Por fin llegaron las anheladas y tan necesitadas vacaciones de verano. Decir adiós al trabajo hasta agosto es un placer. Iniciar los días de descanso en Madrid coincidiendo con las Fiestas del Orgullo, un año más, no lo ha sido tanto como esperaba.

Fueron días de dormir poco, aunque no precisamente por motivos placenteros. La noche previa a mi partida fue extrema de calor en Sevilla y el aire acondicionado sufrió una repentina e inoportuna avería. Además los nervios del viaje siempre me impiden descansar bien. Llegué al tren algo apurado de tiempo, con su poquito de acostumbrada angustia por no perderlo que se me fue pasando -ya en el AVE- con la distraída tercera parte de La Momia. El trayecto no se me hizo largo. Tampoco desde Atocha hasta el hostal.

Por diversos motivos no quise molestar a nadie para que me acogiera en su casa (tampoco es que tenga tantas opciones), así que busqué por Internet y encontré un dos estrellas céntrico a buen precio. Como siempre reservé una habitación doble por si alguien se animaba. Nadie se animó. Y al final, aunque el hospedaje resultó relativamente barato, ya se sabe que lo barato sale caro. Resultó estar en una de las calles de la movida madrileña, y no contaba con aire acondicionado. De ahí la falta de sueño. En la ecuación calor-ventanas abiertas-ruido no hubo forma de despejar la X del relax.

Esperaba, al menos pasarlo bien. Lo necesitaba. Sobre todo estar en compañía. Y aunque tuve ocasión de pasar tiempo con algunos amigos, también pasé más tiempo solo del que esperaba. Hasta el punto de plantearme lo oportuno de repetir en similares circunstancias.

Como nada mas llegar me llevé el disgusto de la habitación, y no tenía con quien quedar, preferí dar un paseo por ahí solito a pesar del calor de las primeras horas de la tarde. Aproveché para ver la Exposición sobre Sorolla en el Prado, que me gustó muchísimo. Entre el público asistente ya vi que muchos apuntaban "maneras", y que había mucho extranjero. Pensé en cuantos gays de fuera llegan -llegamos- al MADO como destino de vacaciones en libertad...

Tras hacer tiempo por las calles de Madrid, sudando a chorros, me entró la neura de estar por ahí solo dando vueltas y regresé a la sauna-hotel, para seguir sudando. Echado sobre la cama de matrimonio, mirando al techo, sin agua fresca con la que calmad la sed, con el sol inundándolo todo a través de las rendijas de un cortinaje incapaz de evitarlo, agotado de calor... no pude evitar sentirme mal entre recuerdos y presentes. Empecé a mandar mensajes para ver si alguien respondía y llamé a Alberto, con quien quedé a eso de las nueve en Chueca, junto a su novio, para ver a las drags del LL en el escenario de Pelayo.

No nos veíamos desde diciembre. Me costó entrar. Llevaba demasiada carga. Pero poco a poco, entre las ocurrencias de Chumina Power, Supremme de Luxe, O´Neal, "la Globos" y Lolita Versace, y sobre todo con la ayuda de un par de cervezas, fui perdiendo lastre de carga emocional. Con la actuación de Víctor Naranjo (me gustó a mi ese chico, oye), el autor de la canción Imperfecta mujer, se vino un poco abajo la animación (normal, con esas canciones y por mucho que el pobre se esforzara en intentar animar al personal) y decidimos marcharnos a comer algo. Koeps mandó mensaje para cenar, pero en el sótano del restaurante llegó tarde. Nos citamos para una copita con nocturnidad, sin alevosía.

Tuvimos suerte de encontrar mesa en Bazaar. Me encanta el sitio, y sobre todo la comida. Riquísimo el rollo de lenguado y salmón y una auténtica experiencia religiosa la tarde de chocolate de Julián González. Que pinta no tendría que una evidente (por el look) pareja de lesbianas, sentadas justo a nuestro lado, no pudo evitar interesarse por el postre nada más ver llegar el plato.

La cena fue agradable, y las vistas inmejorables, sentado frente a las escaleras viendo bajar y subir chicos que inevitablemente llamaban mi atención, por su atractivo. Recordé entonces a Castigador y le envié mensaje por si estaba por la fiestuki de Chueca, pero finalmente no pude verlo. Me contestó que andaba por Las Ventas, en el concierto de Kylie Minogue, momento en el que como en el anuncio aquel... la envidia me corroe.

