Desde sus inicios, este blog se convirtió en un medio experimental para desarrollar y expresar mis emociones, una bitácora donde marcar el rumbo que tomaban mis sentimientos, un lugar donde cobijarme y desahogarme, y un espejo en el que se reflejaban mis vivencias. Sirvió como terapia, y ayudó incluso a conocer gente en parecidas circunstancias o que se interesaban por este proceso como coparticipe, testigo o con curiosidad .

A la vez, desde su nacimiento y hasta ahora -como Enis o como Manu- este armario abierto me permitió acercarme a otros blogs que suscitaron en mi emociones y sentimientos, y me permitió conocer a las personas que en ellos volcaban sus pensamientos.

Muchas de esas personas me parecieron extraordinarias, a todas procuré valorar, algunas me hicieron sentir especial, pocos me dejaron frío y bastantes me decepcionaron. Cuánto lamentaría haber provocado yo este último sentimiento...

Algunas de esas personas se fueron de forma precipitada, sin apenas darte cuenta. Otras permanecen más o menos presentes, tal vez en la distancia, pero sin desaparecer del todo. Otros se encuentran más cerca. A todos agradezco los momentos buenos que me proporcionaron.

A cuantos siguen ahí agradezco especialmente que sigan precisamente ahí, porque no saben cuanto lo necesito. Y a los que dejaron de estar... confieso que en su mayoría los echo de menos.

Si pudiera les pediría, a unos pocos, algo de esa autocrítica que me gusta hacer sobre mi mismo, aunque en ocasiones pueda llegar a rozar el autocastigo.

Hay veces que no puedo evitar lanzar lamentos que puedan confundirse con quejas. Pero me salen del alma. Se que al decirlo me muevo en el filo de la navaja, porque hoy día son pocos los que aceptan que se les lleve la contraria, que se les ponga en evidencia, que salgan a la  luz sus defectos, o pongan ante sus ojos sus miserias. Si lo haces en defensa de otros sales mal parado, si lo haces en tu defensa puede incluso conllevarte el riesgo de un cierto ostracismo social. Todo ello lo he aprendido a sobrellevar, no sin dolor.

Duele mucho querer a alguien y comprobar que no es como pensabas, sentirte maltratado en su gesto, luchar contra una repentina incomprensión que no consigues comprender, aceptar feos y vacíos, que te den la espalda, que dejen de estar ahí sin que logres explicarte porqué, los silencios, las no contestaciones,  las desapariciones... y  -por inseguridad- verte sin fuerzas y sobre todo sin valor para pedir explicaciones.

Me pregunto si esta confesión pueda llegar incluso a significar para algunos cierto regusto y satisfacción. Si es así solo espero que sepan darse cuenta un día lo que supone para ellos, y sobre todo lo que puede significar para la otra persona que siente y padece. Hablo en general, sin poner nombres ni palabras, no sea que se me malinterprete.

Lo digo porque en edad adulta, a estas alturas de los tiempos, no es raro encontrarnos con mucha gente que se comporta como si aún estuviera en sus años de colegio, personas que te aceptan en su entorno de buen grado solo si te amoldas a lo que te dictan, si no pones en jaque sus esquemas, si sigues sus planteamientos, y que "juegan" contigo según sus reglas (que jamás debes saltarte y contra las que no debes nunca protestar).

Y si un día te cansas, o te sientes dañado, no oses hacer un humano reproche, que de tus labios no surja ninguna lógica protesta. Correrías el riesgo de convertirte en alguien incomodo, en incluso de llegar al extremo de ser tachado (por lo que me atrevería a denominar auténticas personalidades enfermizas) como persona non grata. Hasta el punto de que la imagen labrada a fuerza de ser y mostrarte como realmente eres y te sientes, y que de ti tenían, dejará de ser la misma.

La malvada fuerza de alguien ocurrente podrían incluso convertirte -a ojos de los demás- en una especie de personaje inventando, de mala caricatura, que la masa ignorante seguirá con fruición . 

He sido testigo de verdaderos linchamientos bloguísticos, de psicosis posteadoras, de guerras de enlaces, de alianzas blogueras, de suspicaces y arbitrarias interpretaciones lectoras, de rencillas post-quedadas... y no son mas que un reflejo virtual de lo que la sociedad real ofrece a diario.

Pocos son los que se atreven a mantener compromisos emocionales serios. Tendemos al consumismo fácil y egoísta, a lo superficial y a la cultura Kleenex. ¿Cuánto peco yo de ello? ¿Te atreves a hacer examen de conciencia? ¿Soy el único que se atreve a denunciarlo? ¿Le importa a alguien todo esto?  

