
Me hizo mucha gracia un comentario que Luigi me dejó en el Facebook cuando anuncié allí que pasaría el pasado fin de semana en Granada. "Anda que te vas a quedar tú quieto..." me suelta. Y cuanta razón tenía, sobre todo teniendo en cuenta que en julio ya había pasado por Madrid, Valencia y Gran Canaria.
A cuantos me lean desde hace tiempo (que no se si quedará ya alguno, teniendo en cuenta los poquísimos comentarios que me rondan ahora) no les resultará nada extraño esta afición mía por viajar. Recuerdo, incluso, que dediqué un post en mis inicios del blog, a esta afición mía viajera.
No lo puedo negar, me gusta. Me apasiona conocer sitios, probar cosas nuevas, hacer fotos, ver gente... Pero no se trata solo de descubrir nuevos lugares o aventurarme con personas que apenas conoces, sino de repetir la experiencia si el primer encuentro da frutos positivos. Y además me sirve para luchar contra la soledad.
Ese es el motivo por el cual aprovecho toda oportunidad que me surge para hacer kilómetros y compartir buenos momentos con amigos en lugares con encanto. Justo lo que sucedió el pasado finde.
Aunque no hacía mucho que estuve con Jagg (durante su paso por Sevilla para examinarse) y en el reciente Orgullo tuve ocasión de estar con Alberto y Antonio, el hecho de que estos últimos decidieran pasar unos días en la ciudad donde reside el primero me sirvió de excusa para hacer una visita a la hermosa Granada y así verlos a los tres y pasar unos días fuera de Sevilla.
Parece mentira que sean los amigos que viven a muchos kilómetros de Sevilla los que más se preocupen por mantener el contacto, pero así sucede. Las llamadas más frecuentes que recibo y devuelvo son de Chequebo (Valencia), Alberto (Zaragoza), Juanjo (Canarias) y Koeps (Madrid), y la última que he tenido, precisamente, me ha venido de Miguel (Ciudad Real). Además, quien más se anima a quedar, aunque solo sea para dar una vuelta cuando viene por Sevilla, es el onubense Mikgel. Como comprenderéis, es normal que uno se interese por verlos las más veces posibles.
Por eso, cuando Alberto y Antonio me comentaron que pasarían por Granada, inmediatamente pensé en acercarme para estar con ellos. Entre otras cosas porque hacía poco del cumpleaños de Alberto y quería tener un detalle con él. Además uno nunca sabe cuando podrá volver a verlos, así que hay que aprovechar estas ocasiones.
Coincidía, asimismo, que eligieron Granada, ciudad donde vive Jagg. Y me pareció estupendo animarle a salir un poco de su rutina con mi posible visita. De modo que al comentárselo y ser amablemente invitado a pernoctar en su casa no me lo pensé dos veces y saqué billete de autobús para el viernes de la semana pasada.
Me fui directamente desde el curro al bús y en apenas tres horas llegué a Granada, una ciudad que me encanta, por cierto, y me apetecía volver a ver. Gracias a algo de música, la lectura del Giraldillo y de nuevos capítulos de la segunda novela de Harry Potter (saga a la que acabo de engancharme), a pesar de cierto retraso, se hizo el viaje menos pesado.
Jagg me esperaba en la estación, y desde allí nos dirigimos a su casa, no muy lejos de la misma, donde amablemente me dejó hospedarme. Se empeñó en cederme su cama (más grande) para dormir en vez de alojarme en la pequeña de la habitación de invitados, cosa que me incomodó un poquito, pero no hubo forma de convencerle. El niño es así de desprendido. Pero no hay que ser tan así hombre...
La casa tenía muy buena pinta, y solo tenía la pega de estar algo retirada del centro, pero por lo demás está muy bien. Allí compartimos helado y vimos, nada más llegar, la peli de Crepúsculo que él debía devolver al videoclub (sí, los videoclubs por lo visto aún existen) aquel mismo día, y que yo tampoco había visto. Pasable. Salvo el prota, que a mi me dio muchísimo morbo, y que recordaba perfectamente de la peli de Harry Potter.
En cuanto acabó la película, nos dimos una duchita rápida, nos arreglamos, y a quedar con los mañicos.
Me encantó volver a recorrer las calles de Granada. Aunque esta vez la sensación era distinta. Las anteriores veces que estuve por allí mi vida era... digamos, demasiado heterosexual. Apenas unos pocos años después, la visita estaba marcada por nuevos aires, quedaba con amigos gays, y nos movíamos por la zona de ambiente. He de confesar que es la visita de la que guardo mejor recuerdo. Ojalá hubiera alguna en el futuro con una compañía a mi lado que me hiciera recordarla aún mejor.
