Desde que decidí abrir las puertas de mi armario las mostré primero solo entreabiertas. Mas tarde aparecieron algo más abiertas. Y posteriormente las abrí de par en par, aunque lejos de casa.
Mi primera salida oficial, salvo discretos escarceos anteriores, estuvo protagonizada por el quitasueño, con el consabido enganche ya narrado en este diario.
Como posteriormente él mismo me aconsejara debería animarme a quedar en persona con la gente que fuera conociendo en Internet, a través del blog, y no eternizarme en conversaciones eternas de messenger, correo electrónico, o incluso llamadas telefónicas, porque lo importante era el contacto físico. Y eso hice, poco a poco, a mi ritmo. Pero en sorprendente progresión. Conocer en persona a otros chicos, amigos recién llegados a mi corazón, que compartían inquietudes y vivencias existenciales conmigo.
Tras el quitasueño llegó Pcj, y a continuación Pomelin. Cada encuentro, sin dudad enriquecedor, significó un comienzo, una realidad, y una ilusión.
El primero de ellos conllevó un descubrimiento, en sesión continua. El segundo un dialogo, sin carmelitas. El tercero un diamante, sin desayuno.
Comenzar y mantenerme en la aventura de los blogs me ha ayudó a replantear muchas cosas de mi vida insatisfecha: conocer el amor y el placer en una nueva dimensión; acercarme a gente estupenda, con inquietudes, sana, de buen corazón, divertida, y entrañable, y sentirme mejor. Asimismo, tuve la suerte de rodearme de nuevos amigos como Pedro, Edu, David...
Pcj estuvo ahí tras el palo de rollito, evitando que me rallara demasiado. Se dedicó "a sacarme" entre semana, porque.. ¡ay! ¿cómo me dijo que tuvo su gracia? ... ah, sí, "que para eso somos primas de sangre". Supuso una de las mejores cosas que me pasó en el momento de iniciar esta andadura por el mundo gay, estoy muy orgulloso de tenerle como amigo, no estaría donde estoy sin él, sin sus largas conversaciones desarmarizadoras, sin su apoyo incondicional y sus brazos abiertos, y sin lo bien que me lo paso con él. Ha sido y es algo muy importante en mi vida. Le quiero mucho. Y me divierte darle un abrazo de vez en cuando, aunque refunfuñe y no lo devuelva mas que forzado por la situación, con lo arisco que es... Ahora que tiene novio apenas hablamos y solo nos vemos de tarde en tarde. Le echo de menos. Pero sigue ahí.
Con Edu tuve ocasión de compartir seis maravillosos días en Madrid. Una de las personas que mas me han impresionado en toda mi vida (a pesar de su juventud, a pesar de nuestra marcada diferencia de edad, a pesar de tener un carácter y personalidad muy distintos). Conocerle me marcó, aunque él apenas pueda sospecharlo. Me abrió las puertas de su corazón, recibí cariño, afecto, simpatía, sinceridad, confidencias... me sentí querido, en suma. No todo fe perfecto, debatimos ideas y formas de pensar, polemizamos y hasta discutimos. Pero luego bastaba con mirarle a los ojos para verme envuelto de nuevo en su acogedora amistad, unos ojos preciosos que llegaban a decir tanto sin necesidad de estar acompañados por palabras...
Me aportó abrazos, una sonrisa permanente, una caricia a tiempo, una sensación de bienestar a su lado, y hasta un buen rapapolvo si mi estado de ánimo se venía abajo. Fue generoso, divertido, ocurrente. Capaz de lo mas insólito. Es tierno, valiente, decidido, responsable, auténtico, con las ideas muy claras. Muy cariñoso. Un chollo de niño. Una de esas personas de las que merece la pena preocuparse, de las que te escuchan pero también te hablan claro, y de las que uno ha de contenerse para no susurrarle al oído, porque es de los que se hacen querer. Quise corresponder a su hospitalidad y cariñosa acogida con entrega y mi generosidad habitual, a pesar de los miedos y los nervios primeros que luego se convirtieron en confianza y alegría, regalandole el DVD de Brokeback Mountain. Porque después de todo soy Enis. Sin mi apodo, en un ambiente abierto y distendido, lleno de libertad y orgullo por ser como se es, pasé con él una de las mejores semanas de toda mi vida. Música, espectáculos, arte, ambiente, comidas, copas, compañía... ¿qué mas se puede pedir?La respuesta es fácil: Que permanezca siempre en mi memoria como lo hace en mi corazón.También anda ennoviado. Me alegra que le vaya bien.
Otro buen amigo descubierto por aquel entonces fue Vulcano. Me gusta que sea diferente. Con estilo propio. Su interior, siempre sin descubrir del todo, se me hace cercano. Y me dejo llevar por sus ojos tiernos, aun en medio de la chispa ácida o crítica, vivarachos, despiertos, atentos...
Me llama la atención su forma de ser, sus contrastes de diversión y afición, su irse fuera y volver a casa, su aire de rebeldía y de libertad, sus juegos de palabras, sus picardías, sus ganas de conocer gente que me rodea...
Me sorprendía con mensajitos repentinos porque me recuerdaba. Y conseguía que me pusiera "tan así". Y me hacía soñar con ese apartamento donde él sabe, para pasar largas temporadas y así verle mas.
Me agrada escuchar su tono de voz por teléfono, sobre todo si la llamada es inesperada y enormemente significativa por el momento y la situación. Aunque disfruto mucho mas al oírla bien cerca. Me encanta salir de marcha con él, lo genial que lo pasamos juntos cuando él está de vuelta y yo de comienzo de curso. Lo que sabes de música, de cine, de libros, de tiendas...
Disfruto tanto almorzando o cenando con él, tomando un café o una copa, teniendo nuestras charlas... y que me llevera a sitios chulos cuando voy a Madrid... y que se venga una y otra vez al Café Trajano en Sevilla... y lo acogedor que es su hogar...
Confieso que me da miedo que lea tan fácilmente en mi. Pero agradezco sus consejos, su sinceridad, que quiera compartir su sentido de la vida...
Me divierto con sus bromas. Me emociono con sus besos y abrazos. Me disgusto cuando está lejos. Me siento bien de saberle mi amigo. Y me alegro mucho de que tenga ese petardo encantador a su lado...
Buenos amigos.
Personas importantes que surgieron en mi devenir y han dejado... dejan... huella.
Una huella muy fértil.

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