Han sido unas buenas vacaciones. Una Semana Santa mucho mejor de lo que esperaba.

Durante muchos años trabajaba durante esta semana. Mientras otros disfrutaban de días de descanso o vacaciones mi trabajo se multiplicaba como le sigue ocurriendo a otros muchos periodistas, trabajadores de hostelería, de limpieza pública, del trasporte público, las fuerzas de seguridad... es lo que tiene Sevilla desde el Viernes de Dolores al Domingo de Resurrección con 60 cofradías recorriendo sus calles, cientos de visitantes que vienen a conocer la fiesta, miles de sevillanos disfrutando de los desfiles procesionales y un millón de personas participando de la Madrugá.

Aunque trabajaba no renunciaba a ciertas costumbres como salir de nazareno, estrenar ropa el Domingo de Ramos, presenciar alguna que otra procesión con amigos o familiares (a veces en determinados puntos en los que sueles ver a las mismas personas de año en año), callejear mucho en busca de los pasos, acompañar a novias o amigas que se vestían de mantilla, o saborear ricos manjares tradicionales de estas fechas.

Cuando dejé de ejercer mis labores profesionales en esa semana con unas gratificantes vacaciones no pude disfrutarlas a causa de la repentina enfermedad y estado posterior de dependencia de mi madre, cuyos cuidados ocuparon buena parte de mi agotadora rutina diaria varios años, hasta su fallecimiento, al que siguieron los posteriores acontecimientos narrados en anteriores Armarios Abiertos.

Desde entonces, se sucedieron los momentos de tristeza, depresión, expectación, ilusión, decepción, mal tiempo, desgana, desamor, falta de ánimo y miedo que protagonizaron las últimas tres semanas con luna de Parasceve.

Este año confieso que estaba preocupado, especialmente teniendo en cuenta el discurrir personal de los meses precedentes. Por primera vez en mucho tiempo parecía que el tiempo meteorológico iba a dar tregua, al menos en el sur, y que podría disfrutarse de una semana con sol y buenas temperaturas.  No me hubiera importado hacer algún viaje, o pasar unos días en la playa, pero no tenía nadie con quien hacerlo y no surgió ninguna invitación. Tampoco recibí visitas, que al fin y al cabo ayudan mucho a salir de la monotonía y la soledad. De modo que tocaba quedarse en casa.

Sin embargo, afortunadamente, quedarse en casa no significó como otras tantas veces, quedarse encerrado. De hecho salí muchísimo mas de lo que podía imaginar. Y lo mejor de todo es que tuve la suerte de hacerlo con buena compañía. Era algo que necesitaba y que he de agradecer enormemente, en especial a Carlitos y Chema, con Adrián y sus otros amigos, a Mikgel, y a Pcj por abrirme las puertas de su casa como otros años. Además he compartido otros buenos momentos con familiares, amigos cercanos y hasta los ya conocidos homófobos favoritos. Y encima recibí llamadas de Chequebo y Alberto o mensajitos de Jagg que siempre son bien recibidos. No se puede pedir más. Gracias a cuantos permanecen cerca.

Que bueno es saber que son mas los que llegan y no se van.

Recoger con mi cámara digital instantes de los desfiles procesionales que presenciaba para colgarlos en Facebook me permitió, a parte de rendir homenaje a cierto manchego, distraerme con el empeño y justificar así salidas de casa para hacer fotos, incluso aunque no quedara con nadie.

Ha sido una semana en la que he cogido cierto color moreno por las muchas horas de sol, ejercité las piernas con tanto caminar, me encontré con gente conocida, vi algún que otro famoso, pasé buenos ratos, disfruté de buena compañía, apenas paré en casa, hice muchiiiiiisimas fotos, cumplí con las tradiciones, me "disfracé" de Domingo de Ramos o de Jueves Santo (a la sevillana, con traje oscuro y corbata), vestí de pijo (para ver salir la cofradía de mi barrio el Lunes Santo o la mía del Miércoles Santo) o con ropa cómoda en otros momentos para hasta sentarse en el suelo si es necesario.

Una semana en la que fui de cervecitas, saboreé torrijas caseras, descubrí que han abierto un Duffin Dagels en Sevilla (y que ricos los donutts, por Diossssssss...), degusté helados y cafelitos en La Alameda en agradable compañía y estupendo ambiente, pestiños de Inés Rosales, chocolate con churros al amanecer del Viernes Santo, muchas ensaladas, tapitas por San Bernardo, y hasta una rica y completísima hamburguesa de La Parrilla de Mama Colores.

Días en la que me hice asiduo del recién inaugurado metro, volvía a pasear por calles del centro que solo transitas en este época del año, tuve la suerte de que se me pararan cerca muchos pasos, recé, me acordé mucho de mi madre y de otras personas que ya no están conmigo o están ausentes, quedé con mi hermano al que hacía mucho tiempo que no veía, y volví a sentirme niño al ver a mis ahijados disfrutar de las procesiones. 

Fue una semana de ver chicos guapos por todas partes, en la que analicé las modas, me sorprendí con el look de Mikgel, envidié el tipazo de Carlitos a pesar de tanta torrija, me reí con las ocurrencias de Chema o Adrián, fue agradable conocer a Cristina, Mari Carmen y Andrés, y quedar con Antonio.

Una semana en la que me emocioné, mis ojos se empañaron, surgieron muchos suspiros, eché de menos, escuché saetas, admiré el recogimiento y el fervor, celebré lo que tiene de fiesta y espectáculo, departí durante la larga espera de la Madrugá con madrileños y gente de Ciudad Real y poco después viví un cierto amago de susto como el de aquella otra del 2000, me libré de las bullas, callejeé bien, fui tan bien acogido como siempre en casa de Pedro, vi la versión de La Pasión de la BBC que emitió Canal Plus, y la retransmisión de procesiones por TV (hasta de Madrid) y escuché las de radio mientras recordaba viejos tiempos, y hasta tuve tiempo de ver mis series habituales que no "se fueron de vacaciones" o alguna que otra peli que aún no había visto (Closer, Invasión, Piratas del caribe. En el fin del mundo, Soy leyenda, No es país para viejos), otras que ya he visto muchas veces (como Ben Hur) y hasta avanzar en las páginas de La sombra del viento.

Encima, trasnoché todos los días. Y dormí bien, e incluso tuve un sueño erótico con alguien que hace mucho que no veo y ya ni leo. Upps, y en esta época.. que cosas, oye.

"Ahí queó" la Semana Santa de 2009.

A ver como sigue discurriendo abril...