La estatua de Isabel la Católica, nos sirvió como primer punto de encuentro con Alberto y Antonio, ambos muy guapos y morenitos tras su paso por la playa de levante. El primero ya había estado antes en Granada, pero para el segundo era todo un descubrimiento que todos sabíamos le iba a encantar. Nunca falla.
Nada más encontrarnos y saludarnos con un festival de besos, junto a un grupo de señoras mayores y una pareja hetero de jovencitos (a cuya componente femenina pillé mirándonos de reojo, no se si escandalizada o divertida) le di a Alberto su regalo de cumpleaños, un pañuelo de cuello muy chulo de Zara, para la temporada de invierno, y una camiseta de Bershka muy graciosa con el Coyote del Correcaminos en diversas escenas cachondas, para lo que quedaba de verano. Creo que acerté.
Enseguida nos fuimos a tapear. Lo bueno que tiene Granada es que la consumición de una bebida viene acompañada por una tapa gratis. De modo que nos dimos un atracón considerable a base de pedir claritas, cervezas y varios Nestea a través de una ruta de bares por los que nos llevó Jagg y en los que no dejamos de apreciar cierto aire gayfriendly en sus camareros o clientela: La taberna de Baco, La Antigualla, El espejo, El Rinconcillo... justo allí, nos enamoramos de un perrillo abandonado que nos daba mucha pena no poder llevarnos. Y justo allí vimos pasar una pareja de chicos de la mano, sin pudor para detenerse y besarse en plena calle para seguir luego andando hacia, supongo, algún local de ambiente cercano. Siempre me resulta agradable la visibilidad, sobre todo en zonas no tan acostumbradas a ello como pueda serlo Chueca, y he de confesar que me ha sorprendido Granada en ese sentido, al menos por la zona en que nos movimos.
Como Alberto y su chico estaban cansados, se marcharon pronto a su hotel, pero Jagg y yo decidimos tomar una última copa (perdón, quiero decir un último Nestea) en otra zona, también de ambiente, antes de volver a su casa. Me enseñó donde se situaba La Sal, un local de lesbianas al que por lo visto hay que llamar para que te abran o algo así. Me parecía un poco sórdido pero interesante de conocer en mi ruta de verano, tras los locales canarios con pasillos oscuros para acceder a los WC. Sin embargo tenía pinta de estar vacío y preferimos entrar en otro cercano, de chicos, el Six colours, que la verdad me moló, aunque no hubiera miraditas. Ohhh...
Al día siguiente lo invité a desayunar en una cafetería de Gran Vía que recordaba (por su enorme escaparate de pasteles y dulces) de anteriores estancias en la ciudad, y donde probé mi primer pionono, Olimpia 21. Mas tarde hicimos tiempo por el centro mientras los maños paseaban por el interior de la catedral. Acabamos encontrándonos en la Plaza de la Universidad, haciendo fotos y tomando en el café Carlos I, unos Nesteas (a ver si nos contratan de publicistas), y riéndonos con las ocurrencias de Antonio sobre postales typicals con renovados aires fashions, el top chonis, la saga Chupúsculo, y siestas de quedar sofrito. También discutimos sobre el "andalú", defendiendo nuestro acento -muy diverso según la zona- y nuestro vocabulario autóctono.
Para comer nos fuimos de tapas por una zona distinta a la que rondamos para la cena del día anterior, por Escuelas y D´Cuadros, donde no faltó un camarero guapo al que echar el ojo. Mas tarde compartimos helado en la Plaza de Santa Ana donde nos separamos hasta la noche. Mientras ellos marcharon a conocer Los Jerónimos, Jagg y yo nos dispusimos a subir la cuesta que lleva hasta el Mirador de San Nicolás. ¡Y vaya subidita a las 5 de la tarde!
Menos mal que el detenernos de vez en cuando para hacer fotos ayudó a superar la subida y que el refresco que degustamos en el Huerto de Juan Ranas y la vista desde el mirador hacen olvidar el esfuerzo pronto. Nos llevamos un buen rato allí arriba, inmortalizando el momento y charlando sobre Sierra Nevada, que aún no conozco. De hecho no he visto jamás más nieve que la del congelador de los frigoríficos antiguos. A ver si alguien se anima a compartir una nevada conmigo algún día.
La bajada hasta la Puerta de Elvira fue más liviana. Pero desde allí decidimos volver a casa andando. Un paseito considerable con una breve parada en Fray Leopoldo, ya que pasábamos por su puerta, y poco despés en Alcampo, donde Jagg me comentó había visto que vendían mi gel de aromaterapia de Ágatha Ruiz de la Prada (prácticamente se me habia agotado) y no encontraba en Sevilla.
