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La Coctelera

QUE LA VIDA NO DEJE DE SORPRENDERNOS...

¡Sorpreeeeeeeesaaaaaaaaaa!

Hacía que no escribía, ¿eh?...

Mucho tiempo sin publicar, sí. Y aunque era consciente de ello, no se me había hecho tan evidente hasta que no hace mucho me reencontré con un antiguo bloguero (al que como tantos otros ya no leo, que como tantos otros ya no me lee...) con quien coincidí casualmente en una cena celebrada con motivo de mi último cumpleaños en Madrid. Me comentó cómo, al saber que iba a encontrarse conmigo, había intentado ponerse al día de mi vida leyendo algo del blog, de los blogs, pero no había encontrado ninguna actualización desde hacía tiempo.

Y tanto...

El armario más que abierto debe tener un aspecto de edificio abandonado tremendo. Como clausurado. Me pregunto a menudo cual es la razón que me impide decidirme a cerrarlo, como ya han hecho otros muchos.

Hacerlo astillas es una opción. Desmantelarlo.  Después de todo, con estas puertas abiertas a Internet las prendas del interior solo cogen polvo ¿no? Y encima salta a la vista que ya están pasadas de moda.  Pero me resisto. Lo pienso y se me antoja como una especie de filicidio.

Por otra parte, ahora es tendencia un vestidor abierto, visible. Y me da tanta pena echar abajo lo construido con tanta ilusión...

Soy un blando, lo sé. O cobarde, quizás. Lo cierto es que solo me muestro fuerte ante los acontecimientos más difíciles o complicados de la vida, cuando los más "valientes" salen precisamente huyendo, que curioso...

Pues bien, aquí estoy. Sigo siendo yo, tan "así", tan como era Enis, tan como es Manu, tan amigo, tan transparente, tan sincero, tan llorón, tan sensible, tan nostálgico, tan tontorrón, tan lleno de sueños, a pesar de todo, y también de algunos miedos que no cesan...

Mis últimas palabras, allá por el último post -la primavera pasada- fueron precisamente de temor, ante un verano sin demasiadas esperanzas en recuperar los hábitos de ejercicio y dieta sana que me gustaría tener, esperando nuevas idas y venidas, sin visitas anunciadas y con la incertidumbre de si en torno mío vencería en su pugna la soledad o la compañía. Ya entonces se me hacía presente una invisibilidad cada vez más evidente, cuando mis ojos insistían, sin embargo, en fijarse en lo que el buen tiempo desvela y tanto altera...

Corrió el tiempo. A lo largo de todos estos meses de silencio, cuando alguien me preguntaban de vez en cuando sobre el blog siempre contestaba que como a tantos otros se me había ido la inspiración o las ganas, que apenas entraba ya al Messenguer y cuando lo hacía era para hablar con alguien en concreto o solo para consultar el correo, que Facebook me permitía estar mucho más al día de los viejos "blogamigos" y que los estados, fotos, enlaces, etc. de los nuevos "faceamigos" agregados de vez en cuando me entretenían, y que aunque el soporte no permitiera expresarte demasiado, la inmediatez de Caralibro proporcionaba momentos de satisfacción, como antes lo habían logrado -de otra manera- los blogs.

También insistía en aclarar que no tenía mucho que contar en el blog.  Al menos nada nuevo, nada con la motivación suficiente como para publicar una ilusión en algo o alguien tan grande como para vocear desde los tejados, bailar bajo las estrellas o cantar bajo la lluvia...

El armario abierto había nacido como una ventana abierta en la que el paisaje eran letras de una vida que se iba gestando, descubriendo, creciendo, germinando, compartiendo, y en la que durante unos pocos años, post a post, mes a mes, me iba descubriendo ante los demás y ante mí mismo. Al tiempo, compartía otras vidas, otras ilusiones, otras voces, otros bailes, otras canciones...

