¿Cómo estoy?

Mueeeeerrrrrtaaaaaa...

Así respondí al saludo inicial de Alberto en la última conversación por Messenger (nunca agradeceremos lo suficiente un invento como este) mantenida la noche del domingo después de un intensísimo fin de semana.

Coincidía que él también lo estaba, pero eso te pasa por dar tantos saltos, ranita. Claro que luego el niño tiene esas piernas que tiene...

Lo mío, mas que por bailar, fue una mezcla fisico-emocional y un no parar en los últimos días.

Mejor me pongo de fondo el disco de Mónica Naranjo que me descargué gracias a Quijote y me acompaña mientras os cuento.

Me encanta la diva, lo confieso. Soy fans -que diría mi debilidad malagueña de ojos claros- aunque también me he hecho fans de Mariamparo de Supermodelo. Que arte.

En Pentecostés disfruté de la siempre agradable compañía de Mikgel con quien recorrí una Sevilla semidesierta en pleno sábado del Rocío.

Mientras muchos se regocijaban entre el gentío de la aldea almonteña a base de copas, rezos, cantes, bailes, y desfases variados, en función de su peculiar espíritu rociero, nosotros optamos por una tranquila jornada cultural.

Mírales, que monos ellos.

Coincidíamos en interés por ver la exposición de Botero que alojaba la sala de exposiciones de Cajasol. Era la primera que veía de este artista y me sorprendió mucho, la verdad. Es una muestra magnífica como alegato contra la violencia y la guerra. Todo un acierto.

Como se deja ver fácilmente no hubo que apresurarse demasiado para llegar a la collación de las V.O. que en Sevilla es el cine Avenida (y que vienen a ser, a escala local, como los cines Renoir de Madrid, frecuentados         -dicen- por el Príncipe Felipe).

Al Avenida solemos ir (sobre todo si la temática de la película es gay) muchas Letizias y alguna que otra reina, a parte de mucho modenno y mucho aficionado a un cine mas alternativo o amante de las versiones originales.

En este marco incomparable -siempre he querido dejar estas palabras en un post pero nunca me había atrevido- disfruté de un Kit Kat y compartimos un superpaquete de palomitas y un vaso de Coca Cola tal que pareciera recién sacado de Cariño he agrandado al niño. Aún fluctúan algunas burbujas por mi esófago. Claro, como ya no tengo quien me abrace y me de palmaditas...

La peli (Mil años de oración), china,  estuvo bien, en mi línea de los últimos tiempos sobre soledad, incomunicación, etc. Para regocijarme en mi habitual melancolía.

Eso sí, me sorprendió el aforo, más numeroso del que podría esperarse y muy variadito en edades y tipología social.

Tras el cine, una vueltecita por la librería de El Corte Inglés para refugiarnos de uno de esos chaparrones de mayo que cantan las sevillanas rocieras, momento que aproveché para llamar y ver si se animaba Pcj a tomar algo con nosotros. Pero estaba malito el pobre. Le hice una visita a los pocos días para interesarme por él y darle un tirón de orejas por lo abandonadito que me tiene.

La lluvia duró poco así que nos dirigimos a esa maravillosa isla de aire fresco que para la ciudad, tan plagada de esencias algo rancias, no deja de ser La Alameda. Allí cenamos en El Paladar en una de nuestras animadas charlas sobre urbanismo, ocio, blogs... y sus divertidísimas crónicas de un pueblo.

Me gusta estar con Mikgel.

Entre semana tiempo para ir al médico, al gym, algo de Messenger, la llamada diaria de Alberto, alguna compra, mucha serie TV, mucho OT, mucho Supermodelo, mucho curro, mucho aburrimiento... lo normal.

El siguiente finde encuentro, a pesar del mal tiempo, con Carlitos Sublime y su Chema en El Bosque Animado, hacía mucho que no nos veíamos y fue agradable. Están a régimen y se les nota. Otros que se sorprenden con mi look pelo largo.

Nos marchábamos del Bosque hacia el Republica cuando nos encontramos con Shiquillo, su Gaby, y una amiga de ellos. Un poco mas tarde llegó mi amigo David. Tras un buen rato de charla decidimos cambiar al Central donde cerramos el kiosko. Algunos, porque otros decidieron seguir de marcha por el MTM a sugerencia mía, y eso que no lo he pisado en mi vida, pero me encanta velar por los demás.

Hacía tiempo que no tomaba un taxi para volver a casa. Una ruina, oye. Y como sigo con mi plan de choque (a punto ya de rayar en la cutrez ultraahorradora mas absoluta, pero que efectivo) casi me da un infarto cuando me dijo el taxista la cantidad.

Me compensa recordar que ya tengo los billetes de AVE para las vacaciones y a un precio increíble. Me he hecho fans de las ofertas web de RENFE. Lo que te ahorras, tú...

Aunque las copichuelas nocturnas no están mal, de vez en cuando, confieso que me apetece últimamente mas salir con sol. Y uno de mis mayores placeres es el de un buen café -con tarta- en el Trajano el domingo por la tarde, un día que a otros les llena de pereza para salir.

Allí he echado últimamente alguna que otra tarde con Antonio o con David. Con este último he descubierto un nuevo café al ladito de La Alameda que me ha gustado, el Egoísta, con asientos superoriginales. Curiosamente allí me encontré y saludé a Zuhor, al que no veía desde la última visita de Tato y LuisM. Está muy guapo el mushasho.

En fin, esto no ha sido mas que el aperitivo. El atracón de actividad me lo dí durante el puente, saliendo todos los días, recuperando viejos amigos como Vulcano, y sobre todo con el regreso de Orlando. Pero os lo cuento en breve con mas detalle, porque no quiero hoy cansar a mis queridos lectores y sobre todo porque como ya he dicho, estoy..

Mueeeeerrrrrtaaaaaa.