Este fue el último post de mi anterior armario.
Quise sacar de él algunas de las prendas más queridas antes de cerrar sus puertas digitales para siempre. Para, de este modo, cualquiera que se acercara hasta este nuevo espacio pudiera estar en antecedentes de como fueron las visicitudes de este bloguero desde sus incios y hasta la actualidad.
El último post me pilló con depreblog...
Eso quiere decir que me cuesta comentar, y actualizar, aunque aún tenga interés en leer lo que escriben mis enlaces favoritos, mis amigos, y algún que otro bloguero mas.
Y aquí estoy, con la Invasión Jurásica de Cuatro de fondo (que me gustan estas cosas) mientras me animo a contaros algo.
Como ya os dije, a la semana del Orgullo en Madrid le siguió otra en Zaragoza, donde pude disfrutar de la Expo y de la compañía de mis maños preferidos.
Después de mi estancia del año pasado creí manejarme mejor por Zaragoza, pero reconozco que sacándome de las calles mas cercanas al Pilar sigo sin hacerme con esa ciudad. Su distribución urbana me lía cantidad. Aún así llegué bien a casa de Alberto, quien me acogió amablemente estos días.
Tras sorprenderle con una camisa como regalo de cumpleaños y hacer una pequeña siesta de rigor, quedamos al atardecer con su ex novia para saludarla y recoger unas copias de las llaves de casa para poder moverme sin problemas estos días. La acompañaba su nuevo y guapo novio al que ya conocí en Sevilla.
Después estuvimos degustando la rica verbena de tapas de La Republica, tras dar una vueltecita por la orilla del Ebro y tomar algo en el Café del mar, un sitio muy chulo (pero con pinta de pijo) que no debería desaparecer tras la Expo.
Al día siguiente ya acudí bien temprano al recinto, dispuesto a enfrentarme a muchas horas de cola solito y descubrir una numerosa muestra expositiva de lo mas variadita.
Con la entrada de tres días que me regaló Alberto por mi cumple tuve ocasión de conocer la Expo en profundidad. El primer día ya le tomé el pulso a las esperas visitando los pabellones con mas reclamo popular: España, Acuario, Japón, Alemania...
Los otros día ya fui completando la lista de pabellones visitados, ayudándome del consabido pasaporte donde los sellitos me ayudaban a recordar lo que ya había visto. Prácticamente la vi entera.
Me encantaron los edificios del pabellón de Aragón, el de España, y el pabellón puente. Y me encantaron los numerosos audiovisuales en 3D, la película con cascada sorpresa de Japón, la casi atracción de feria de Alemania, la conjugación de agua, música, laser e imágenes en el pabellón de Andalucía, la experiencia del huracán en el de Aguas Bravas, y que en el de Extremadura me midieran mi dulzura (70%).
Disfruté mucho con la película de Saura en el impresionante escenario del pabellón de Aragón, así como el espectáculo de El hombre vertiente, la cabalgata de El Circo del Sol, el contenido expositivo del pabellón de España, y la tremenda subida y bajada de la Torre del agua (con sus vistas).
Sin olvidar los bailes típicos de Vietnam, los vistosos pasacalles de Portugal, el vendaval del Caribe, el café de Colombia, el simulador de ski de Andorra, la concienciación medio ambiental de El faro, la jugosa pizza de los puntos de comida, las variadas tapas de los restaurantes autonómicos, el chocolate y galletas belgas, la recreación de Marruecos o Argel, el 4D de Kuwait con la divertida escena del camello, la ambientación del acuario...
Fue curioso encontrarme con unos tunos de Córdoba cantándole a las azafatas de Cantabria, y descojonante el poco sentido del ridículo de la gente tras ver como bailaban el vals o el tirolés, vestidos con sus correspondientes trajes regionales, dentro de una burbuja en el pabellón de Austria. Por no hablar de la familia entera (papa, mama y dos hijos) disfrazados de trajes tailandeses que posaban ante todo el mundo de semejante guisa para hacerse una foto de recuerdo.
Claro que a mi me fotografiaron en plan Bob Marley (con sombrerito de colores y rastas), o montando en un cayuco oriental. No faltaron posados ante los edificios mas destacados y gran cantidad de autoescenas (cosas de ir uno solo).
Mención aparte merecen el guapísimo azafato rubio de la Comunidad Valenciana, otro moreno monísimo de la Santa Sede, y ¡¡¡sobre todo!!! cierto catalán con el que me encontré el último día en la cola de uno de los pabellones.
Muy masculino, moreno, bajito, pelo corto, ojazos negros, delgado sin musculatura, velludito, y muy muy muy guapo. Olía muy bien y su voz me volvió loco. Me daba un morbo tremendo, y teniendo en cuenta que desde Orlando nada de nada, pues imaginaos como reaccionó mi corazón.
Coincidimos en algunos pabellones, intercambiamos miraditas reiteradamente en varias colas y... digamos que funcionó el gayradar. Al final, acabamos charlando y resultó ser de Barcelona, con novio (¡¡¡cachis!!!), muy simpático y encantador.
Digamos que el cruce de miradas y el posterior contacto con alguien así me subió la moral, aparte de alguna que otra cosa. Fue breve, pero intenso.
Lo peor de la Expo fueron las colas, el calor, los precios, y sobre todo la impresionante tormenta de granizo y viento que nos sorprendió el viernes por la noche y obligó a suspender el concierto de Dulce Pontes y Estrella Morente. Con las ganas que yo tenía. Menos mal que Mikgel le sobra una entrada para su despedida en Sevilla.
En cuanto al espectáculo del iceberg, se trataba de un concepto interesante en su planteamiento, de hermosa banda sonora, y espectacular puesta en escena, pero no me volvió loco. Me esperaba algo mas festivo, similar al espectáculo del lago en la Expo de Sevilla. Nada que ver. Y claro, me defraudó.
Pero la Expo en conjunto me gustó, obviamente no tanto como la del 92, pero mas o menos como la de Lisboa 98.
Lo que me gusta a mi una cosa de estas, oye.
En Zaragoza aproveché también para ir de tiendas, ver una interesante exposición en La Lonja, visitar de nuevo el Pilar, tomar algo con Alberto en alguna que otra terraza junto al río (donde vimos al presentador de las mañanas de TV Aragón), salir de tapas y copas con sus amigos y novio, conocer algo del ambiente copeando en el Urano, comprar una rica trenza de hojaldre y frutos secos, probar buenísimos pasteles de chocolate, comer en un Vips mientras nos refugiábamos de la lluvia del sábado, y cansarme mucho.
Regresé a Sevilla con un dolor de riñones de antología y un descenso considerable en la cuenta corriente. Cansado pero satisfecho. Contento por esas dos semanas de vacaciones y triste por no tener cerca a cuantos me acompañaron en el devenir de esos días.
Me pregunto... ¿cómo serán mis próximas vacaciones?

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