¿Cómo podría hacer desaperecer todo aquello? Forma parte de uno. Parece que fue ayer, aquellos primeros posts, aquellos comentarios, aquellas quedadas originadas, ains... 

Da miedo cómo pasa el tiempo... Pero precisamente ese discurrir de la vida me ha otorgado buenos momentos que no puedo ni debo menospreciar. Y no han faltado desde mi último post a este de hoy.

Desde primavera, quedar de vez en cuando con amigos como Mikgel, Jagg, los Pedros, Carlitos Sublime, Shiquillo, Gaby, etc. ayudaron a sobrellevar los momentos de bajón, que en Sevilla no cesan.  

Amigos como Alberto, Antonio, Sonia, Koepps, Fran, Diego, Edu y hasta Orlando hicieron más llevadero un Madrid lleno de orgullo, en el que me atreví hasta con un divertido flash mob dedicado a Kylie Minogue, y sobre todo recordé ¡tras tanto tiempo! lo que era el roce de una piel.

El gimnasio y la dieta me hicieron recuperar en verano un peso y una figura que ni recordaba, aunque a estas alturas ya quedó atrás. Al menos fue bonito mientras duró. Y quien sabe si con un poco de esfuerzo vuelve a suceder. Fueron tiempos en los que resultó agradable volver a disfrutar de la hospitalidad de Sergio y Alf, y de la compañía de Fran y Rafa, con quienes compartí unos días maravillosos en Valencia, donde amenazo con volver en Fallas.

Pasar de sentirme tan bien con ellos a estar solo se resume en un duro volver de las vacaciones que se hace especialmente insoportable cuando lo que te queda es pasar agosto en Sevilla trabajando. Y solo, muy solo.

Pasé el bache como buenamente pude, rozando los infiernos. Pero sobreviví. Ayudaron amigos como Miguel, Víctor, Tomás, o Ismael y Gaby, quienes me acercaron a Gibraltar y Bolonia, y  Chema, que siempre me arrastra al MTM, donde tampoco es que haya tenido demasiado éxito, he de aclararlo, y eso que últimamente a mis ojos les ha dado por fijarse en tipos que antes no me llamaban la atención, cusha... ¿será la edad?    

Tras despedir el verano, volví a abrazar a Miguel y JC, con quienes descubrí un divertidísimo  Condensador de Fluzo, en Ciudad Real, ¡por fin conocí Toledo! y me dejé llevar por unas impresionantes lagunas de Ruidera. También en el otoño regresaron por Sevilla Ekiots y Mugalari (con los que compartí unos días estupendos) y Vulcano y Antinoo (en un encuentro breve pero como siempre intenso). Y cuando quise darme cuenta me vi inmerso en diciembre. De nuevo se escapaba un año. Y cambiaba la cifra de mi edad. ¡Arriba los sagitarios!

Llegado a estas alturas, a punto de despedir 2010, quizás sea esa innata necesidad de hacer balance la que me mueve a escribir de nuevo, contaros cosas, airear algo el armario. Sin duda ayuda el que anímicamente no ando demasiado mal, a pesar de alguna decepción reciente, que se suma a otras sin que a pesar del tiempo deje de doler...

¿Cómo decía aquella canción? Ah, sí, I feel good.... me siento bien.  Aunque prefiero quedarme en la felicidad más inmediata o externa.  Mejor no rascar demasiado, porque en el fondo la canción sería otra, pero no renunciemos al efecto naranja que me embarga...

Aparento estar bien quizás porque acabo de pasar un divertido finde con Chema, Jagg y unos simpáticos amigos, por un lado, y con Shiquillo, Gaby, y otros amigos de ellos, por otro. Porque llegaba después de otro no muy lejano en el que compartí cena de cumpleaños en casa con Miguel, los Pedros, Carlos, Ismael, y Gaby. Y porque está muy reciente el encuentro celebrado en Madrid con aquellos amigos y allegados que respondieron a un ocurrente "evento de la bola de cristal" que finalmente no pude celebrar en Lío, como estaba previsto.