Ojalá algún día organicen uno en Sevilla, ahora que está tan de moda traer grandes figuras al Estadio Olímpico (Madonna, Depeche Mode, Bruce Sprigteen, se habla de U2...) y encuentro a alguien que quiera acompañarme, claro. Lo dudo, más lo segundo que lo primero.

Ya puestos, animo a los del Orgullo del Sur del año que viene, tras el éxito de Mónica Naranjo, Nacys Rubias y Fangoria de este año a que peleen por Kylie. Que no falten referentes, aunque muchos no se sientan representados.

Tras la cena, y hasta que apareciera Koeps, tomamos un mini de margarita (que fue mi perdición) bailando en la c/ Libertad con DJ´s Chicos Malos Jukebox y su divertida coreografía. Me encantaron tanto que me hice fans. Allí, entre las cervezas y el mini, me dio por mirar a un chico con barba que me recordaba mucho a un nadador de mi gym, con un cierto aire a Lambert Wilson en sus años mozos. Mirar, que deporte más entretenido. Como no practico otro...

Poco después nos encontramos en la puerta de Liquid con Koeps y Fran, cosa que agradecí especialmente por volver a verlos y por dejar de sentirme un candelabro sofiamazagatero en medio de la parejita de maños, que los pobres me han tenido que aguantar mucho tiempo .

Certifico que Koeps está cada día más bueno. Apareció con una camiseta sin mangas, de esas que solo unos pocos pueden lucir, lo que le permitió a mi dedo en plena conversación tocar bíceps y surcar montañas sobre su tableta de chocolate. Doy fe, son reales. Y encima el niño es un pedazo de buena gente, pero con mala suerte a la hora de encontrar a su lado a alguien que merezca la pena. Cosa de la que hablé con Fran tomando una Coronita que, tras las anteriores y el margarita, acabó por darme la puntilla (más bien el puntazo).

Con Koeps y Fran  me quedé un ratillo más tras marcharse Alberto y Antonio para casa. Fran me dio un sentido achuchón que nunca pudo imaginar lo bien que me sentó. Cuando te rodeas de parejas y amigos un tanto ariscos o fríos a la hora de demostrar sus afectos, para alguien como yo que echa sobre todo de menos el abrazo de tu ex a la hora de dormir, mucho más que el encuentro sexual que le precede, el que te estrujen con alegría simplemente por estar allí supone tanto...

A Fran se le veía muy bien a pesar de su ruptura sentimental, noticia que me cogió por sorpresa. Sin guardar cola, logramos entrar en el Studio 54 gracias a unos amigos de él, muy majos, que conocían al relaciones públicas. Monísimo, uno de ellos, de los que me suelen atraer, bajito, con unos ojos color avellana muy llamativos, guapito, y labios morbosillos. Me empeñé en verle cierto aire al novio de Fede en Física y Química. Demasiado joven -supongo- y demasiado, por lo visto, hetero. Pero que me gustó ese chico... Quizás por ello no valoré lo suficiente el atractivo de un morenazo canosillo que Fran me señaló entre la abarrotada discoteca, dispuesto él a buscarme "novio". Que majo. Y con mejor ojo en ello, por cierto, que el de Alberto, pues el madurito era bastante atractivo. No iba a resultarles una empresa fácil, de todas formas, conseguirlo, aunque agradezco su interés. Y eso que en la disco estaba lo suficientemente borracho como para desear que alguien intentara algo conmigo, porque yo intentarlo es que no me sale ni con coma etílico, claro...

Dejé a Fran y sus amigos ligando, seguro de que tendrían más suerte que yo, y acompañé a Koeps -que trabajaba al día siguiente- hasta el inicio de Alcalá. No los volví a ver.

Cuando llegué al hostal la habitación me daba vueltas. Imposible dormir entre el vaivén de la cabeza, el exceso de calor y la ruidosa marcha del gentío. Como ocurrió en la siesta, volvieron los recuerdos y presentes. Esta vez, mareados. La pequeña habitación se hizo inmensa. Me sentí perdido.

El calor y el ruido hizo que tardara demasiado en dormirme. A ellos se unió, al poco, la luz. Esto obró que despertará apenas sin descansar. No habían abierto las tiendas cuando yo ya me recorría una casi solitaria Fuencarral. Temía permanecer toda la mañana solo, pero tuve suerte de pillar un ratito a Vulcano, que ya estaba de vacaciones, por el centro. Tras comprar algo en H&M, Berkana y la tienda de Jack & Jones, nos encontramos y me llevó a conocer un sitio nuevo muy chulo, para tomar café, el NYU2. Para variar se me fueron los ojitos con el camarero.

