Cualquier lector que lleve tiempo interesado en asomarse entre las ropas de este armario sabe que me gusta hurgar en el cajón las palabras, jugar con los títulos de los posts, y trastear entre presente, pasado y futuro.
También sabe que suelo bañarme desnudo en el bravo mar de las confesiones, tomar el sol en la acogedora terraza de la nostalgia, y envolverme con la niebla de la melancolía, que le contaba a Jagg el otro día.
Me aficioné a cocinar las historias y recuerdos de este diario indiscreto, saboreando las esencias de lo narrado, y utilizando interesantes ingredientes vivenciales.
Por eso, para entender una flor del otoño que se marchita hubiera de tener presente su florecimiento anterior hace un año por estas fechas.
A veces, las prendas del armario son perfectamente reconocidas por quien le echa un ojo. Otras, les cuesta identificar la marca, la talla o incluso el color. Sin embargo, si se acercaran lo suficiente probablemente reconocieran el aroma personal que las impregna. (Al escribir esto no puedo evitar preguntarme si a alguien me recuerda por como huelo... ¿habrá quien piense ¡uy!, huele a Manu? A mi me pasa con otros...)
El caso es que, a modo de "contrastes", me empeñaba en el anterior post en reflejar algo que me sucede con mucha frecuencia, y es lo fácilmente que podemos pasar de un estado de actividad o animación considerable a otro no menos intenso de inactividad o depresión. Algo que se me antoja demasiado brusco, la mayoría de las ocasiones, y que no deja de horadar mi -de por sí- delicado estado de ánimo natural.
La vida... supongo.
Mi vida... seguro.
Bien es verdad que la vida... mi vida.... te da sorpresas. Unas agradables, otras no tanto...
La última fue de las primeras. Llegó cuando menos lo esperaba. Y esta vez sí cuando mas lo necesitaba y no como tantas otras veces que por mucho que lo necesites no acaba de producirse ese milagro de calma en medio de la intempestiva tormenta emocional.
De este modo, surgió la oportunidad de salir del oscuro final de un puente -apagado y triste- de la mano de quien menos lo podría imaginar. No porque no esté dispuesto a hacerlo siempre que puede, sino por la distancia en kilómetros que nos separa.
Lo cierto es que no podía imaginar que un simple y literal "toc, toc" en forma de mensaje a mi teléfono móvil supusiera una visita sorpresa de Orlando.
Ya conté que llevaba días sin saber de él. Y le hacía por Madrid, ocupado, con sus interminables guardias, su particular cadencia de hacer las cosas, y disfrutando de la gran oferta de ocio que la capital ofrece al tiempo libre de quien quiera aprovecharla.
Pero por cuestiones familiares -que no vienen al caso- se nos vino otra vez al sur, y aunque no tenía previsto pasar de nuevo y tan pronto por Sevilla (no había pasado ni un mes desde el concierto de Madonna), al final se vio obligado a acercarse.
Y claro, su "toc toc" no me cogió de sorpresa, pero que me lo enviará desde Sevilla, sí. De modo que, con esta inesperada aparición, disfruté de su compañía un buen y agradable rato -breve para lo que me hubiera gustado, pero como siempre intenso- compartiendo una cenita en el VIPS del lado de casa. Esto me permitió mitigar algo la carga de soledad del puente.
Está claro que su compañía me sirve de batería, para recargar las pilas, por muy pequeño que sea el espacio de tiempo que estamos juntos. Creo que está relacionado con esa complicidad y esa simbiosis de pensamientos, coincidencias y afinidades que Chequebo pudo observar en primera persona durante nuestra visita a Valencia.
La sorpresa de su visita, de su presencia, no dejó de ser un sencillo acto que alivió la pesada carga de un puente solitario. Uno mas de los que se suceden a lo largo de la historia personal de cada uno.
Por eso agradezco los sencillos momentos que me rodean, como un "toc toc" a tiempo, o un "no hay problema para quedarte en casa", una inesperada llamada de Alberto mientras va en el bus camino de su ensayo, o un "ven cuando quieras, no tengo que invitarte", o un mensaje de Koeps a altas horas de la noche para ver como lo paso en una boda, o la referencia a mi próximo cumpleaños en el blog de Mugalari cuando aún falta tanto, o un correo de Carlitos Sublime invitándome a su cumpleaños, o el ofrecimiento de Chequebo por solucionarme cierto problemilla surgido en su tierra, o las palabras de amables de otros blogueros o comentaristas capaces de captar la esencia de lo que intento decir por aquí, o una felicitación de mi jefe por el trabajo hecho, o que me inviten a una boda y la novia se empeñara en que me quedara mas tiempo con ella, con la de invitados que había... por citar solo algunos de los pequeños detalles de la última semana que permiten saborear lo bueno que nos viene.