Aún no me explico cómo supe salir del apuro con nota, jajaja, pero lo conseguí. El éxito, sin duda, gracias a los muchos amigos que se acercaron para echar unas risas y unas copas, y a los que me hizo tanta ilusión ver. El divertido concierto de Lady Gaga fue la escusa para pasar allí el fin de semana y celebrar con los amigos en Chueca un cumpleaños difícil de olvidar. Gracias a todos, gracias Alberto, Antonio, Sergio, Alfredo, Fran, Rafa, Miguel, Juanan, Juan Carlos, Sonia, Rafa, Gracia, Luis, Sergio, Fran, Javi, David, Paco, Juanjo, Marcos, Diego, Oscar, Nacho... (perdón, si se me olvida alguien).

Gracias por vuestra compañía, por vuestros regalos, por vuestra amistad y por unos días fantásticos que la sombra de un previsible desengaño, con alguien a quien al fin y al cabo tampoco puedes dejar de querer del todo por mucho que te empeñes, no pudo sin embargo oscurecer.

El gran activo de mi vida está, sin duda, en el plano afectivo, por lo que se refiere a amigos, claro, porque en el otro estoy para que me rescaten o acabo en quiebra...

De todas formas, si mi miro atrás, he de confesar que a pesar de la renombrada crisis a mi no me ha ido demasiado mal el año, aunque tampoco me fuera tan, tan, bien como deseara.

El 2010 me permitió  entablar relación con grandes personas que se han convertido en importantes, compartir mucho tiempo con otras que lo siguen siendo, volver a ver viejos amigos, y encontrar otros nuevos. Solo lamento no haber podido estar más cerca y servir de más apoyo a cuantos pasaron momentos duros este año.

Este año que fue... no me faltó la salud, no me fue mal en el trabajo, no me redujeron el sueldo, disfruté de vacaciones, superé barreras,  me dejé llevar, volví a sentir... ¿Manu? Cualquiera diría que esto lo está escribiendo otro, jajaja.

La explicación es fácil, no, no me he fumado un porrito, ni me espera un churri en la cama a que termine de escribir esto para dormir abrazaditos toda la noche. Me sigue faltando lo de siempre, y no faltan los momentos de desánimo, e incluso desesperanza, pero si miró atrás han sido más los buenos que los malos momentos, aunque necesite tanto ese abrazo nocturno y esa compañía en el día a día de la vida que tanto envidio a otros...

Ojalá el 2011 nos sea propicio. Como dice Shakira, brindo porque salga el sol para todos. Para que la crisis no nos afecte. Para que nos acompañe la suerte. Para que no nos falten los sueños. Para que se hagan realidad. Para que no falten buena salud, buenos ratos, buenos amigos, buen corazón. Para que la vida no deje de sorprendernos...

 

¡Feliz Navidad! Y buen 2011...

    

 

       

IDAS Y VENIDAS...

No guardaba ninguna prenda en este armario desde el Día de los enamorados. Y no, aunque algunos lectores (si es que a estas alturas puedo utilizar el plural), como el amigo Fernando, pudieran pensar que la ausencia se debía precisamente a un estado de enamoramiento transitorio o progresivo que me tuviera entretenido, lamento confesar -con tristeza- que no hay nada de eso.

La pertinaz sequía de amor y sexo continua, pues, agravándose en el tiempo y en las desesperanzas. Aunque reconozco que el trabajo, salir con los amigos, recibir visitas y hacer excursiones han ayudado bastante a relativizar los estados de soledad habituales. Idas y venidas en las que me apoyo para poder sortear mejor la sensación de vacío.

Entre tanto,  pasó desapercibido el cumpleblog (4 años ya) y me apena comprobar cómo le cuesta sobrevivir en medio de la que es una auténtica decadencia bloguera frente a la exaltación de nuevas redes sociales, más inmediatas pero menos profundas.