No se si os acordáis del efecto naranja con el que empecé el año. Se trataba de una colorida propuesta -a modo de colorterapia- a través de un gel de baño de Ágatha Ruiz de la Prada que encontré por casalidad y que presentaba al naranja como el color del optimismo.
Al parecer aporta vitalidad y energía para afrontar las cosas con un punto de vista positivo. Y como es algo que consideré importante en mi vida me dio por comprarlo y decidí estrenarlo y empezar a usarlo en la frontera entre el viejo y el nuevo año. Desde entonces lo he seguido usando, casi como un rito, y desde entonces, revestí mi espíritu de color naranja y me dispuse a adoptarlo como el color de 2009.
Sabía que iba a ser un buen color, y de hecho no me ha ido mal del todo, con buena salud, estabilidad en el trabajo, algo de ahorro, superando mejor lo de Orlando, pudiendo salir más de lo que pensaba, conociendo nuevos e interesantes amigos blogeros, estando cerca de los amigos que merecen la pena, reencontrándome con otros que hacia tiempo no veía, y viajando mucho.
El optimismo más o menos ha estado presente todos estos meses, y no han faltado algunos momentos afortunados, sin que por supuesto mi vida sea un camino de rosas, por lo que no debería quejarme.
Solo falla algo importante y es el capítulo sentimental.
Tras los escombros de mi última relación, entre los bajones emocionales por la soledad, sin apenas más éxito que alguna que otra mirada de las que no llevan a ningún sitio, y una lamentable falta de sexo, está claro que además de una predisposición optimista me faltaba seguridad en mi mismo y un poquito de impulso emocional.
Así que, pensé, si el efecto naranja dio resultado... ¿por qué no intentarlo con el efecto pasión? Por eso me dispuse a comprar, de la misma gama de Ágatha, el gel rojo pasión, que proporciona coraje, estimula y permite redescubrir el lado más impulsivo. Para poner un poco de pasión en mi vida. Justo lo que necesitaba. Y funcionó, creo...
Aquella noche salimos de casa de Jagg comentando sobre el "efecto pasión" y bromeando sobre sus posibilidades. Nos citamos con Alberto y Antonio en Kasbah, una de las típicas teterías del centro, regentada por aparentes bollitos, y donde me decanté por un rico té frío al limón. Después tapeamos en La Antigüalla II (me gustó mas la I) y La Tortuga, mucho más de ambiente, donde a la camarera italiana parecía le iba a dar un algo con tanto estrés. Me gustó el sitio. Allí dejó Antonio su impronta en el album de tortugas dibujadas en servilletas de papel por la clientela del local. Sin duda la tortuga con mas glamour de cuantas jamás fueron plasmadas.
Tras las tapas, nos dirigimos hacia Fondo Reservado, típico local de ambiente donde disfrutamos mucho de las vistas (chicos muy monos), de la música (el dj pinchaba muy bien) y de las divertidas ocurrencias de Sara, una travesti no muy agraciada que actuó sobre un pequeño escenario, y su rubia compañera, Margot, vestida a lo Julieta Serrano en Mujeres al borde de un ataque de nervios y empeñada en dar paseos por el local e iluminar a los presentes con una gran linterna.
Y fue allí donde el efecto pasión dio sus frutos. Claro que no fue como yo esperaba.
Llevábamos allí un buen rato. Jagg parecía más animado que la noche anterior. Los maños no querían beber nada tras tanto té pero se les veía cómodos. Por mi parte, me dejaba seducir por la presencia de un atractivo y moreno camarero que rompía todo su encanto con una argolla a modo de pircing en su nariz, reconocía por allí a un fotologero de Sevilla, y echaba alguna que otra miradita entre los presentes que no acababa de cuajar, sin dejar de confíar en el efecto pasión.
De repente...
Aún no tengo claro como sucedió, pero apenas me había girado hacia la barra cuando de pronto se dirige hacia mi un tiarrón con cuerpo de Derek (el de la Obregón) y pinta de guiri sin serlo, dando aspavientos para saludarme y "entrarme", diciéndome incoherencias al oído, reclamando dos besos y dándome conversación o más bien la tabarra. Anda que para una vez que me pasa algo así...
No soy capaz de decir si el chaval era guapo o feo, lo que sí tuvimos claro todos es que el tío era muuuuy raro, e iba colocado y/o borracho. No se como conseguí zafarme de él. Los otros tres flipaban con el personaje y la situación. De hecho, pensaban que nos conocíamos de antes por lo efusivo de su saludo.
