Aquellos días fueron los mas fantásticos de toda mi vida. Me sentía tan tan tan feliz... Jamás pensé que un día podría llegar a decir eso. Y sin embargo así es como me sentía. Y lo que es aún mas significativo, así me veían los demás.

Me sentía verdaderamente feliz y solo puede decir eso quien ha nadado en infelicidad o vivido en ausencia del estado de felicidad que todos ansiamos. Lo no conocido da sentido a lo que conoces y sobre todo a lo que descubres por primera vez.

Si te lanzas a la piscina... no sabes como estarán las aguas. Ni si haces pie. Pero la vida es riesgo y hay ocasiones en que -sin saber muy bien cómo ni por qué- las cosas se suceden de manera que nada es como parece van a ser y el miedo a que la piscina esté vacía, o llena de pirañas, o rodeada de mirones, se pierde.

¿Tirarme? Cómo no hacerlo con alguien así que te coge la mano y se lanza contigo a quien sabe que aguas oscuras y profundas... De modo que coges impulso y te zambulles. Dejándote llevar por la confianza que pones en sus ojos y su sonrisa, esas en las que uno se pierde... Y por fin ves las aguas cristalinas.

Así me ocurrió desde que me sumergí en la piscina de las relaciones con Orlando, compartiendo el riesgo que conlleva saber nadar y guardar la ropa, llevar el ritmo de la natación, la cadencia adecuada, emparejar el estilo, hacer llevadero el ejercicio duro de la convivencia y fáciles los momentos de jugueteo en el agua, protegiendo los ojos ante el cloro de las dudas, y haciendo sitio entre tanto bañista que salpica, hasta tener la piscina para nosotros solos. 

En alguna que otra ocasión, en estas mismas páginas indiscretas de este diario revestido de madera de armario, con mucho fondo y poca forma, hice referencia a la necesidad de saber de mi mismo y comprobar por mi mismo si la ruta que tomé hace tiempo era la correcta.

Sintiéndome bisexual, viniendo de tener solo relaciones con chicas, y dejándome llevar por "la luz" hacia un campo tan distinto como el homosexual (que siempre vi en la distancia, como si solo hubiera aprobando el examen teórico sin haberme presentado aún a la práctica), era casi algo obligado reclamar para mi el entender y saber si era yo capaz de establecer vínculos afectivos, emocionales, y de pareja con alguien de mi mismo sex(s)o.Y en eso estaba. Obteniendo resultados excelentes.

Era feliz... y así me veían los demás... Jamás pensé que un día podría llegar a decir eso.

¿Qué cambió en esos meses para que me sienta capaz de semejante definición sobre mi estado de ánimo? Pues todo.

Que misterio encierra la vida de una persona que en cuestión de semanas... puede cambiar tanto.

Tras mi primer verano con Orgullo en Madrid, las visitas a amigos entrañables del norte, y el reencuentro con los amigos de Sevilla, tuve oportunidad de conocer al nadador mas adorable del mundo (¡¡¡y no lo digo por el paquete de su bañador, so guarros!!!).

En otoño la piscina no había cerrado, solo echó su cubierta. Y abrió sucursales. Probamos las instalaciones de la cadena de piscinas, en Madrid. Y para allá que nos fuimos, en el acuarium del Altaria. A brazas.

Cuando llegué a la estación aparecí, como siempre que viajo, algo en tensión. Y eso que esta vez iba bien acompañado. Tras tomar un cafetito para reponernos del poco dormir de la noche anterior -con tanto trueno y tantos nervios- subimos al tren que en poco mas de tres horas nos llevaría hasta Madrid. Poco a poco me fui relajando. Ejemplo de ello un sentido unir de labios o un hombro acogedor de cabezas soñadoras.

Al llegar, un emocionado reencuentro con Alberto quien me ayudaría a llevar las maletas a la pensión de Callao mientras el pirata realizaba unas gestiones de lo suyo. Nada mas quedarnos solos -casi la primera frase, repetida hasta la saciedad por mas de uno- "es muy guapo, guapísimo" y que sería completada una vez que ya se conocieron mas por "además es un encanto de niño" o un "es majísimo" reiterado también por mas de uno.

Conclusión: Orlando es guapo y encantador. Cosa que yo ya sabía.

Lo que no sabía es que podía hacerme sentir tan feliz como lo ha hecho. Con cosas sencillas. Con una simple mirada. Sin palabras. O con ellas. Y con gestos, actitudes, sacrificios o detalles que en conjunto -y con la ayuda de amigos maravillosos- me hicieron vivir el mejor fin de semana de mi vida.

Necesitaba saberlo y con él lo descubrí. El camino de baldosas amarillas es el adecuado. El arco iris se ha abierto para mi y luce en el cielo junto a un sol espléndido. Le eché valor al Enis asustadizo e inseguro, me metí en las aguas con la sensatez adecuada que mi cerebro reclamaba, y recuperé mi autoestima de corazón herido. 