¿Cómo expresar en unas breve líneas de estado los hilos de nuestro pensamiento? Solo un buen post es capaz de entretejer con éxito el tapiz desarrollado en sentimientos, emociones y deseos que las palabras encierran.

El de hoy os lo presento con colores vivos, claros, en tonos pastel y llenos de luz. Se alejó por fin el duro invierno y la incierta primavera se descubrió coqueta entre cielos azules y temperaturas más llevaderas. Lo más importante es que floreció en amistad y buena compañía.

 

La frontera entre febrero y marzo llegó a Andalucía con su tradicional puente festivo que aproveché con Mikgel para recorrer las tierras de Jaén. Tenía curiosidad por conocer de cerca lugares tan interesantes como Úbeda, Baeza o la misma capital, de las que tanto había oído hablar, y de recrear la vista en paisajes de olivos plantados hasta romper el horizonte con un beso a las sierras.

Además, es la provincia andaluza en la que nació Orlando, y en la que dieron sus primeros pasos blogueros como Castigador, Luis M, Juanse o Rubén.    

Me gustó el viaje. Fue agradable recorrer las calles de Baeza, Úbeda y Jaén, revivir su pasado, conocer su historia, visitar sus monumentos, degustar su gastronomía, e impresionarme con sus paisajes. En el anecdotario quedan el saludo inesperado de un chico guapísimo que debió confundirme con algún conocido suyo, las abuelas de pueblo que mandan en las iglesias más que el cura y proponen trabajos de priostía al primero que llega, y la sorprendente aparición de modennas en pleno Jaén.

Poco a poco se fue despidiendo el tiempo desapacible y llegaron los días de contraste térmico. Ahora hace frío y me abrigo... ahora calor y me sobra todo... Y claro, con tanto descontrol aparece el consiguiente y fastidioso catarro, que me ronda desde hace días y se empeña en quedarse. Al menos la primavera no alerta en mí ninguna incómoda alergia.

Lo que si me ha traído es la visita de buenos amigos llegados desde Valencia y desde La Mancha, amigos como  Chequebo, acompañado de su chico, y los miguelturris Juan Carlos y Miguel, a los que Pensión Casa Manu acogió con suculentas viandas típicas andaluzas de bienvenida. A los cuatro les agradezco enormemente su compañía.

Para Chequebo y Alf era -en vísperas de la Semana Santa- su primera visita a Sevilla, por lo que me esforcé por lograr que en los pocos días que estuvieran aquí pudieran disfrutar de lo mejor de la ciudad.  Pocos lugares de interés les quedaron por visitar y no les faltaron cositas buenas y típicas para comer. Además, junto a Tomás y Víctor "alamedamos" (lo que viene a ser "chuequear" en Madrid).

Creo que se fueron satisfechos, y espero que no tarden en volver. Por mi parte, acogí con satisfacción el detalle con el que me obsequiaron a su llegada, un blusón y pañuelo típicos valencianos que espero estrenar allí en las Fallas del próximo año.

Por su parte, los manchegos ya conocían Sevilla, aunque sospecho que aún les queda buena parte de la ciudad por descubrir. En realidad su venida se enmarcaba en el deseo de conocer la Semana Santa de Sevilla y sobre todo su célebre "madruga" que compartimos con Carlitos Sublime y su Chema. Creo que logré hacerles llegar la esencia más importante de estos días, el espíritu de una fiesta universal que los sevillanos hacen suya, con sus contrastes, sus silencios y alborozos, su luz, su color, sus aromas, su gentío, y en la que fluyen sin cesar las emociones y los sentimientos. Pocas cosas habrá más alejadas de la monotonía, aunque sólo sean capaces de verla los cabales...

Es una pena que tanto andar hiciera penitente mella en sus pies, hasta tal punto que se vieran obligados a no poder seguir disfrutando de su estancia y tuvieran que anticipar su regreso. Queda, pues, pendiente para otra ocasión, espero.

