apoyarme al coser. Puede que la aguja no sea buena. O simplemente ocurra que la mano ya no tenga fuerzas.

Solo tengo claro que no quiero acabar haciendo el traje del emperador.

Por el contrario, ansío lograr la capacidad de ser mirado y aprender a ver a un tiempo, desvelando una realidad que deje de estar oculta. Y ver no solo a mi alrededor, sino también a mí mismo.

Ojalá pueda seguir contando con amigos que preserven el hilo de oro del corazón y me permitan aflorar el alma al mundo y a la tierra. Existir solo para los amigos y para quien con el corazón abierto se presente.

Aunque apenas lo parezca por el calor que en éste mediados de octubre  hace por tierras andaluzas... es de noche, y estamos, sí, en otoño. Caen las hojas de una época, y se prepara el crecimiento de la semilla de una nueva.

Soy testigo de un nuevo mundo, de una aurora, sin saber cómo será ese nuevo mundo y cómo será la aurora que lo anuncie.

Solo sé, como aprendí de la razón poética de María Zambrano, que no será nuevo, ni mundo, ni aurora, si no se recoge el hilo de oro que solo se transmite con la amistad. 

   

A los amigos que tuve. A los amigos que tengo. A los amigos que espero tener...