Soy capaz de ser feliz. Y soy capaz de serlo con un chico. Y si puedo serlo un fin de semana puedo serlo toda la vida. ¿Sería con él? Que mas quisiera... soñaba con ello. Pero eso solo lo podía saber el paso del tiempo.

Prometí ir contando, sin contar, en ese complicado equilibrio que guardo desde que conocí al hombre con los ojos mas bonitos del mundo, como me sentía y como iban las cosas.

En aquel momento podía confesar que aquel fin de semana en Madrid fue maravilloso... una receta con ingredientes fantásticos y resultado inmejorable. Un plato único y a repetir por lo exquisito de su sabor.

Con su poquito de tiendas por Fuencarral y Hortaleza...

Con su poquito de comidas en el Fres&Co de Caballero de Gracia (donde no conseguía cerrar el grifo del helado), y el Noodles de Chueca (que rico el arroz con leche de coco, por cierto)...

Con su poquito de cenas en el Vips (lo que da el mundo de la moda para hablar, oye tú) y el Burger King de Gran Vía (donde tuve ocasión de saludar a un guapísimo Koeps)...

Con su poquito de chocolate en Valor (rodeado de señoras mayores de esas que le encantan a Pcj)... su palmera de chocolate de La Tahona de San Onofre (carísima pero deliciosa)... su refresquito en el Mistic de Chueca (lo que nos gusta un cristal grande para ver la fauna gay)... su frase del viaje aportada por Antonio imitando a la "xegofana" Rebeca de Gran Hermano 9...

Con su poquito de ruidosos vecinos de pensión... de preguntar una y otra vez ¿de que habitación sois, chicos?... del ascensor de la sorpresas... 

Con su poquito de familia-sofá cuando van de boda... de perros con chubasqueros... de chicas que piden otras marcas en tiendas de única marca...

Con su poquito de agradables tertulias y cenas con Antonio y Alberto... con David y Paco...

Con su poquito de visibilidad por la calle...

Con su poquito de demostración de cariño en público...

Con su poquito de mimir...

Con su poquito de pasear por Chueca... por Gran Vía... por Sol... por Plaza España...

Con su pizca de Noche en blanco...

Con su poquito de Black & white (¡¡¡que de gente en tan poco sitio!!!)... su poquito de Me da igual (con frikis que se ponen el vaso en el cuello y las miradas hacia Orlando volaban incluso desde los ojos de alguno de los que nos acompañaban)... su poquito de no hacer cola en el Black & White o el Polanas, ya los dos solos (decidimos no esperar y probar en el demasiado y sorprendentemente hetero Priscilla...)

Con su poquito de casi pedo o puntito...

Con sus poquito de ratos de siesta...

Con su poquito de sorpresa aniversario, con olor a canela...

Con su poquito de desayunos de mediodía en Zahara con Alberto (lo que te agradezco las cosas que me dices de él, niño...)

Con su poquito de descubrirle cosas nueva como el Templo de Devod...

Con su poquito de aperitivo en el Stop Madrid...

Con su poquito del Vulcano de siempre en la comida del Noodels...

Con su poquito de mas tiendas... de ratitos de metro... de gastos y mas gastos...

Con su poquito de sex shop, con el mejor regalo que podía hacerme, ese comic del chiquitín Manu...

Con su poquito de copas y bailes en La Lupe de Chueca...

Con su poquito de la indescriptible Cool (aún desconocida para mi)...

Con su poquito de música house, su pachangueo, su Umbrella, su Britney...

Con su poquito de "yo no me quiero ir..."

Con su poquito de silencios...

Con su poquito de fotos.

Con su poquito de "¿¿¿ese que está ahí no es tu hermano??? subiendo la rampa de la estación ya de vuelta. Que corte pasé...

Con su mucho de pensar dos palabras...

Todos los ingredientes necesarios para hacer un fin de semana inolvidable. El plato se llama Flor de Otoño.

Como el poema de Edith Sodergrand....

              Yo soy la última flor del otoño.
              Fui mecida en la cuna del verano,
              fui puesta en guardia contra el viento del norte,
              rojas llamas florecieron
              en mis albas mejillas.
              Yo soy la última flor del otoño.
              Soy la simiente más joven de la primavera difunta,
              es tan fácil ser la última en morir:
              he visto el lago tan mágico y azul,
              he oído latir el corazón del verano difunto,
              mi cáliz sólo contiene la semilla de la muerte.
              Yo soy la última flor del otoño.
              He visto sus profundidades estelares,
              he contemplado la luz de cálidos hogares lejanos,
              es tan fácil seguir la misma senda,
              cerraré las puertas de la muerte.
              Yo soy la última flor del otoño.

A veces, la última flor del otoño vive la mas hermosa de las primaveras.