Curiosamente, al disponernos a llegar a la estación del AVE, nos encontramos con Shiquillo y su Gaby, a los que tuve ocasión de presentar antes de su marcha. Con ellos, con Pcj (que me invitó amablemente a una representación de la ópera Turandot), con Mikgel y Jagg, con los que compartí actividades culturales, ratitos de café o cenas, y los ya mencionados Tomás, Víctor, Carlos y Chema, junto a Adrián, he compartido afortunadamente buenos ratos durante las últimas semanas que han hecho más llevaderas las carencias que no cesan. A ello contribuyen, también, amigos como Alberto, Koeps, Antonio o Vulcano, entre otros, a quienes puedo sentir más cerca gracias al teléfono o el ordenador.

Con un poco de temor encaro el resto de la primavera, sin planes aún para el verano, con la esperanza de recuperar los hábitos de ejercicio y dieta sana, esperando nuevas idas y venidas, sin ya más visitas anunciadas, con la incertidumbre de si en torno mío vencerá en su pugna la soledad o la compañía, consciente de una invisibilidad cada vez más evidente, cuando mis ojos no hacen más que fijarse en lo que este tiempo ya desvela, y que tanto me altera...   

 

LOVE & FRIENDS

 

A single man, de Tom Ford, me ha perturbado.

Me he sentido demasiado identificado con la historia de George. O mejor dicho con los sentimientos de George. Una historia basada en la novela de Christopher Isherwood que me gustaría leer después de ver la adaptación de Tom Ford en su primera incursión en el cine.

Lo cierto es que a mí la estética de Ford me ha cautivado. La breve actuación de Jon Kortajarena me ha sorprendido, e intuyo un guiño personal muy curioso que quizás sólo los más allegados al modelo vasco puedan entender. El personaje de Julianne Moore me ha fascinado. Y Colin Firth me llegó muy dentro... su actuación recrea tan bien el espíritu de cuantos hemos sido o somos invisibles que me ha impresionado.  A ello ha contribuido, sin duda, la extraordinaria música de Abel Korzeniowski y Shigeru Umebayashi (el mismo de aquel Yumeji´s theme de In the mood for love que suelo poner de fondo mientras posteo) y que me fascina.

 

 

La historia de A single man refleja tan bien esa agonía cotidiana que todos vivimos, el peso de la rutina y el inmenso peso de los fantasmas interiores... Todos tenemos un drama personal pero pocos son capaces de contarlo de una forma tan visualmente emotiva y no todos son capaces de verlo.

Los recuerdos del hombre soltero que tuvo la suerte de disfrutar del amor de su vida durante 16 años, para luego perderlo, se me han hecho demasiado cercanos en cuanto a recuerdos, amor, soledad y pérdida, salvando las distancias.

Desde luego no era la historia que más me convenía para una víspera de San Valentín, esa fecha que muchos denigran, critican, ridiculizan, menosprecian o excusan... y que, sin embargo, a mi me encantaría celebrar con alguien especial a quien llamar amor, aunque solo fuera con una noche de complicidad y compañía, a media luz, de pies entrelazados, compartiendo un rato de lectura mientras suena uno de sus discos favoritos y con un terrier echado a los pies del sofá, testigo de nuestro amor...    

Desespero al darme cuenta de que hay un alto porcentaje de probabilidades de que ya nunca logre vivir algo así, como pueden vivirlo muchos de los amigos que tienen la suerte de contar con una pareja en su lado.

No hace mucho visité a una de ellas en tierras de La Mancha, todo un descubrimiento de hermosos entornos, pintorescos paisajes, ricas viandas y sobre todo buenas gentes.

Acudía hasta allí invitado por Miguel "manchego" y su churri JC, con quienes tenía un contencioso de citas pendientes desde el año pasado. Tras varios intentos fallidos de bajar hasta Sevilla me decidí a subir yo a Ciudad Real y conocer su famosa terraza...

