Soy animal de costumbres.
No analizo sin son buenas o malas costumbres, simplemente están ahí, convivo con ellas. O ellas conmigo. No las juzgo. Y mucho menos las de otros, excepto que sean tan dañinas que puedan ser perjudiciales para los demás.
Me ha dado por pensar en ellas a raíz de una conversación mantenida hace unos días, durante la estupenda jornada de campo que pasé (y que me vino tan bien, por cierto) con Mikgel, Luigi, Carlitos Sublime, su Chema y Adrián, un amigo muy majo de estos últimos.
Alguno de los presentes preguntó la hora. Contesté sin que coincidiera con la respuesta de otro de los presentes. Al estar algo adelantada respecto al del otro tuve que confesar cómo suelo adelantar un par de minutos mis relojes de muñeca para así tener la seguridad de que no llego tarde a los sitios.
En la actualidad, la puntualidad es un valor cada vez más desconocido por una gran parte de la población. Antiguamente se nos mostraba como una de las principales virtudes de la buena educación, pero hoy día ha quedado en un segundo plano ahogado en una acuciante relativización temporal que solo reclamamos cuando pretendemos llegar en transporte público a los sitios o que nos atiendan en nuestros requerimientos mas o menos perentorios. Hay quien lo tiene como una sana costumbre.
Yo siempre he procurado ser muy puntual. De hecho, siempre llegaba a los puntos de cita con cierta antelación, a pesar de saber -en muchas ocasiones- de la extraordinaria ligereza de un buen número de personas en acudir a tiempo al encuentro conmigo.
Lamento decir que tal virtud se ha ido diluyendo en el tiempo y no soy ya tan puntual como antes. Se me antoja que a mi espíritu diligente interno ya no le corresponde la misma capacidad corporal para responder a las demandas temporales como antes. De forma que si antes hacías las cosas en, digamos, apenas 30 minutos, ahora -casi sin darte cuenta- observas que tardas varios minutos más de lo que solías y querrías.
El problema es que no te ves capaz de asimilarlo, de darte cuenta que hay una sencilla solución a esa rémora de lentitud corporal de la que te vas percatando va en aumento a los veinte respecto a la adolescencia, a los treinta respecto a los dorados años veinte, a los cuarenta respecto a los aún juveniles treinta... No ves que no hay nada más fácil para preverlo, que simplemente empezar a hacer las cosas antes.
Ocurre que tu cerebro no quiere entenderlo, porque sigue fiel a sus/tus costumbres. Y si de siempre te has arreglado en media hora, no consciente/s en añadirle ni cinco minutos mas al asunto por mucho que se/te de/s cuenta de que ya siempre sales por la puerta ya arreglado más tarde que antes. Por no hablar de lo que tardas en hacer un mismo tramo andando...
En fin, esas costumbres siguen ahí, pegaditas a tu ser, se han ido haciendo conforme tu crecías, y desde niño han ido creciendo en número y disposición. Y no quieren cambiar. Están a gusto.
Las hay que de pronto desaparecen de tu lado, sin saber muy bien porqué. En ocasiones porque eran malas copias que llamaron tu atención en otras personas más o menos cercanas y como una moda llegan a ti y como una moda pasajera también se van. Las mas de la veces por hacer sitio a otras nuevas que solapan las anteriores.
Hay costumbres que llevas contigo de toda la vida. Usos habituales que surgen de forma automática y enigmática, y que jamás te planteas prescindir, aunque nunca sepas de verdad como empezaron a rondarte o si son o no buenos ponerlos en práctica.
Me da por mirármelas y descubro una población considerable de ellas, algunas extrañas, otras absurdas, muchas pasables, otras tremendas...
Y siempre bailando en esa delicada línea que separa la costumbre de la manía. ¿Por qué tendremos tantas? ¿Qué oscuridad se encierra tras ellas? ¿Se pueden diferenciar claramente de las costumbres?
Os confieso algunas de éstas últimas que vienen ahora a mi mente. Igual hay quien vea en ellas manías más que costumbres, quien sabe. Como empezar a vestirme y desvestirme siempre antes por arriba que por abajo, (cuando veo en el gym que no es precisamente lo más habitual), lavarme otra vez las axilas y echarme desodorante si me cambio de ropa aunque la ducha fuera muy reciente (supongo que influye que no soporto oler a sudor en los demás y mucho menos en mi, salvo el que es fruto de la pasión, curioso ¿no?).
