Hoy quiero recordar a quienes me reconfortan con su calor. Mis mantitas particulares.

El primero de ellos es Alberto, un amigo que llegó al armario como comentarista. Nos vimos en persona tras varios meses de charla por Messenger.  Junto a otros le había invitado a casa para que vinieran a conocer la Feria de Abril, fecha por la que también llegó a nuestras vidas otro comentarista, CRAZY. Bueno, entró mas en la vida de uno en particular que de los otros, ejem...

Andaban ya por aquí Ekiots, Mugalari, Koeps y Fran. Alberto llegaba en el AVE de las 10 y me comprometí a ir a recogerlo a la estación, pero por atender a los otros invitados me iba a retrasar. Yo tenía un entripado terrible con un "no llego....no llego...." que me comía por dentro. La promesa de esperarlo a su llegada iba a quedar en el aire. Y yo iba a quedar fatal con Alberto. Era la primera vez en su vida que hacía algo parecido y salvando las distancias me recordó mi aventura madrileña con Edu. Quería dejarle tan buena impresión como aquella otra experiencia me dejó a mi. Lo llamé para disculparme, le expliqué lo sucedido y le dije que intentaría estar lo antes posible. El le quitó importancia.

Tras despedirme de los demás corrí como un loco hacia un cruce de avenidas cercano donde suelen venir taxis libres. Menos esa mañana de sábado de Feria, claro. Las calles estaban prácticamente vacías, casi sin circulación. El reloj avanzaba y no se veía ni uno. Mi agobio crecía por momentos. No es que no fuera a llegar a tiempo, es que iba a llegar tarde. Que maaaaaaaaaaaaaaaaaaalllllllllll.... Afortunadamente vi de lejos que venía el autobús que precisamente deja en la estación de Santa Justa y me dirigí raudo hacia la parada. Apenas sin viajeros y sin tráfico que entorpeciera llegué cinco minutos después de las 10. Recordé que en el AVE mientras uno descarga, se baja, y sale pasan unos minutillos. Así que con un carrerón me planté en la escalera, al pie de la vía, donde ya empezaban a subir los viajeros y a ser recibidos por familiares y amigos con besos y abrazos.

Casi apareció de los últimos, lo reconocí enseguida, sonriendo, guapísimo, con su look característico, encantador. Y allí estaba yo, como le había prometido, esperándole al final de la escalera mecánica que da acceso a la vía, al borde del infarto entre la emoción, el agobio y el carrerón. Pero dispuesto a darle el abrazo que le prometí. Y vaya abrazo.

No hacía mucho que nos conocíamos. Pero las pocas semanas que habíamos compartido a través de correo, Messenger y teléfono nos habían unido muchísimo. Habíamos compartido confidencias y pensamientos en un recorrido de mucha cercanía entre ambos. Nos parecíamos por dentro, teníamos manías, costumbres y aficiones parecidas, sentíamos igual, pensábamos similar, y las coincidencias divertidas y emocionantes nos rodeaban. Y nos unían desde el principio.

El necesitaba probarse a si mismo (por circunstancias que no vienen a cuento), hacer cosas por si mismo, conocer gente. Y yo iba a ayudarle. Como soy "tan así" me dispuse a hacer todo lo posible por darle seguridad y cariño. Creo que lo conseguí.

Es probable que las mentes calenturientas especulen con lo que pasaba tras la puerta cerrada de mi dormitorio y mas de uno pensara que estábamos liados. Pues no. Alberto tiene novio, joven, guapo, cariñoso, modenno y relacionado con los famosos. Llevan tiempo juntos y es de su misma ciudad. Aunque vive en Madrid. Con el tiempo le conocí, también, y le cogí cariño.

Aunque Vulcano, para quien resulto preocupantemente transparente, me soltara un "mira, ese sí que me gusta para ti" nuestra relación se sostenía en parámetros distintos. Y eso que me gustó mucho desde el principio. Por como es y por lo que me hacía sentir. Sin embargo, era algo que quedaba en el plano platónico. Casi en la admiración. Y como somos los dos somos "tan así" pocos fluidos podíamos intercambiar a pesar de sentirnos amigos "especiales", que no folliamigos. Eso sí, recibí mucho de él. Esas charlas susurrando por las noches o al despertar, no las olvidaré nunca.

Yo, desde siempre, y especialmente desde lo de Rollito, me sentía sensiblemente inseguro y falto de cariño. Necesitaba sentirme animado y arropado, y él llevaba en la distancia haciéndolo mucho tiempo. Y entonces, pudo hacerlo en persona.

Fue como una manta en la que envolverme. Yo tenía frío. Necesitaba calor. Por eso lo mejor fue esa mantita que en forma de visita llegó del norte con la que poder cubrirme. Una mantita aterciopelada. Cálida. De corazón muy grande con latido arrollador. Acogedora. Que crece e inunda, que arrasa, que abraza...

Una mantita de risas, de roces de piel, de manos que se apoyan en el hombro, en los brazos, y en la espalda. Una mantita de confidencias y curiosidades, de coincidencias y complicidades. De secretos y sentimientos contenidos... Que bien me vino esa mantita de miradas, de susurros, de aliento, de ánimo, de amabilidad, de educación, de palabras reconfortantes, de risas, de sonrisas, de camaradería, de visibilidad, de encuentros, de olores, de sabores, de besos..