Así pues, en uno de mis impulsos, y con la ayuda de las estupendas ofertas webs de Renfe, me decidí a subir hacia La Mancha dispuesto a conocerlos en persona, y ya que estábamos... descubrir la tierra de Don Quijote.

El viaje se me hizo realmente corto. Prácticamente un paseo. El tiempo acompañó, y aunque por esos lares la temperatura es considerablemente más baja que la dejada en mi sur, salvo pequeños momentos sobrellevé el paso por la helada Mancha -la misma cuyo paisaje nevado descubrí desde el tren de vuelta a casa tras mi escapada madrileña- con nota.

Me pongo muy nervioso cuando viajo solo, temo equivocarme de tren o no llegar a tiempo, y los nervios me acompañan también en situaciones tales como conocer a alguien por primera vez.

Cuando conoces a alguien -como es tan frecuente ahora- a través de blogs, redes sociales, chats, etc, y empiezas a relacionarte con esa persona, a menudo descubres que no es difícil llegar a tener una empatía extrema y considerable complicidad en la distancia, y que todo puede hacerse mucho más cercano de lo que parece en lo virtual.

Por eso confías en que esa empatía, esa complicidad y esa cercanía continúen -e incluso se acrecienten- cuando lo virtual pasa a ser secundario frente a la naturalidad de un encuentro real.

Es justo lo que me ha ocurrido recientemente en La Mancha. Miguel y Juan Carlos han resultado ser dos personas excepcionales con las que compartir buenos momentos, confidencias, complicidad y diversión. Siguen la estela de tantos otros que durante los últimos cuatro años he tenido la suerte de conocer en persona. Buena parte de ellos permanecen de una u otra manera cerca, muchos apenas llegaron y ya se fueron, y otros se han hecho muy amigos. Todos han sido importantes -en su medida- y han dejado huella. Unas más fértiles, otras apenas definidas. Pero todas han dejado algún rastro.

Yo, que soy miedoso por genética y conductismo, aún me asombro de este proceso evolutivo mío, con génesis en una pérdida que ocasiona un punto de inflexión en mi vida tal que desde entonces se descubre distinta y algo más valiente.

Aunque sea una valentía que se mueve por impulsos. Como el que me hizo pasar una semana maravillosa e inolvidable en Madrid con Pomelín, compartir habitación de hostal con alguien a quien nunca has visto ni en foto durante una quedada de dispares blogueros, reunir coincidiendo con la Feria de Abril en mi casa a un montón de gays de distintos puntos de España sin conocerse entre sí, o visitar a amigos virtuales y alojarme en sus casas sin apenas más contacto que unos comentarios a sus blogs o perfiles.

Es el mismo impulso que me llevó hasta Ciudad Real, y que me permitió conocer a Miguel y JC. Bendito y afortunado, una vez más, impulso.

El encuentro con Miguel se produjo en la estación. Me recibió con un abrazo y sospecho que con parecida timidez a la que yo sentía y que suelo esconder tras muchas y atropelladas palabras. Bastó un paseo por las calles de la capital manchega para ir disipando cortedades. Tras conocer el Quijote del Pilar, el Ayuntamiento, la Plaza Mayor, el Museo López Villaseñor, la catedral, su patrona, la plaza de Santiago, y los pocos restos de su Antigüedad, un entretenido café en el Guridi contribuyó a que termináramos de encajar. Un café que sirvió de subida de telón en el escenario de ambiente gay que, aunque no lo pareciera, en Ciudad Real también existe, eso sí muy diluido entre la generalidad de los locales y las gentes.

Fue agradable el ratico de charla con unos conocidos suyos y el ratito que pasamos en la cervecería Gambrinus, donde de nuevo el gayradar dio positivo con una pareja de jovenzuelos con los que crucé miradas.

Para entonces ya se había incorporado el encantador JC, con quien me costó poco entrar en sintonía. Ambos fueron cálidos, hospitalarios y cómplices de charlas con nocturnidad. Lastimica estén tan lejos...