Son cosas sencillas, simples momentos, inesperados instantes, detalles sin importancia que lo hacen más fácil. A los que habrá que sumar actuaciones, costumbres o usos habituales (un día de estos haré referencia a ello) que, cargados de sencillez, son también capaces de convertir algunos ratitos de nuestro cada día en auténticos oásis de microfelicidad.
Porque las cosas sencillas son las que dan sentido a nuestras vidas. Las complicadas... las que lo restan.

MI jefe siempre habla de 'la política de las pequeñas cosas'. Y al fin y al cabo, aunque sea un jefe, hay que darle la razón. Lo más pequeño es lo más significante. Por eso deberíamos prestarle mayor atención, para tenerlas siempre presente porque después las complicaciones suelen ser grandes.
Saludos!
Hola guapo.
Sigo por aquí, pero algo liado, y además últimamente sin internet, que se me ha averiado hace unos días.
EL otoño ha entrado, pero sigue sin hacer frío... Es un otoño extraño, gris, pero cálido... no sé si es que habrás hecho algún conjuro raro... En fin, que me acuerdo de ti de vez en cuando, aún no sé cuándo bajaré por ahí, pero me gustaría hacerlo próximamente... ya te llamo cuando sepa algo... o antes de saberlo, y así charlamos.
Besos.
Efectivamente, como sabiamente dices, hay que huir de los que nos complica, de las personas complicadas, de las situaciones que vienen dobladas... no es natural. Nada cuesta tanto. Todo es más fácil, más sencillo... Es fácil resolver la química de la piel. Es fácil adivinar qué te dice esa mirada, esa sonrisa... por qué retardar, alargar, o disimular?... No merece la pena los chupópteros. Los "serios complicados".
Un abrazo, niño.
PD: Pienso que me mira mi padre, ausente. Mi abuela, ausente, o incluso la persona de la que estoy enamorada en esos momentos... pienso, en secreto, que si me mirara en esos momentos de orgullo personal esa persona, la enamoraría aún más. O la enamoraría, por fin...
lo sencillo, es cierto. en ocasiones aún no me creo que alguien piense en mí para compartir los más sencillo un café, una confidencia, o un chistecillo. creo que importamos a mucha gente y, a veces, nos da miedo que así sea...
Hola!!!!
Hay que ver lo a flor de piel que tenemos las emociones cuando se acerca el otoño... cuando nos quedamos en casa, cuando llueve, cuando tenemos más tiempo en pensar.. y no se por qué.. nos da por pensar mucho en nosotros mismos, en como estamos, etc.etc... pero llevas toda la razon del mundo en que las pequeñas cosas son las qeu nos alegran los días... y la vida...
Ojalá que siempre las tengamos.. y ojalá estén siempre cuando más las necesitemos!!!!
Un abrazo!!!
Y un comentario de alguien que no esperas? Ahora entiendo pq Espantapajaros hacía referencia a tu post en mi blog.
Manu, tengo que confesarte que la última vez que estuve en tu blog te comenté de aquella manera, sin saber que eras Enis. Eso lo supe después y tuve que confirmarlo con Canalla.
Desde luego tu relato pormenorizado de tus encuentros con amigos eran igual que habían sido siempre de pormenorizado y cariñosos, pero te notaba una tristeza que antiguamente no tenías. Recuerdo tu blog que me producía como miedo, casi no me atrevía a comentarte del respeto que te tenía. Y ahora, de repente, te encuento igual de expansivo, mas introspectivo, pelin triste pero más humano.
Bueno, no se si te puede servir de algo, pero aquí estoy, hoy solo quiero dejarte un beziño de los míos. Espero seguir leyendote ahora que, después de algunas cosas pasadas de algunos conocidos comunes, hoy ya no temo a nadie ni a nada. En fin, si necesitas algo, cuenta conmigo.
Bezos.
Toc - toc.
Gracias por nombrarme en el blog (una cosa sencilla que me alegra; un placer que te acuerdes de un desconocido). Gracias por contarnos tus cosas (yo creo ser un sencillo solitario). 2 veces he ido al VIPS de Sevilla con una amiga y ya iré menos.. se me acaba la beca y dejaré la ciudad.... :( (abré pasado desapercibido). pero yo soy de cosas sencillas.. un café, un sms, un cine, un toc.toc, así, sin más.
yo hace tiempo q tenía esa lección aprendida, de todos modos no está mal repasar de vez en cuando.
besos, enis
cosas sencillas son por ejmplo encontrarse con alguien q aprecias en el msn. para ti veo q mas q sencillas son coñazo
las cosas sencillas son el sustrato de la vida. lo q rellena el tejido de cosas grandes q permiten q las montañas se mantengan en sus sitio y los valles en el suyo
molaaaaaaaa
Dos palabras tan simples que hacen que una persona se alegre tanto....
Que pena que esas dos simples palabras, tan "Matrix" no ocurran de forma cotidiana, pero hay que tener valor para continuar buscando "nudillos que golpeen tu puerta del ropero"...
Un abrazo...