Costumbres como levantar todas las persianas de la casa nada mas levantarme de la cama o echarlas antes de que se vaya del todo la luz del día, acudir a mis citas con el WC con alguna lectura, volverme siempre primero hacia el lado izquierdo de la cama para dormir aunque luego cambie de posición para conciliar el sueño, cortarme las uñas de los pies con tijeras y no con un cortauñas, guardar la fruta en la nevera, planchar las camisas antes que el resto de prendas, comerme primero el trozo de tarta y ya luego beberme el café, cantar si estoy dándome un baño y no hacerlo en la ducha, afeitarme con música de fondo, dormir la siesta en la cama o tendido en el sofá pero nunca sentado en el sillón, procurar sentarme en butacas de pasillo en las salas de espectáculos, vestir en todo momento camiseta en la playa o la piscina salvo durante el momento del baño o de secarme tendido al sol (debe estar relacionado con el trauma por mi decadente cuerpo), ocupar la misma casilla del gimnasio...
Algunas me avergüenzan, quizás por lo ridículas, pero soy incapaz de quitármelas. Como abrir el grifo del lavabo cuando entro al baño en casa ajena o comparto habitación de hotel, para que no se oigan los ruidos naturales del ser humano en la miseria de su intimidad...
Hay otras costumbres que vienen de la mano de nuevos soportes técnicos y adelantos de la inventiva o el descubrimiento humano que se hacen fuertes de manera rápida en torno a nuestra vida diaria, y entre los que sobresalen el televisor y el ordenador.
Siempre recuerdo llegar a casa y poner la televisión, aunque no se viera. Aunque reconozco que me resulta fácil quitarla si voy a hacer otra cosa.
Por otra parte, suelo andar con mi PC portátil siempre cerca (en ocasiones en el baño o la cocina, pero sobre todo en el salón o la sala de estar), casi siempre encendido, aunque en ese momento lea alguna cosa, vea algo de televisión o me disponga a cenar, por ejemplo. A veces, conectado al Messenger y últimamente más al Facebook, otras simplemente con la página de inicio (siempre Google) abierta. Una costumbre como otra cualquiera. Como la de encender varios aparatos de radio por toda la casa al levantarme mientras ando de aquí para allá vistiéndome, recogiendo, desayunando... mientras escucho la SER (excepto cuando tengo visita en casa, claro).
Hay otras costumbres caprichosas, como mantener una conversación telefónica -por el aparato inalámbrico o el teléfono móvil- dando vueltas por las habitaciones de la casa. Antes, cuando la señal llegaba a una terminal fija, recuerdo que durante la charla no podía evitar ir siguiendo con el dedo los rebordes de las cosas o el dibujo de las figuras geométricas del papel pintado de la pared.
En la piscina hago la respiración cada cinco brazadas, salvo que esté tan agotado que apenas pueda ya coger aire para dar tres. Y si nado de espalda siempre cuento las brazadas mientras los pensamientos van de aquí a allá con sus cosas... mis cosas...
En fin, para no faltar a mi costumbre he escrito el post un poco largo. Pero ver que otras veces soy capaz de hacerlo mas breve me resulta esperanzador, me hace pensar que uno también es capaz de desacostumbrarse. Como nada me impide obviar esas costumbres ni me desespera no seguirlas al pie de la letra. Ojalá fuera mas fácil hacerlo con aspectos de la vida menos dañinos para uno mismo.
Habrá quien al leer esto haya pensado que soy un friki y otros a los que les habrá sido inevitable pensar en sus propias costumbres e incluso manías. Todos las tenemos, compartidas, parecidas, similares, distintas...
Las hay, ¡tantas costumbres!... y ¡tan tontas...! aunque las haya que pareciera que sin hacerlas tengas la sensación de que te falta algo...se te hiciera distinto el mundo... tu mundo...

26 mar 2009 | 08:10 AM
Esto que haces aquí, el otro día lo definía El País como "extimidad"... cada vez es más frecuente, no te preocupes, jejeje
26 mar 2009 | 09:38 AM
Pues no eres tan raro, tus manias coinciden con las mias en un 80%. La más curiosa que tengo a parte de adelantar el reloj, las revistas en el baño, abrir el grifo en casa ajena, empezar a vestirme por arriba, lo de las tijeras etc, etc, etc... es que para estornudar necesito hacer " pitos " con los dedos porque si no, no me sale o la de afeitarme siempre antes de durcharme.....Un beso
27 mar 2009 | 09:42 PM
Pues te diré, que si, que yo también tengo mis "manías", pero lo "friki" no es tenerlas...pero si que es tenerlas tan presentes, joder! yo tendría que pensar muy mucho cuales son mis costumbres...claro! que yo no soy muy de hacer siempre lo mismo, eso de preveer respirar x veces cuando nadas, etc, me parece increíble, por poner un ejemplo, yo soy más "arreu" como se dice por aquí!
Un abrazoooo! (que manía de terminar prolongando las vocales y con el signo de exclamación) :)
::chequebo::
4 abr 2009 | 03:33 PM
que sería de uno sin sus manías y sus costumbres.... bien por ellas... aunque sean de lo más absurdas..
besos... y que tengas una buena semana santa....