Al día siguiente me llevaron a conocer la ruta de los molinos, con parada en Campo de Criptana donde disfrutamos del paisaje, sesión de fotos, una soleada terraza ¡donde se estaba de lujo! y unos platos típicos manchegos riquísimos en la Cueva de la Martina. Posteriormente realizamos una visita a la llamada Mancha húmeda, con atardecer en unas Tablas de Daimiel revivida en sus aguas como no sucedía desde los años 80.

Por la noche paseo por la capital, justo a tiempo de ver el "cortilandia" que se montan en cierto balcón de la Plaza Mayor las figuras de Cervantes, Don Quijote y Sancho Panza al son de las campanas y no sé qué himno manchego, y con parada en el antiguo Continental para tomar algo. Más gayradar, por cierto.

Poco después, en Eroski, pudimos comprobar que la visibilidad existe hasta en Ciudad Real con dos chicos jóvenes manifestando su amor sin pudor. Algo que no dejamos de comentar durante la segunda cena juancarlista (esta vez con estilo italiano) previa a las copas que disfrutamos por El Torreón con unas majísimas amigas.

Que buen rato de risas y puntillo gracioso con el alcohol por los locales de marcha, sobre todo en el Bohemme donde de nuevo saltó la sorpresa con un grupo de jóvenes gays -manifiestamente visibles- justo a nuestro lado y con los que nos sumamos a hacer campaña.

Entre tanto, desde el balcón presidencial, disfrutamos con la belleza del personal masculino manchego ¡que es considerable!, sobre todo si llevan camiseta blanca (claro que las medallas de plata no están nada mal...) y cómo no, mis ojitos disfrutaron de un aparente e interesante camarero.

De vuelta a casa, tras una última copa en Sión, seguimos la tertulia entre cubatas, haciendo repaso, cortando trajes, despiñando caminos, ahondando en la complicidad y apurando el fugaz encuentro.  Una de esas noches que siempre recuerdas...   

A la mañana siguiente apenas tiempo para conocer Almagro, comer juntos ya de vuelta en Ciudad Real, y tomar un café rápido en la tetería Arabian antes de coger el tren de regreso a Sevilla con la agradable sensación que da haber acertado al encontrar tan buena gente en tu camino y con las que esperas compartir muchos otros buenos momentos.  Como puede leerse en el Quijote... "Amistades que son ciertas nadie las puede turbar".

Gracias por todo Miguel y Juan Carlos. Gracias.

Lo confieso, desde la distancia les envidio, en sus más de veinte años de estar juntos, en su presente de convivencia y en su ilusión por un futuro mejor, juntos.

Una sensación que se acrecienta un día como el de hoy, tras una sesión de cine como la de ayer,  con historias profundamente conmovedoras como la ideada por Christopher Isherwood, quien por cierto afirmó:"Yo creo que la verdadera clave de la orientación sexual reside más en los sentimientos románticos que en los sexuales. Si de verdad eres gay, eres capaz de enamorarte de un hombre, y no sólo de disfrutar sexualmente de él".

Yo he sido capaz de enamorarme. He sido capaz de enamorarme de un hombre. Y echo mucho de menos la vida en pareja. Admiro a esas parejas que permanecen, visibles o no. Debe ser mi espíritu romántico y mi alma celeste. Pero no dejo de sentirme un "single man", cada día más invisible.

 

 

 

ÚLTIMOS DÍAS DE ENERO...

Los días que debían venir ya se han ido. Y han sido días inciertos.

Tras la breve pero intensa escapada a Madrid de primeros de enero -en la que uno es más lo que quisiera ser que lo que es- volver a la realidad de la vida -que no es como debería ser- me ocasionó  algunas jornadas de "saudade".

Quizás por eso he tenido los sentimientos a flor de piel.

