Enero está siendo un mes sencillo. Es natural.
Sencillo en las voces que recibo, en las palabras que me llegan, en cuantos momentos participo.
Tan sencillo como el decidido esfuerzo por mirar desde cristales anaranjados, por atender esperanzado los requerimientos diarios de un secreto, o la firme campaña de limpieza en la que ando metido en casa, desechando papeles y objetos ya obsoletos, inservibles y absurdos de conservar.
No faltan los detalles sencillos, como ir al cine o cenar con un buen amigo, recordar felicitar a Mugalari por su cumpleaños, mantener una breve conversación con Orlando con motivo del suyo (tan distinta a las de antes), las llamadas telefónicas de Alberto, el nuevo entretenimiento llamado Facebook, la lectura de blogs o libros que me han regalado recientemnente, la visión de series o programas de TV a los que uno se aficiona, el aún no suficientemente constante ejercicio físico en el gym, o el simple recorrido diario por las labores profesionales.
Hoy ando envuelto en languideces y perezas, apagado con las nubes que nos cubren desde ya ni recuerdo cuando, apenas asomado tras ventanas que se empañan, cobijado al calor del brasero y sin salir de mi sencilla casa.
Menos mal que anoche pude escapar algo de este vahido físico-emocional y me animé a acudir, aunque fuera sin compañía, al teatro Lope de Vega, donde sencillamente me reí muchísimo gracias a una divertida comedia -con tintes de melodrama- entrañable y positiva llamada Seis lecciones de baile en seis semanas.
He de confesar que disfruté como hacía mucho no lo hacía en el teatro. Naturalmente, a ello contribuyó la -como siempre- estupenda actuación de Lola Herrera haciendo de vieja señora asocial, protestona e impertinente a la que se acaba por coger un sincero y sencillo cariño.
Junto a ella, un actor nacido de la sencillez, Juanjo Artero (sí, aquel niño rubito de Verano Azul y reciente coprotagonista de El Comisario), quien me sorprendió sobremanera por su buenísima interpretación de profesor gay de baile con quien confieso me unían demasiadas coincidencias personales, lo que hizo que me identificara rápidamente con el personaje.
Hubo química entre los protagonistas y la hubo entre ellos y el público, que se notó lo pasó en grande a tenor por las risas y aplausos que no cesaron durante las dos horas de función. Así de sencillo y natural.
La obra es defensora de la tolerancia, lucha de forma sencilla contra los estereotipos y los prejuicios, y se nos muestra como un auténtico canto a la amistad mas allá de las diferencias por edad, sexo o carácter. Es tierna y graciosa, ocurrente y cercana, pero sobre todo muy muy positiva. Justo lo que necesitaba para seguir avanzando en los primeros pasos de este año tan naranja.
Por tener hubo hasta un momento de ojitos empañados durante esta obra que recomiendo vean todos cuantos tengan el corazón aún capaz de bañarse -naturalmente- en la sencillez.
Después de todo, como dijo Nietzche: "la sencillez y naturalidad son el supremo y último fin de la cultura".

Pero que palabras tan bonitas, jooooo!!! que artista...
Menos mal que aún haces esfuerzos por salir al exterior!!!
Y si, el nuevo pasatiempo FaceBook nos está quitando muuucho tiempo, jajajajaj...pero no deberíamos de dejar de hablar por teléfono, ¿no crees?
Ánimo!
DEW
Nada, que al final ONO me ha "impuesto" La Coctelera, asín que ya sabes, somos vecinos...gracias por la notificación.
Manda Webs, ahora no sale "Chequebo" será posible "la mierda de la Sole"
DEW
::Chequebo::
Es que Lola Herrera... es grandiosa.
Espero tener suerte y que vengan a Burgos.
Besos.
A veces, las cosas más sencilla son las únicas que necesitamos... Me apunto la obra, me gustan los actores y lo que cuentas... tiene que estar muy bien.
Un besitooo
PD: Muchísimas gracias por tus palabras, has conseguido emocionarme mucho... Gracias, de corazón.
Se dice que está siendo un duro invierno, pero en realidad está haciendo un invierno normal. Que llueva y haga frío en invierno, es lócigo. Cierto es que en estas latitudes no estamos acostumbrados, ni mucho menos, a esta ausencia perenne del rey astro, y que, sin duda, está ahciendo mellla en nuestros ánimos. Este invierno me ha dejado constancia de que yo, al menos, no podría vivir en Escocia, Irlanda, o Reino Unido. Tenemos las cabezas con nubes también nostros.
Pena que llegue tarde a tu recomendación. Me hubiese gustado ir. Aunque sea solo. Creo que es una sensación que, si no se repite más de una vez al año, es gratificante. Es como estar enamorado de la ciudad, y lo que te ofrece, y poder hacer uso de ello sin depender de una compañía. Pero, ay! lo que no se comparte...siempre nos deja el sabor de un cigarro terminado a medias. O de un buen café dejado a medias. LO que no se comaprte siempre se queda a medias: la de nuestra parte.
Pero hay que estar enamordo de la ciudad auqnue no pueda contemplarse la ciudad a través de otros ojos ajenos, y sólo de los nuestros propios.
Yo hace poco fui solo a una exposición en el Casino llamada Hombes en falda. No tenía muho que ver, la verdad. Estos días está en el Lope de Vega Arte, creo saber.
Lo propio de la naturaleza es hacer de la necesidad, virtud. Todo lo que es natural, es inocente. Cuanto más sencilos y naturales seamos, y más básicos, más completos somos y cercanos a nuestro origen y fin. Polvo somos, y en polvo...
Que siga tu idilio con la ciudad
enero....
Me suena a mí que por Valencia ya han pasado, así que la obra la doy por perdida. Malamente, resulta que la que sí está por llegar por estos lares es High School Musical y yo antes muerto que viendo eso!