¡Sorpreeeeeeeesaaaaaaaaaa!
Hacía que no escribía, ¿eh?...
Mucho tiempo sin publicar, sí. Y aunque era consciente de ello, no se me había hecho tan evidente hasta que no hace mucho me reencontré con un antiguo bloguero (al que como tantos otros ya no leo, que como tantos otros ya no me lee...) con quien coincidí casualmente en una cena celebrada con motivo de mi último cumpleaños en Madrid. Me comentó cómo, al saber que iba a encontrarse conmigo, había intentado ponerse al día de mi vida leyendo algo del blog, de los blogs, pero no había encontrado ninguna actualización desde hacía tiempo.
Y tanto...
El armario más que abierto debe tener un aspecto de edificio abandonado tremendo. Como clausurado. Me pregunto a menudo cual es la razón que me impide decidirme a cerrarlo, como ya han hecho otros muchos.
Hacerlo astillas es una opción. Desmantelarlo. Después de todo, con estas puertas abiertas a Internet las prendas del interior solo cogen polvo ¿no? Y encima salta a la vista que ya están pasadas de moda. Pero me resisto. Lo pienso y se me antoja como una especie de filicidio.
Por otra parte, ahora es tendencia un vestidor abierto, visible. Y me da tanta pena echar abajo lo construido con tanta ilusión...
Soy un blando, lo sé. O cobarde, quizás. Lo cierto es que solo me muestro fuerte ante los acontecimientos más difíciles o complicados de la vida, cuando los más "valientes" salen precisamente huyendo, que curioso...
Pues bien, aquí estoy. Sigo siendo yo, tan "así", tan como era Enis, tan como es Manu, tan amigo, tan transparente, tan sincero, tan llorón, tan sensible, tan nostálgico, tan tontorrón, tan lleno de sueños, a pesar de todo, y también de algunos miedos que no cesan...
Mis últimas palabras, allá por el último post -la primavera pasada- fueron precisamente de temor, ante un verano sin demasiadas esperanzas en recuperar los hábitos de ejercicio y dieta sana que me gustaría tener, esperando nuevas idas y venidas, sin visitas anunciadas y con la incertidumbre de si en torno mío vencería en su pugna la soledad o la compañía. Ya entonces se me hacía presente una invisibilidad cada vez más evidente, cuando mis ojos insistían, sin embargo, en fijarse en lo que el buen tiempo desvela y tanto altera...
Corrió el tiempo. A lo largo de todos estos meses de silencio, cuando alguien me preguntaban de vez en cuando sobre el blog siempre contestaba que como a tantos otros se me había ido la inspiración o las ganas, que apenas entraba ya al Messenguer y cuando lo hacía era para hablar con alguien en concreto o solo para consultar el correo, que Facebook me permitía estar mucho más al día de los viejos "blogamigos" y que los estados, fotos, enlaces, etc. de los nuevos "faceamigos" agregados de vez en cuando me entretenían, y que aunque el soporte no permitiera expresarte demasiado, la inmediatez de Caralibro proporcionaba momentos de satisfacción, como antes lo habían logrado -de otra manera- los blogs.
También insistía en aclarar que no tenía mucho que contar en el blog. Al menos nada nuevo, nada con la motivación suficiente como para publicar una ilusión en algo o alguien tan grande como para vocear desde los tejados, bailar bajo las estrellas o cantar bajo la lluvia...
El armario abierto había nacido como una ventana abierta en la que el paisaje eran letras de una vida que se iba gestando, descubriendo, creciendo, germinando, compartiendo, y en la que durante unos pocos años, post a post, mes a mes, me iba descubriendo ante los demás y ante mí mismo. Al tiempo, compartía otras vidas, otras ilusiones, otras voces, otros bailes, otras canciones...
¿Cómo podría hacer desaperecer todo aquello? Forma parte de uno. Parece que fue ayer, aquellos primeros posts, aquellos comentarios, aquellas quedadas originadas, ains...
Da miedo cómo pasa el tiempo... Pero precisamente ese discurrir de la vida me ha otorgado buenos momentos que no puedo ni debo menospreciar. Y no han faltado desde mi último post a este de hoy.
Desde primavera, quedar de vez en cuando con amigos como Mikgel, Jagg, los Pedros, Carlitos Sublime, Shiquillo, Gaby, etc. ayudaron a sobrellevar los momentos de bajón, que en Sevilla no cesan.
Amigos como Alberto, Antonio, Sonia, Koepps, Fran, Diego, Edu y hasta Orlando hicieron más llevadero un Madrid lleno de orgullo, en el que me atreví hasta con un divertido flash mob dedicado a Kylie Minogue, y sobre todo recordé ¡tras tanto tiempo! lo que era el roce de una piel.
El gimnasio y la dieta me hicieron recuperar en verano un peso y una figura que ni recordaba, aunque a estas alturas ya quedó atrás. Al menos fue bonito mientras duró. Y quien sabe si con un poco de esfuerzo vuelve a suceder. Fueron tiempos en los que resultó agradable volver a disfrutar de la hospitalidad de Sergio y Alf, y de la compañía de Fran y Rafa, con quienes compartí unos días maravillosos en Valencia, donde amenazo con volver en Fallas.