Todo esto... no viene a ser más que una pobre protesta este 17 de mayo contra la fobia, contra la homofobia, contra la transfobia, contra las fobias en general, incluso contra las blogsfobias, y contra las fobias que en nuestra vida hacemos aparecer contra quienes se muestran distinto a como nos gusta pensar o sentir.

Y lo hago poco después de haber logrado mi primer trienio como bloguero, un aniversario sobre el que pasé de puntillas.

Cuando empecé esta aventura indiscreta -desveladora de estados de ánimo y confesiones varias- el empeño por plasmar ideas y sentimientos en estos posts nació con una función de desahogo emocional y existencial casi purificadora que conforme pasaba el tiempo se fue transformado en algo cada vez menos trascendente.

Pasado el tiempo podría decir que las emociones de entonces y hasta la misma existencia están casi intactas, con apenas variaciones importantes en lo sustancial (con lo bueno y/o malo que ello puede significar), pero si acaso desgastada, ajada, por los efectos que en estas páginas cibernéticas y en los cajones del alma ha ido provocando el paso del tiempo y el discurrir de las gentes.

Es posible que advierta el lector -si alguno queda interesado a estas alturas- cierta desazón en mis palabras. Acierta, sin duda. Los estados de ánimo son incapaces de desvanecerse entre palabrerías vanas, y si intentan jugar al escondite siempre habrá mentes lúcidas que lo descubran fácilmente, uno, dos y tres... al bloguero expresss.

Me has pillado.

Todo sigue igual. Tres años después mi BSO sigue siendo hoy más una canción de Mari Trini que de la optimista Vega. Lo lamento. Quisiera contar mejores cosas pero para qué voy a disimular. Y es una de las razones por las que guardo silencio. ¿Para qué publicar más llantos, nuevas decepciones, desesperanzas...? No tienen sentido ya las vacías palabras y los suspiros continuos. Ya no vale la pena sincerarse y mostrarse desnudo. Es mejor callar, y esperar que alguien sea capaz de leer los silencios y de responder a una llamada desesperada.

Lo que yo quiero es cantar ángeles y sonreír en las fotos, sentir que llenan mis abrazos y que otros brazos me cubren, bañarme en el aliento de un amor para siempre y nadar en la mar de los amigos que permanecen. Ser y hacer feliz. Que los sueños se cumplan y ayudar a cumplirlos.

Más de tres años hace ya que abrieron las puertas de este armario, y sigue contando con ropa que no uso dentro junto a otra que no enseño a nadie y otra que muestro y pocos aprecian, prendas con manchas que ni los profesionales son capaz de borrar, vestidos viejos junto a algunas de temporada, complementos imperfectos, calzado incómodo, algunos recuerdos, y unas pocas cosas de valor, un valor entrañable y confortante.

La chaqueta de Enis sigue colgada en la puerta, junto a la foto de un paisaje que ya he desesperado por conocer, junto a la memoria de letras impresas, luego voces y finalmente rostros -permanentes unos, desvanecidos otros- que acabaron plasmados en nuevas imágenes de Manu. Cuando las veo me encuentro sentimientos encontrados, a veces sonrío, a veces suspiro, unas veces duele, otras me sobreviene el llanto. La vida.

En todo este tiempo he querido ser sobre todo dador de cariño, me he esforzado en ello, aunque pueda haber quien hasta se atreva a ponerlo en duda. Quizás porque confundieran aquel "ser tan así" con un ser como a él interesaba que fueras, poniendo más valor en mi respuesta a su forma de ser que aceptando poner respuesta a la mía.

Como buen aficionado a contemporizar, he sido paciente, pero tarde o temprano mi humanidad me puede.    

Me pregunto cuánto más podré. Hasta cuando podré.

De momento ayuda saber que surgen nuevas caras y nuevas voces, que junto a las que no se han ido, mitigan la nostalgia de lo que pudo ser y no fue, de lo que fue y ya no es...

De ello prometo hablar en el próximo post, que habrá de ser más naranja, porque Jagg, Mikgel, Shiquillo y su Gaby me lo han hecho pasar muy bien estos días de fin de semana, en los que inevitablemente mi recuerdo se ha ido también a Valencia por el cumpleaños de Chequebo.

Gracias a todos, felicidades nen, y preparaos para un próximo post, de esos exaustivos en detalles...