Estamos llegando al final del este recopilatorio de posts, casi una antología de lo mejor de armarios anteriores, de tantísimas vivencias y experiencias, de tantos amigos y de tantos momentos...

He querido resumir brevemente, en unos pocos posts, lo que han significado estos años de blogs, y destacar lo mas importante que sucedió a lo largo de ese tiempo. Se queda demasiado en el camino, pero a grandes rasgos sirve para poner en situación a cualquiera que quiera asomarse a este nuevo armario y a quien guarda sus prendas en él.

De todas formas combinaré periódicamente, con los actuales, la recuperación de algunos otros posts que me gustaría no se perdieran en la nada del ciberespacio y que fueron importantes para mi.

Agradezco las visitas y los comentarios de blogueros recién descubiertos como Cristóbal, Abigail, Merce-hola o "esperandote"... siento no tener tiempo para comentaros, pero es complicado resumir tantos escritos hasta ponerme al día. Releer, seleccionar, corregir... lleva su tiempo, y he de hacerlo pronto o  a cierto valenciano le da un pasmo. Espero poder disponer de tiempo para leer con atención vuestros blogs y comentarlos en breve. Aunque ya he echado algún que otro vistazo y prometen...

También quiero agradecer que sigan ahí gente tan querida como Alber, Fernando, Chequebo o Koeps... que poco a poco me van descubriendo. En unos días comunicaré al resto de mis contactos, enlaces y amigos este nuevo blog.

Y empezará una nueva etapa.

A ver que depara...

La recta final de este recopilatorio llega de la mano de un amor. Quizás la única y verdadera vez que he amado de verdad. Pero no pude saberlo hasta experimentarlo y darme cuenta de cuan diferente fue a todo lo anterior.

Tan así fue que apareció en mi vida y apenas comenté nada en su principio en esta bitácora de viaje. Quizás por miedo a que ocurriera lo de siempre. Tan solo me atreví a soltar algunas frases sueltas en aquel caluroso mes de julio del pasado año. Cierro los ojos y es como si volviera a vivirlo de nuevo, con la misma intensidad...

Desde que volví de las vacaciones no he estado solo, ni aburrido, un solo día desde que regresé. Y en pleno verano aquí en Sevilla es sorprendente pero lógico, dadas las circunstancias.

Volví al sitio que me corresponde. Y siguen haciéndome feliz. Estoy viviendo días increíbles, momentos entrañables y fines de semana fabulosos.  Estoy orgulloso.         Me siento querido y arropado.  Me hacen mucho bien. Sigo queriendo. Me quieren.

Está visto que hay cosas que no se pueden disimular. Ni en una reunión, ni en una cena...  Alberto se me descubrió así en plan vidente. Y va a resultar que tiene poderes de verdad. Una invitación al Kolabora lo rubricó.

Mantuve encuentros con los buenos amigos y proveché una quedada para presentar en sociedad.  Hice planes para ir a Madrid y seguir con las presentaciones. Tomé decisiones y me mantuve firme.  Cada vez mas visible. Las circunstancias cambiaron. 

Nada fue como antes. Seguía necesitando a Alberto y a los demás. Pero me reconfortoba en lo bueno que trajo el verano.  Las imágenes no solo fueron del pasado, y la cámara reflejó nuevos rostros y paisajes interiores. Mantuve la esperanza. Los sueños se hacían realidad. Ahondé en confianza y en mirar a los ojos. Mi vida no siguió igual.

Me mantuve firme en no escribir mas en negativo (entonces precisamente no hubiera podido, todo era positivismo) ni contar según que cosas... Pero soy tan trasparente, que Pcj, tras un profundo y duradero abrazo, me soltó un "Que bien te veo, en todos los sentidos...". Estaba... me sentía tan feliz...

Sin embargo, no todo fue un camino de rosas. Hubo espinas.

Cierto día tuve que escuchar:

- Me he enterado algo de ti que no me gusta...

- ¿Y qué es? ¿Quién te lo ha dicho?

- No te lo puedo decir, se lo prometí a quien me lo dijo, pero algo he oído, y no me ha gustado nada...

 Y no hubo manera de sacarle mas.

Evidentemente me conocía poco. Si me hubiera conocido entonces, como me conoce ahora,  sabría que no podía haber hecho nada peor. Que el comentario se metió en mi como una saeta disparada a pocos metros, y con la flecha envenenada cargada de incertidumbre y angustia. Por mi inseguridad, y ante la negativa a lograr mas explicaciones por tan enconado ataque me llevé dos días dándole vueltas a la cabeza, casi sin comer, con mal cuerpo... no por mala conciencia, sino por impotencia y disgusto. Que alguien que quieres te suelte eso y se niegue a decirte nada mas... duele.

Nunca me ha gustado eso de hablar a las espaldas, aunque confieso que es algo que hacemos todos. Y quien se llame libre de pecado es un hipócrita o un ciego. La vena de maruja cotilleal no hay quien se la quite, pero hay que saber a ciertas edades cuando debe uno hablar de frente y cuando esconderse. Pero, sobre todo, procurar dar la cara en asuntos que pueden herir y mucho. Insisto, hay temas y momentos con amigos, parejas o familia, que por su consideración o importancia siempre deben plantearse a la cara. Y sobre todo confiar.

Hay que confiar en quien tienes a tu lado, hasta que te convenzas, por ti mismo, de que esa confianza no es merecida. Siempre habrá tiempo para que la desconfianza anide en tu mente si es que las dudas persisten o las explicaciones oportunas escasean o se hacen ausentes. Pero imponer la culpa o sentenciar sin ni siquiera dar opción a una mínima defensa... es muy triste.  Tirar la piedra y esconder la mano a veces puede ser inevitable y la mayoría de las veces es intencionado. Pero siempre es una actitud muy cobarde. Sobre todo si -se supone- hay confianza...