El encuentro con Vulcano fue breve pero, como siempre, agradable. Se marchó al poco de incorporarse Alberto, con el que acabé paseando por La Latina tras ver un par de tiendas. Tras tomar un refresco en la Plaza de la Paja nos despedimos y pillé algo en el Pans & Company para comer en la habitación del hostal. La calurosa y solitaria tarde se me hizo interminable. Agradecí un mensajito a Jagg y aproveché para enviar uno a Miguel Manchego, después de enterarme (por su Fran) que andaría por Madrid con JL. Me hacía mucha ilusión conocerles, pero como con Castigador tenían compromisos y tampoco pudo ser.

La noche del viernes empezó a ser muy similar a la anterior, pero esta vez sin cervezas. Risas y pachangeo en Pelayo con las drags, en compañía de Alberto y Antonio, y posterior desbandada general de público nada más salir un guapo veinteañero llamado Graham Newey, con apariencia de dieciocho.

Llegamos a tiempo de ver la actuación del "Mejor mañana" de Vega, en Vázquez de Mella. Que gran playback. Pero la chica mola. Ya nos ibamos cuando pasó junto a nosotros un chico repartiendo gratis preservativos. Le dio a todo el mundo menos a mi. ¿Pensaría al verme que no iba a tener oportunidad de utilizarlo? Se le queda a uno cara así como de desgraciao. Tampoco se equivocaba, el chaval...

Apenas unos minutos después, coincidimos brevemente con Mugalari, Ekiots y varios amigos suyos para tomar unos minis de cerveza, donde los osos, antes de cenar. De nuevo agradecí los achuchones, en esta ocasión de mis vasquitos, como cariñosamente me gusta llamarllos. Ellos tenían reservado en Malasaña, y nosotros hicimos tiempo en Libertad con Dj Aviador de Luxe hasta que logramos mesa en Wagaboo para disfrutar de su buenísima hamburguesa.

Allí me cautivó, ¡que raro!, el chico que nos atendió. En realidad nos gustó a los tres. Me llevé toda la cena pidiéndole cosas. Menos el teléfono, que en realidad era lo que más quería. Guapo, treintañero, buen tipo sin exageraciones de gym, simpático, ojos claros, bonita sonrisa, le sentaba de muerte el pantalón negro y la camisa gris. Que hombre más interesante. ¿Por qué nunca me presentan chicos así? Claro que para lo que iba a servir...

El final de la noche no pudo ser peor. Me sentí mal en medio de la parejita y sus cosas. Intenté animarme cuando volvimos a Libertad con el Dj, vestido con un bajo de volantes de traje de flamenca, y el mini de daikiri. Me fijé en un par de chicos, pero no hubo miraditas. Acabé con esa sensación de estar bailando solo aunque estés en compañía y te rodee mucha gente.

La sensación se incrementa cuando, apenas ha empezado para la mayoría de la gente la noche, y te quedas de verdad solo, aunque te apetezca quedarte, aunque necesites quedarte. Y, sin embargo terminas por recorrer las calles de Chueca, Gran Vía, Sol, repletas de un gentío divirtiéndose, con el que tropiezas de vuelta al hostal, en contracorriente.

Y vas con un nudo en la garganta. Mirando una y otra vez el móvil por si hay suerte. Solo hay espera. Y el regreso a la habitación donde perderse, más solo aún de como se salió, sin ni siquiera la compañía de un condón sin usar que no llegaron a darte.

De nuevo la ruidosa calle, el calor, la cama vacía. Deshubicado. De nuevo los recuerdos, los presentes. Y un nuevo pensamientos de sentir que es absurdo estar así, lejos de casa, un día como ese, a esa hora, en Madrid, y en pleno Orgullo. Como le diría a Chequebo ya de vuelta en Sevilla, con momentos así lo único que piensas es en no volver. Lo confieso, acabé por echarme a llorar.