Me encanta su amistad "especial". Para que luego digan eso de que los gays son todos unos promiscuos. Desde entonces nuestra amistad, con él y su novio, ha ido en aumento. Hemos compartido mucho. Y espero siga siendo así durante mucho tiempo.

Otras dos mantitas son mis Antonias.

 A la Antonia "clásica", quizás por estar mas cerca en el territorio físico y en el espiritual, y con permiso de la otra Antonia -mas moderna-, yo la quiero un poquito mas. Porque siempre estaba ahí, para escuchar, para compartir, para ayudar, para sacarme de los apuros mentales en los que me hundía y para aguantar mis puyitas tontas de cada día (y yo las suyas, claro). Porque saliamos a menudo, nos veíamos con mas frecuencia y ya se sabe que el roce hace el cariño. Pero sobre todo la quiero por ser como es. Porque se hace querer fácilmente, aunque se haga la arisca o la fría. Tiene un corazón ardiente para sus amigos y no he visto a nadie mas desprendido en mi vida. No se que hubiera sido de mi en aquellos años sin él: Pcj.

La otra Antonia, es distinta. Mas actual en su fachada, mas atrevida en sus planteamientos, mas arriesgada en sus actuaciones. Vulcano es... Vulcano. Soy incapaz de describirlo en su esencia. A Vulcano hay que vivirlo. Para entenderlo hay que saberlo escuchar. Hay que dejarse arrastrar por su serena vehemencia, soportar su rico verbo y bañarse en sus experiencias (divertidas, estrambóticas, surrealistas, morbosas, tiernas, alucinantes, profundas, sinceras, arriesgadas, siempre interesantes...).  Quizás así se entienda cómo su atractiva personalidad subyuga. Ya sabéis lo que significó para mi descubrirle, conocerle en Madrid, hacernos amigos con el tiempo, y hacerse un hueco en mi corazón de esa manera -compartido con su pareja- aunque la distancia y las diferencias de pensamiento o formas de ver la vida nos alejen aparentemente porque se nos antojen diferentes. Nada que ver. Tal vez por eso nos sentimos mas unidos, ella Antonia y yo Maricarmen.    

En el almuerzo de aquella Feria, la Antonia "modenna" suscitó el interés especialmente de Fran y Alberto, que no lo conocían. Koeps y los vasquitos ya habían compartió con nosotros una tarde de domingo al final de la quedada nacional de diciembre y sabían como respira el personaje. Porque él es tooooodo un personaje. De los que llaman la atención irremediablemente (de otra manera a la que lo hace Fran, por ejemplo) por nadar fuera de lo común -sobre todo en contracorriente local- en su forma de decir las cosas, pero que a pesar de su aparatosidad luego queda en algo entrañable y cercano.

A Vulcano le gusta hacerse el rebelde y escandalizar. Pero en el fondo es un corderito. Solo que cuando vuelve a Sevilla... le surge la Pascua que lleva dentro. Y se inmola por nosotros. Y ¿por qué es "una modenna"?. Pues porque así la definió otro personaje de Almodóvar que se cruzó con ellos por la calle Trajano, camino de la Alameda, mientras los mortales acudíamos a la Feria. Este oráculo de la modernidad se alegró al verlo tan lejos de Los Remedios y aseveró que Vulcano no podía ir a la Feria "...porque él era una modenna". Y modenna se quedó, ya para siempre.

¿Y porque la otra Antonia es una clásica? Pues porque el look a la hora de vestir y parte del mental están justo en sus antípodas, aunque luego les unan tantas cosas... Pcj fue una auténtica ayuda en época de cambios, incertidumbres, ilusiones, decepciones, desilusiones y depresión sentimental.Tras semanas de Messenger y teléfono no cesaba en su interés porque nos conociéramos en persona. Hasta que me decidí a arrinconar los miedos y quedar por fin. Desde entonces fuimos afianzando en amistad y aumentando en cariño del uno hacia el otro. Lo he arrastré a las reuniones y quedadas blogueras, conocí a sus padres, primos, amigos íntimos, su casa, hicimos amistad, compartimos secretos, confidencias...

Se de sus necesidades, de sus gustos, de su pasado, de sus heridas, de su sonrisa de pillo, de sus comentarios en voz alta ante quien sea, de sus ojos que brillan, de sus puntitos con el gyn tonic, de sus óperas, de sus pelis, series, libros, ropa... Como él sabe de los míos. Y de miedos, sueños e inseguridades. Cuanta paciencia.

Hemos ido juntos a conciertos, al cine, de tapas, fuimos anfitriones, viajamos juntos en el AVE, ha conocido a Edu, a David y Paco, a casi todos los blogueros, a Rollito, a Jaime, a Alberto... vivió en primera persona mi historia con Orlando.

Me dice menos de lo que le gustaría a veces y mas de lo que podría otras. Ha estado a mi lado en momentos muy malos. Ha compartido momentos muy buenos. Es un tío del que me enorgullezco de tener como amigo, como muy buen amigo y al que quiero mucho. Aunque con esto de que se echara novio no tengamos el mismo contacto de antes. Aún así, sigue estando ahí.

Alberto, las Antonias... ¡¡¡que buenas mantitas tengo!!!.

Es reconfortante.