¿Qué tiene mas valor. Esa promesa que se hace a quien te cuenta algo (malo) sobre alguien o la confianza en quien recibe el anuncio envenenado? Porque... ¿y si esa información tan gravísima no fuera cierta? ¿O está viciada de origen? ¿Y si la persona que la da lo hace por maldad, por malmeter, por inconsciencia, por envidia, por inventar o hacerse el interesante, por rencor, por estupidez...? O es un error de identidad y la información no se refiere al que acaba trasquilado sino a otro...

Sea como fuere ¿qué mas da? ¿No es mas fácil hablar con el objeto del rumor, la calumnia, o la verdad sangrante? Pedirle explicaciones, conocer su opinión, ver como recibe el asunto, dialogar... La base de la confianza está en el dialogo.... Así pues, mi inseguridad me hizo navegar, una vez más,  inestable en el rumbo errático de las emociones, pero sin riesgo de zozobrar. Porque claro, uno no puede evitar hacer repaso en busca de esa maldad tan malísima de su vida y pensar quien puede querer hacerte daño...

Haciendo balance, me di cuenta de que mi trayectoria vital había sido poco interesante en enfrentamientos o reyertas personales. Completamente vacio ese capítulo durante la infancia, adolescencia y juventud. Ni siquiera durante la etapa universitaria u de opositor hubo nada que reseñar. Así pues, solo quedaban dos flancos delicados de la vida privada de un servidor donde podrían agazaparse los recelos malintencionados: el desamor y el trabajo.

Quizás alguna de las chicas que quisieron algo conmigo y yo no atendí por atraerme mejor otras, o alguna de mis ex-novias, aún no hubiera asimilado la ruptura. O quizás, se tratase de algo relacionado con mi vida laboral, donde la jungla de jefecillos, empleados y clientes insatisfechos por las decisiones o las actuaciones que debes tomar en el devenir de tu puesto de trabajo pueden motivar algún que otro enfrentamiento, discrepancia, o enemistad.

Enemigos... curiosa palabra. Se que hay gente que tal vez no me trague, no simpatice conmigo, se sienta desplazada o algo así, pero hasta el punto de llamarse mi enemigo como en los culebrones de la TV... francamente no lo creo. Aunque hay tanta falsedad en este mundo que cualquiera sabe. No creo ser, de todas formas,  tan interesante como para eso. Pero, y a pesar de todo, ¿puedo llegar a tenerlos? Enemigos... ¿Conscientemente? ¿Y sin saberlo?

Me he visto en la tesitura de ocupar puestos de responsabilidad, jefaturas, coordinar grupos de trabajo, y por consiguiente hacer frente a todo lo que conlleva: contratar, dar ordenes, despedir... Sí, es posible que venga de ahí. Claro que el único despido que hice (que mal lo pasé) lo llegué a consultar con un confesor (tanto me costaba) para saber si hacía bien. Y cuantos fueron testigos conmigo de aquel mal rollo acabaron por entender mi posición. Menos el despedido, claro, que llegó incluso a amenazarme. Su indisciplina, incumplimiento, afán de protagonismo, irresponsabilidad, e interés por crear un clima de enfrentamiento entre el resto del personal hacia mi persona y otro de los responsables, minando nuestra autoridad, se hizo insoportable. Hasta que decidieron no renovarle excepto que yo decidiera otra cosa. Uff, que mal lo pasé. A pesar de ser un ser muy nocivo para la convivencia y un mal empleado llegué a dudar (tan así hasta para eso...) Pero afortunadamente se describió a sí mismo cuando se enfrentó al director general a gritos. Y casi no hizo ya falta mi visto bueno.

Puede que haya otros trabajadores que se sintieran incómodos por horarios, órdenes, encargos... aún así me di cuenta de que es imposible contentar a todo el mundo por mucho que uno se empeñe, que intentar ser justo no siempre es interpretado de la misma manera por cuantos se ven afectados por las decisiones que se toman y que nadie puede estar contento al 100%. Por eso, desde entonces, he huido de cualquier cargo de responsabilidad. Y a parte de eso... pues francamente, poca animadversión he podido crear. Creo.

He recibido reconocimiento público y privado por mi trabajo, he sido premiado y recompensado, me he grajeado el cariño de muchas personas (así me lo han transmitido), mis amigos hablan bien de mi (incluso algunos blogueros y todo), los vecinos, igual (sobre todo por cómo cuidé de mi madre en sus años de enfermedad), y a veces el azar hace que se descubran los pensamientos de algunas personas sobre mi que me abruman.

Soy un libro abierto, cualquiera que ojee este diario indiscreto desde su génesis ya sabe como soy y como siento. Por lo tanto... si es verdad que alguien dice algo mal sobre mi, le doy las gracias, porque me hace mas humano. Aprovecho para pedirle perdón si en algo hice daño. Pero aconsejo que no se esconda en el rumor, que hable conmigo, es mejor...

Si no fue verdad que alguien dijera algo mal sobre mi, también di gracias, porque me hizo mas sensato, sin guardar rencor (no soy de esos) ni  nada que perdonar. Si acaso lamentar sentir un gran vacío, el que se hace cuando la confianza y la ilusión se desvanecen repentinamente por un sin sentido. Pero ya sabéis que soy tan así, que al final hasta eso olvido.

Y tanto que lo olvidé.

Él supo hacermelo olvidar.

Y viví los meses mas maravillosos de mi vida, a su lado.