La mañana del sábado también la pasé solo. Me refugié en el Jardín Botánico, hice algunas fotos, di más paseos sin rumbo, me acerqué a la socorrida Fnac. Ya no sabía que hacer. Se me hizo una eternidad llegar a las tres de la tarde, hora en la que quedé para comer con Orlando en el Public (riquísimo el humus con jamón de pato, por cierto). Nos pusimos al día con nuestras respectivas vidas, que siempre traen cosas buenas y malas, y aproveché para darle su regalo de cumpleaños, tras siete meses sin vernos y apenas algún mensaje de vez en cuando. Mas tarde, me presentó a una íntima amiga suya que me cayó fenomenal. Ella, junto con otros amigos, iba a conocer su primer Orgullo y estaban todos algo desatados.

Fue divertido compartir con ellos, tras ver la pesadísima y desorganizada "mani" -a pesar de algún que otro momento divertido- con Alberto y Antonio (que se fueron temprano), un bocadillo, algo de bailoteo y muchas fotos en la Plaza de la Luna. Hasta el punto de que Orlando se marchó a pillar el último metro y yo me quedé con su amiga bollito y el amigo gay buenorro de ésta.

Acabamos los tres en Polana donde el chico triunfó con uno clavadito a Julito el de casa, Julito el de siempre, y ella no tuvo pudor en entrarle a cuanta chica le molaba por si entendía, aunque no tuvo suerte. Siempre me he preguntado que es lo que dirá la gente al hacer eso. Es evidente que no lo he hecho en mi vida y que nunca me han entrado.

Yo, como buen pagafantas y el más abuelo de la disco, aguanté el tipo como pude de contoneador-oteador-cuidabolsos de la pista, hasta que ella se cansó y, tras un insufrible avance por las abarrotadas calles de Chueca y un breve paso por el MacDonald, la acompañé al hostal de Montera en el que se hospedaba, antes de volver al mío.

Fue una noche rara. Dejé todo preparado para dejar la habitación al día siguiente y eso me distrajo. Poco a poco disminuyó el ruido de la calle hetero de marcha. Esa noche no rondaron los recuerdos, solo los presentes. Y no me sentí solo, sino preocupado, por una mirada triste...

El día siguiente al sábado de la mani tiene mucho de Sábado Santo o Lunes de resaca en Sevilla. Abandoné el hostal al que, a Dios pongo por testigo, nunca volveré. Dejé las maletas en casa de Antonio y nos fuimos a la Fnac y de tiendas, para acabar en David Delfín. Porqué no me compro nunca así nada chulo, me pregunta uno de ellos. Que más quisiera que tener cuerpo para ello, chico, le contesto. Que poco te quieres, me soltó poco después. Fíjate si no me quiere nadie que no me quiero ni yo mismo, bromeé. Si no fuera por la ironía, qué haría yo a veces...

Comimos en el Circus de Chueca y más tarde pudimos despedirnos de los vasquitos con un café, de nuevo, en el NYU2. Como ya ocurrió el año pasado, comentamos los tres lo majos que eran cuantos rondan a Alfredo y Aitor.  Agradezco su invitación para que vaya a verles, y me encantará recibirlos, como siempre, si se animan a venir antes ellos. Poco después recogía la maleta en casa de Alberto y Antonio y me despedía también de los mañicos poniendo rumbo a Atocha donde cogí el AVE hasta Sevilla. Quien sabe cuando volveremos a vernos.

Desde aqui mi gratitud para cuantos tuvieron a bien dedicarme parte de su tiempo y por dejarme compartir con ellos momentos divertidos y agradables, que fueron muchos (y habrá muchos más en Valencia y Canarias, lo se). Ojalá no tardemos en volver a encontrarnos. Y ya sabéis todos donde estoy.

En la vuelta a casa, los divertidos dibujitos de Madagascar 2 me ayudaron a sobrellevar las horas de viaje y no pensar demasiado. Si es que soy mu ssshico...

No quería hacer balance. Es mejor no hacerlo. Pero al acabar la película empecé a leer un libro que me recomendó David, La vida que soñamos, de Raúl Portero. Y me desbordó un terremoto emocional imposible de amortiguar nada más empezar la lectura de los primeros capítulos. Hasta que llegué al momento. Y mis ojos no pudieron leer una letra más. Todo se movió a cámara lenta, hasta mi corazón.

Me vi obligado a dejarlo. No se cuando seré capaz de terminarlo.

Volvieron de golpe los recuerdos, y el presente, calor y frío, ruido y silencio, la soledad, los amigos, muchos reencuentros, nuevos encuentros, los colores, la risa y el llanto, decepciones, las excepciones, los olvidos, el cariño, depresiones, borracheras, sentirse perdido, encontrarse a no mismo, la realidad y el deseo. La vida que vivo y la vida que soñé.