Yo me lo tomé a cachondeo, con la dosis del gel con efecto pasión, y supongo que el susodicho acabó por marcharse con otro (con menos estómago) sobre los que se abalanzó tras no hacerle yo demasiado caso, si es que no fue invitado "amablemente" a abandonar el local tras intentar boicotear la actuación de Sara. Cualquiera sabe. Fue tremendo. De hecho le he cogido miedo al gel. O acabo por pillarle el punto, quien sabe... Seguiremos informando.
Salvo ese pequeño detalle de la noche, no hubo suerte con las miradas. Una pena. Y eso que me llamaba la atención un treinteañero delgado, con entradas, que de vez en cuando miraba. Pero nada. Parece que el efecto pasión del gel se fue todo hacia el mamarracho aquel. Cachis...
Al poco nos despedimos de Alberto y Antonio, quienes pasarían buena parte del día siguiente en la Alhambra mientras Jagg y yo disfrutabamos de un ampliado y entretenido Parque de las Ciencias, del que salimos después de las tres de la tarde.
Entre que pillaba lejos y que no bahía hecho la maleta, no me quedaba demasiado margen de tiempo para pillar el autobús de vuelta, y casi lo pierdo por culpa de la ineptitud de las camareras del Chopp cercano a la estación donde paramos para comer y que se olvidaron de mi pedido. Pero finalmente llegamos a tiempo. Que nervioso me pongo con estas cosas...
En fín, fue un fin de semana intenso y divertido. Lo pasé bien por la compañía, la ciudad, y el ambiente que en pleno mes de agosto se vivió en Granada. Espero que podamos repetirlo alguna otra vez.
Gracias, a Jagg, Alberto y Antonio.
Ya veré si le doy las gracias a Ágatha...

15 ago 2009 | 09:44 AM
Ole! es que Granada tiene algo especial. Yo estuve con Rafa este año hace poco alli, en el Corpus. Y estuvimos en fondo reservado ..... todos vestidos de feria!!! (primera vez que veo un local de ambiente de farales y farolillos!!!) Qué total los mazzingers pintados en las paredes!!! Niño, me alegro de que funcionen así las frgancias de Agatha. No , si lo que no le funcione a ella ;)))) En fin. Que me alegro, porque se nota que disfrutaste de la city. Será cuestión de usar la fragancia esa mas a menudo. ya le comentamos a Miguel lo de coincidir en Sevilla este otoño (sept-oct). Así que eso, seguiremos informando. Un abrazo!
15 ago 2009 | 07:49 PM
ay, el six colors, qué recuerdos... ahí me atreví a tocar por primera vez a mi novio, jajajajajaja
me alegro que te divistieras... yo de ti me echaba bien de ese gel, jejeje
17 ago 2009 | 12:49 PM
oye... que también bebí cocacola.. jajajaajajaja Y en lo de la cama.. soy así de desprensido.. un invitado es un invitado.
viva el nestea!!
17 ago 2009 | 01:30 PM
onuqué me has llamado? qué insulto tan gratuíto.
Granada bien, magnífica, una de las ciudades en las que mejor me he sentido, solo y en compañía. Eso sí, los granaínos a mí siempre me han ido muy bien como amigos pero muy mal como algo más.
17 ago 2009 | 06:45 PM
cómo nos pudimos reir ante el ataque ofensivo, porq no se puede llamar de otra manera, del individuo del "Fondo reservado"; pero te aseguro q bueno estaba un rato, así q lo podíamos haber capturado, haberle sometido a una cura de desintoxicación politoxicómana, y haberlo guardado pa lo tuyo; aunq quién sabe, igual has encontrado el remedio en los geles éstos de aromaterapia y ahora no te los puedes quitar de encima....
19 ago 2009 | 10:34 PM
dice el refranero popular...."dale limona mujer que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada...",
ya me contarás.
besos
26 ago 2009 | 09:16 AM
Cuidaoooo lo que le ha dicho a Mikgel: onubense. Si él es de un municipio milenario de orígenes tartesios. Por sus venas corre la misma sangre del rey Argantonio :-)
Pero bueno, a lo que íbamos. Explícame qué es eso de que los camareros clavaítos a Liberto Rabal se quitan la camiseta en un bareto de Canarias. Tú no mirarías, ¿no?
Abracitos filiales,
Carlitos
11 sep 2009 | 11:01 AM
Granada....mi historia con miguel se inición hace 15 años en Granada, en un viaje con los amigos, y una pensión Fabiola dificil de olvidar.
Siempre decimos que tenemos que repetir el viaje para las cruces de mayo como en aquella ocasión....del año que viene no pasa!!!!
En ciudad real las consumiciones van también con su tapa correspondiente si no el bar cierra... por falta de clientela.......por eneeeeeeesima vez estas invitado...Hombre ciudad Real no es Granada ni muchiiiiiiisimo menos, pero algo te enseñaremos que merezca la pena.
besos