Pasar de sentirme tan bien con ellos a estar solo se resume en un duro volver de las vacaciones que se hace especialmente insoportable cuando lo que te queda es pasar agosto en Sevilla trabajando. Y solo, muy solo.
Pasé el bache como buenamente pude, rozando los infiernos. Pero sobreviví. Ayudaron amigos como Miguel, Víctor, Tomás, o Ismael y Gaby, quienes me acercaron a Gibraltar y Bolonia, y Chema, que siempre me arrastra al MTM, donde tampoco es que haya tenido demasiado éxito, he de aclararlo, y eso que últimamente a mis ojos les ha dado por fijarse en tipos que antes no me llamaban la atención, cusha... ¿será la edad?
Tras despedir el verano, volví a abrazar a Miguel y JC, con quienes descubrí un divertidísimo Condensador de Fluzo, en Ciudad Real, ¡por fin conocí Toledo! y me dejé llevar por unas impresionantes lagunas de Ruidera. También en el otoño regresaron por Sevilla Ekiots y Mugalari (con los que compartí unos días estupendos) y Vulcano y Antinoo (en un encuentro breve pero como siempre intenso). Y cuando quise darme cuenta me vi inmerso en diciembre. De nuevo se escapaba un año. Y cambiaba la cifra de mi edad. ¡Arriba los sagitarios!
Llegado a estas alturas, a punto de despedir 2010, quizás sea esa innata necesidad de hacer balance la que me mueve a escribir de nuevo, contaros cosas, airear algo el armario. Sin duda ayuda el que anímicamente no ando demasiado mal, a pesar de alguna decepción reciente, que se suma a otras sin que a pesar del tiempo deje de doler...
¿Cómo decía aquella canción? Ah, sí, I feel good.... me siento bien. Aunque prefiero quedarme en la felicidad más inmediata o externa. Mejor no rascar demasiado, porque en el fondo la canción sería otra, pero no renunciemos al efecto naranja que me embarga...
Aparento estar bien quizás porque acabo de pasar un divertido finde con Chema, Jagg y unos simpáticos amigos, por un lado, y con Shiquillo, Gaby, y otros amigos de ellos, por otro. Porque llegaba después de otro no muy lejano en el que compartí cena de cumpleaños en casa con Miguel, los Pedros, Carlos, Ismael, y Gaby. Y porque está muy reciente el encuentro celebrado en Madrid con aquellos amigos y allegados que respondieron a un ocurrente "evento de la bola de cristal" que finalmente no pude celebrar en Lío, como estaba previsto.
Aún no me explico cómo supe salir del apuro con nota, jajaja, pero lo conseguí. El éxito, sin duda, gracias a los muchos amigos que se acercaron para echar unas risas y unas copas, y a los que me hizo tanta ilusión ver. El divertido concierto de Lady Gaga fue la escusa para pasar allí el fin de semana y celebrar con los amigos en Chueca un cumpleaños difícil de olvidar. Gracias a todos, gracias Alberto, Antonio, Sergio, Alfredo, Fran, Rafa, Miguel, Juanan, Juan Carlos, Sonia, Rafa, Gracia, Luis, Sergio, Fran, Javi, David, Paco, Juanjo, Marcos, Diego, Oscar, Nacho... (perdón, si se me olvida alguien).
Gracias por vuestra compañía, por vuestros regalos, por vuestra amistad y por unos días fantásticos que la sombra de un previsible desengaño, con alguien a quien al fin y al cabo tampoco puedes dejar de querer del todo por mucho que te empeñes, no pudo sin embargo oscurecer.
El gran activo de mi vida está, sin duda, en el plano afectivo, por lo que se refiere a amigos, claro, porque en el otro estoy para que me rescaten o acabo en quiebra...
De todas formas, si mi miro atrás, he de confesar que a pesar de la renombrada crisis a mi no me ha ido demasiado mal el año, aunque tampoco me fuera tan, tan, bien como deseara.
El 2010 me permitió entablar relación con grandes personas que se han convertido en importantes, compartir mucho tiempo con otras que lo siguen siendo, volver a ver viejos amigos, y encontrar otros nuevos. Solo lamento no haber podido estar más cerca y servir de más apoyo a cuantos pasaron momentos duros este año.
Este año que fue... no me faltó la salud, no me fue mal en el trabajo, no me redujeron el sueldo, disfruté de vacaciones, superé barreras, me dejé llevar, volví a sentir... ¿Manu? Cualquiera diría que esto lo está escribiendo otro, jajaja.
La explicación es fácil, no, no me he fumado un porrito, ni me espera un churri en la cama a que termine de escribir esto para dormir abrazaditos toda la noche. Me sigue faltando lo de siempre, y no faltan los momentos de desánimo, e incluso desesperanza, pero si miró atrás han sido más los buenos que los malos momentos, aunque necesite tanto ese abrazo nocturno y esa compañía en el día a día de la vida que tanto envidio a otros...
Ojalá el 2011 nos sea propicio. Como dice Shakira, brindo porque salga el sol para todos. Para que la crisis no nos afecte. Para que nos acompañe la suerte. Para que no nos falten los sueños. Para que se hagan realidad. Para que no falten buena salud, buenos ratos, buenos amigos, buen corazón. Para que la vida no deje de sorprendernos...
¡Feliz Navidad! Y buen 2011...
