Como pasa el tiempo... casi sin darme cuenta me veo dando la bienvenida al nuevo mes de agosto en este verano de 2009 mientras apuro mis últimas horas de vacaciones.
Sí, el lunes regreso ya al trabajo, tras algo más de un mes de ocio y descanso. Aunque en realidad poco he parado en casa, y casi no he tenido tiempo de aburrirme. Menos mal, porque la soledad y el tiempo libre son malas compañeras, al menos en mi caso. Hice bien en alejarlas.
Volveré al curro con el buen recuerdo de muchos amigos con los que he compartido distintos momentos de diversión y turismo, y que como sabéis tanto necesitaba.
Y además regreso con un periplo de kilómetros a mis espaldas que me han llevado por diversos puntos de la península e incluso hasta el mismísimo continente africano, aunque no saliera de España. Ahí queda eso. Pcj ya me llama hasta el Willy Fogg...
En efecto, tras mi paso por Madrid con el tradicional reencuentro anual de amigos durante las fiestas del Orgullo, y poco después por Valencia, donde tanto disfruté con Chequebo y su chico, y conocí a nuevos amigos, me aventuré a volar solo hasta Canarias para conocer tan célebre destino turístico aprovechando que mi amigo Juanjo vive allí.

Por ello me decidí a viajar hasta Las Palmas de Gran Canaria. Y con enorme expectativa pues todo el mundo me insistía en que allí ligaba seguro. No se ganarán el porvenir como videntes, está visto...
El caso es que superé el miedo al avión, me manejé con soltura solito por el aeropuerto y compartí unos días estupendos en Playa del Inglés, aunque en realidad Juanjo y su chico me llevaron por muchos más sitios de la isla, lo que agradezco muchísimo. Ha sido un agradable reencuentro y he conocido sitios muy chulos, y vivido momentos interesantes. No me pedo quejar de vacaciones este año, sin duda.
El reencuentro con Juanjo y Marcos, llegaba tras un año sin verlos. La última vez fue en Madrid, tras su vuelta de un viaje que hicieron a Bali, y donde aproveché para presentarles a Orlando. Curiosamente, en similares circunstancias conocí en persona a Castigador, a quien también más de un año después reencontré en Canarias. Que cosas.
Sin duda ha sido lo mejor del viaje. Volver a ver a Juanjo y el reencuentro con Castigador. Sin desmerecer el conocer a la hermana de Juanjo, o a Marta, la guapísima amiga de Javi, y a unos chicos muy majos -también de vacaciones- con quienes hicimos cierta amistad, una pareja de Badajoz y dos jovencitos de Madrid, uno de ellos muy pijo por cierto.
A Juanjo lo conozco desde hace ya tanto que es como de la familia, y aunque pasemos tiempo sin hablar nos tenemos presentes. Me alegro que le vaya tan bien con su pareja y solo espero tenga suerte y encuentre pronto un trabajo que le otorgue esa independencia que tanto ansía. Le agradezco su esfuerzo por entretenerme y darme a conocer su tierra.
Castigador me mola. De siempre me llamaron su atención sus posts en el blog, pero desde que lo conocí por casualidad en Madrid (cuando aún salía con Orlando) en una cena improvisada tras un encuentro fortuito con Koeps, y Alexander, entre otros, me cautivó. La pena es que no consigo verlo a menudo. Hemos compartido alguna que otra conversación profunda por Messenguer o Facebook, generalmente por temas sentimentales, y siempre ha tenido palabras cariñosas y comprensivas hacia mi situación personal. Como yo he procurado animarlo en los momentos de bajón. Es un encanto, y estoy seguro de que tendrá suerte en el amor, solo es cuestión de tiempo.
Gracias a Juanjo, Marcos, Javi, Marta, Jose, Andrés, Elver y Christian, pasé unas primeras horas en la isla inolvidables. Fue una pena que solo coincidiera una noche con Castigador y su amiga, pues se marchaban al día siguiente. Pero me lo pasé de escándalo. De hecho fue la única noche de marcha que volví casi por la mañana. Ni que decir tiene el resacón del día siguiente. Ayyyy esa mezcla de varias cervezas, un par de cubatas y no se cuantos chupitos fue mortal...
La marcha y el ambiente por esos lares se concentra en los llamados centros comerciales, que no se parecen demasiado a los que estamos acostumbrados en la península. Se trata, más bien, de superficies al aire libre en las que se suceden los comercios y lugares de restauración o copas y con nombres tan pecaliares como el Cica, o el Kasbah. Aunque nuestro preferido, of course, fue el Yumbo, el centro comercial gay por excelencia.
En el Yumbo flipé con los locales de karaoke en inglés, otros tan "hard" como el Cruise donde llamaba tanto la atención cierto guiri con pantalón de cuero negro y blanquecinas nalgas al aire que andaba por allí dando vueltas, las drags con peinados imposibles, los sex shop abiertos hasta las tantas...

También en el Yumbo, me asombré del mal gusto de algunas extranjeras a la hora de lo que ellas llamarían "arreglarse", me encantó la visibilidad de parejas gays, me agobiaron los animadores de los locales insistiéndote para entrar a consumir, aunque celebré las cervecitas gratis que te ofrecían para animarte a consumir, y me dejé llevar por la inercia de la cruz que conformaban las calles del Café Latino, el Adonis, el Gio, etc, una auténtica pasarela donde ver y ser visto y donde un divertido mimo se sacaba unas perras cada noche haciendo reír al público a costa de los despistados viandantes. Mi preferido era el Café Latino, porque servía un queipiriña muy rico (con su bengalita y todo), ofrecía buenas vistas, cómodos asientos tipo Enmanuelle, un ambiente mixto agradable y un guapo y morenazo camarero con pinta de hetero con unos labios...
Aunque la zona es muy gayfriendly (y eso que curiosamente en la misma entrada del centro comercial se ubica ¡una mezquita auténtica!), de los locales propiamente de ambiente me quedo con el Base Bar, con sus majísimos camareros (especialmente uno clavadito a Liberto Rabal de joven que cuando se quitaba la camiseta casi te provocaba un desmayo).
Yo y mis camareros...
Me di cuenta, al poco tiempo, que el Base era el sitio de referencia para las primeras copas y terminabas por ver las mismas caras noche tras noche, solo cambiaban las de los ligues con quienes acababan. Con ese panorama quien no se va a deprimir si te vuelves de allí sin ligar...
Durante varios días coincidimos allí con un par de modennas de Madrid, los chicos de Badajoz, demasiado extranjero y poco producto nacional (el español era menos frecuente que el idioma inglés o el alemán), mucho chulazo, mucho tipazo, mucha "niña" mona y ninguna sola, mucho feo solo y desesperado, un griego feucho pero con una destacable espalda trabajada en gimnasio o muelle amigo de las modennas, un negro gordo y horroroso que le hacía morritos al primero que pillara, un tipo rarísimo y acosador -como ido- de gafas y pelo sucio, un fibradísimo moreno que se dejaba dominar por un negro musculado y que al cabo de los días terminó comiéndole la boca a un inglés hortera, un gordito inglés acompañado siempre por los mismos amigos (un guapo rubito hetero, un indú gay y una rubia hetero), y la más variada fauna gay internacional dispuesta a dejarse seducir. A ello contribuía, además de la música y lo barato del alcohol, su cuarto oscuro y un baño casi igual de oscuro donde me percaté de cómo era el juego que se trama en tales lugares y tanto me recordó Queer as folk. Que pardillo soy aún en estas cosas...
Cuando el Base decaía se subía uno a la terraza de arriba donde seguían la música y las copas en locales como el de "la Terry", una veterana travesti que ofrece show con actuaciones durante el fin de semana (tipo LL de Madrid), o el disco bar Mikonos, con muy buena música y donde terminabas por ver las mismas caras del Base pero más borrachas y salidas como perras en celo, y donde el baño-cuarto oscuro resultaba complicado de delimitar. Aunque ni por esas, oiga...
Al cierre de esos locales solo quedaba el Matrix, al que me hubiera gustado ir, pero no me llevaron, o la discoteca Heaven, donde estuve a punto de entrar si no fuera porque no me gustaron nada las pintas de los heteros que vi en la cola de entrada, demasiados canis o chonis para mi gusto.
Recuerdo que la primera noche, Castigador me soltó un botón de la camisa, porque decía -ya ambos con algunas copitas de más encima- que para ligar había que ir pidiendo guerra, o algo así. Le hice caso, pero no ligué. Supongo que además intervienen otros factores.
Entre esos factores está, sin duda, la suerte, y yo no la tuve. Por más que me esforcé y practiqué miraditas. Solo tuve respuesta en un chaval calvete -creo que más o menos de mi edad- que me sonrió reiteradas veces en el Café Latino una noche que estaba a solas con Juanjo. Entre que me cuesta dar el paso y que no estaba seguro si me gustaba o no, el chico desapareció cuando yo intentaba seguir sus pasos pero Juanjo se empeñó en ir por otro lado más tranquilo. Supongo que puede fue una auténtica oportunidad perdida. Confieso que los días siguientes esperaba volver a encontrarlo, pero no hubo suerte. Y nadie más me sonrió. Cachis...
El resto de días no dejé de encontrarme con chicos que me parecían interesantes, sobre todo un guapo osito guiri lamentablemente emparejado, y otro extranjero con barba de tres días, bajito, orejillas y delgadete, con pinta de guiri que por más que le miraba no se daba por aludido. Lástima, porque me molaba un montón.
La única mirada con respuesta vino de forma inesperada la última noche, cuando con mi camisa negra, mi detallito de gomina en el pelo, mi efecto naranja y dispuesto a quemar mis últimas naves, llamé por lo visto la atención de uno de los chicos que atendían en el American Hamburguer del Kasbah. Me di cuenta y fue uno de esos momentos en los que la mirada se cruza y no se desvía. Uno de esos momentos en los que pasas, te giras y compruebas que te siguen mirando. Y la mirada no se desvía...
No se muy bien porqué pero el caso es que le llamé la atención, y él a mi. Lo recuerdo con su carita girada, viéndome pasar, jovencito, de pelo rizadillo, muy mono, ojos claros, orejillas... ¡y trabajando en un burguer! No pude evitar acordarme de Valencia. Lo mío con los camareros es ya de vicio...
Pensé que podría significar un cambio de tendencia y me encaminé hacia el Yumbo, pero la noche allí fue como las anteriores. Varias horas después regresaba en taxi, el burguer seguía abierto y yo seguía solo (¡tiene delito siete noches de apartamento vacío sin aprovechar, ains...!). Por un momento se me pasó por la cabeza parar para comer algo e intentar... pero me marchaba a las pocas horas y no le vi sentido, salvo que quizás son ya muy pocos los momentos similares con que me encuentro y debería saber aprovecharlos mejor. ¡La próxima me bajo del taxi!
Las tardes de piscina me servían para darle vueltas a la cabeza sobre ello. Coincidía allí con una mariquita mona mexicana, venida de Barcelona, alguna parejas hetero y varios jóvenes extranjeros durmiendo la marcha de la noche anterior. Poco más, muy tranquila. Es posible que tuviera razón uno de los taxistas que me trasladaron una noche desde el Yumbo y se note bastante la crisis económica internacional en el descenso de visitantes. Confío en que mejore pronto. Un 10 por los taxis y su precio. Un 0 por los de los suermercados, ¡que caros!.
Salvo la primera noche, el resto de días no trasnoché demasiado. Y más de una noche acabé viendo OT o DEC en la tele, solo en la habitación. No faltaron los momentillos de bajón o soledad, de hasta sentirme ridículo en medio de tanta gente ligando sin comerme una triste rosca, y de los que huía con llamadas a casa, a Alberto, a Chequebo, o interesándome con mensajes por Orlando y sus conciertos de Madonna.

De todas formas fueron muchos más los momentos de buena compañía, sobre todo con Juanjo y Marcos, quienes se esforzaron por mostrarme el paisaje de Vecindario, cruzar prácticamente la isla de sur a norte, llegar a las Cumbres, admirar la vista desde el mirador de Fataga, y más arriba, conocer el "paisaje lunar" de Mundo Primitivo, la casa rural con animales, San Bartolomé de Tirajana, las fuentes de agua de Tunte, Roque Nublo, las maravillosas vistas, las zonas de asadero, la parte más verde de la isla, la vega de San Mateo, Santa Brígida, Aruca, darme un tour panorámico por Las Palmas, acercarme hasta el vistoso puerto de Mogan -la pequeña Venecia canaria-, o detenernos en la encantadora Tufia (donde me reí mucho por carteles como el de "aquí vive Pepito Malaleche" o "Por fin llegó la luz (1992)", ver la Playa de la Laja, la bahía de Confital, recorrer la playa de las Canteras, o acercarnos hasta el auditorio junto a Las Arenas.
Tuvimos además tiempo para conocer La Cueva Pintada, muy bien explicada por su amable guía, y el Jardín Canario con su gran lagarto que casi piso, su conejo, su gato salvaje, sus cactus, sus dragos, cascadas y diversas especies vegetales, así como recorrer el paseo marítimo de Playa del Ingles, ver el faro de Maspalomas y la zona pija que lo rodea, con sus hotelazos, y cercana zona de reserva natural. No muy lejos de allí monté en camello. Más majo que era Pancho...

En Las Palmas, además de a Las canteras, me llevó a la Plaza de Santa Ana, la catedral, con sus perros verdes frente a la puerta, la Plaza del Espirito Santo, la calle de los típicos balcones canarios, la torre del Palacio de Justicia, el patio típico canario del Colegio Abogados, la Casa Colon (con sus loros y su réplica de La Pinta, el barrio de Vegetta, la calle Triana, el Parque de San Telmo, el monumento a Galdos, el auditorio de Alfredo Kraus, el Castillo de la Luz en La Isleta, la casa Juanjo...

Con tanto ir de aquí para allá hubo que recuperar fuerzas y a ello contribuyeron la tremenda hamburguesa del Gigantazo, el refresco de fresa Cliper (pura química), la cerveza Tropical, los platos de la sesentera Casa Falcón (donde flipé con su mantel de hule y sus papas arrugás con mojo, la garbanzá, el chorizo criollo con patatas fritas, la morcilla dulce, y el mousse de chocolate casero, y donde coincidimos con otro trío de gayers y me reí mucho con el dueñó que se presentaba de pronto a saludar y me contaron que hasta se sentaba de pronto en la mesa de los comensales en el momento menos esperado).
Sin olvidar, las papas de asadero, el postre Principe Alberto, los pasteles del Café de Paris, el apfelstrudel del Maximilians, los bocadillos de Ca´ Jonás, el gelatto en Triana, el pedazo de pizza del Rustico, una pizza blanca sin tomate, servida por un interesante y guapo camarero guapo italiano... ay, que obsesión...
Para bajar tanta comilona no hay nada como atravesar las dunas de Playa del Inglés para llegar a la zona nudista, donde a partir de las 6 se pueden pillar tumbonas gratis. O recorrer toda la costa hasta el chiringo nº 7 (la zona gay) donde abundaban las parejas gays, los nudistas, y chicos solitarios en busca de... pues para eso es zona de cancaneo. Allí me di el último baño tras quedarme con las ganas de probar el charco de San Lorenzo (por la pinta de los que allí acudían), la Playa de la escalera (por que soy muy cobarde para bañarme en esas playas de piedra) y disfrutar de la Playa de Amadores, que tanto llama la atención desde la carretera, pero me pareció luego demasiado familiar y demasiado sucia el agua para mi gusto, y sobre todo la de Maspalomas, ¡eso sí que es una playa en condiciones!. Que pijo soy...
En fín, no puedo quejarme de cómo me han tratado. Y lo he pasado bien en Canarias, aunque al final volviera sin ligar.
La última noche, salvo aquel cruce de miradas con el chico del American Hamburger, y a pesar del pensamiento positivo, no tuve demasiada suerte. Pero al menos di el paso para hacer algo que jamás antes hice, y es ir solo a los locales de ambiente, aunque eso me costara sudores. Fue incomodo, pero superé la prueba. Ayudó el espectáculo de la Terry, en el que apareció un inesperado Paco España (sí, sí, aún en activo) y encontrarme en Base con gente con la que ya había coincidido antes, las modennsa y el griego, hasta que se incorporaron Juanjo y su chico.
Cuando dejábamos Mikonos, tras innumerables copas y miraditas sin recibo, y comprobar que hasta el gordito inglés ligó con un irlandés de carita inocente, me entró un poco de neura que contrarresté, ya de vuelta en el hotel, con un último y matador cubata al tiempo que daba los últimos toques a la maleta, y mientras me preguntaba si seguiría abierto el burguer...
Una semana después de mi regreso, recordando aquellas hermosas playas, descansado el cuerpo de tanto viaje, iniciada la rutina de gimnasio, ante la inmediatez de la vuelta al curro, con la pena del moreno que se ira disipando, la esperanza de seguir viendo pronto a amigos, y con el recuerdo vivo de tantos buenos momentos y tantas buenas gentes de un maravilloso mes de julio, me pregunto que me traerá este agosto, que deparará el resto del verano, y cuando volveré a escribir con el espíritu de hace dos veranos, si es que logro volver a hacerlo. Igual consigue que lo haga... ¡un camarero!. Por cierto acabo de ver hoy uno con unos ojos verdes en El bosque animado...

2 ago 2009 | 12:07 PM
Esto es un post de los tuyos como dios manda, ya era hora, jajajaja.
Un beso grande.
9 ago 2009 | 10:04 PM
Esto es el principio de una nueva ERA!!!!!
Coño con los camareros, jajajajaaj
12 ago 2009 | 09:26 AM
Veo que tú tampoco lo has pasado nada mal, eh?? Qué envidia me entra ahora que estoy trabajando... Jajajaa!!!
Papas con mojo... qué ricas!! Y eso que yo sólo he probado unas que hizo un compañero canario de un antiguo trabajo... A ver si voy yo por esos lares... que me apetece un montón.
Un besitooo
13 ago 2009 | 12:57 PM
como te lo montas....al ver el mojo me acuerdo que el año pasado cuando fuimos a Lanzarote Miguel y yo, creía que era gazpacho y me tome dos tazones con su tomate su pepino sus tostones...lo note un poco fuerte pero mi estomago es una hormigonera...en fin luego entendí por que la gente me miraba tanto en el comedor del hotel....