Han sido días de emoción fácil, demasiado fácil, con finales de pelis o páginas de libros con los que dejar escapar lágrimas, sueños inesperados que al despertar producen desasosiego, charlas que te llegan dentro, voces que se acomodan en el alma, versos que te remueven por dentro, y recuerdos que no cesan en pellizcar los rotos de un corazón que disimula esperanzas.

Gracias a Sonia ya cuento con Piedras en mi colección de DVDs. La carta de Leire, que no hace mucho entró a formar parte de las prendas que cuelgan de las perchas más íntimas de este armario, volvió a emocionarme. Curiosamente he visto poco después 21 centímetros y sigo sin explicarme como se le pudo ir a Ramón Salazar la pinza de aquella manera en su segundo filme.

Además de con Piedras, me he emocionado mucho con el libro que me regaló Jagg por mi cumpleaños, El arte de conducir bajo la lluvia. Hacía mucho que no lloraba tanto al leer un libro. Me gustó saber que también le ha embargado al guapísimo churri del guapísimo Koepps (seguro que a partir de ahora verá en los ojos de Lucas cosas que antes le pasaban desapercibidas). Por mi parte, si algún día tengo perro le llamaré Enzo.

La emoción me rondó también con la representación de la obra La vida por delante, con mi adorada Concha Velasco y la actuación del atractivo Rubén de Eguía en una historia tierna que me trajo inevitables recuerdos de mi faceta como cuidador de un ser querido.

En el capítulo de emociones, habría que sumar varias canciones descubiertas gracias a Javier Sánchez (guardadas celosamente en Spotify), la impresionante voz de Pasión Vega (la primera vez que la veía en concierto, en directo, ha sido increible), la fantasía de Avatar en 3D, propuestas amigas para vernos en Madrid, impulsos para dirigir mis pasos hacia la buena gente castellano-manchega, las voces de amigos como Alberto, Sergio, Fran o Juanjo y recuperar algunas de las fotos que en el 2009 me hice con ellos para una de las aplicaciones del "feisbu", las historias de varias películas sobre amores homosexuales -con final feliz- regalo de Sonia, la historia de El cónsul de Sodoma (sobre todo su final), los poemas de Gil de Biedma, y los versos de un amigo de Vulcano tan directos y tan cercanos...

Probablemente un reiterado estado del tiempo gris, frio y plomizo, cansino de nubes, sumado a una cierta astenia invernal, no ayudó a levantar los ánimos y me tuvo sin fuerzas para ir al gym con constancia. La dejadez me invadió hasta en una crecida barba y en cierto descontrol alimentario, de los que salí a duras penas con decidido afeitado y algo de dieta. Ahora me debato entre cortarme o no el pelo.

Para evitar la espiral de gran siesta vespertina e insomnio nocturno a la que me vi arrastrado, apenas logré echar a andar con largos y solitarios paseos en los que no dejé de cruzarme con rostros que atraen, cuerpos que deseo, parejas que envidio, edades que no vuelven, arrugas que asustan, y miradas que no son devueltas. Todo ello acompañado de recuerdos, y más recuerdos, de pensamientos -ora de ida y vuelta, ora de largo hospedaje- y de las carencias y desesperanzas de siempre, y que parecen estar haciendo mella en mi reverso onírico.

Afortunadamente hubo también oasis de muchas risas, como con la zarzuela Los sobrinos del Capitán Grant, de sonrisas provocadas por la lectura de Maldito Karma, regalo de cumpleaños de Carlitos, y de buenos ratos en compañía de Juan Ángel y Mikgel, quien ahora ya entiende -por cierto- mi tirón para dar con atractivos camareros (las dos últimas adquisiciones en La Vinatería de San Telmo, que está a punto de convertirse en el Trajano de tapeo, y en el pub del EME, donde me sentí muy Carrie con mi copa de cosmopolitan en la mano. Estoy por hacer un ranking).

La "saudade" ha sacudido fuerte. El tsunami emocional también. ¿Seré "in"? Ahora mismo me siento "out". Quizás empty, no sé.

El caso es que todo ello se refleja al cerrar los ojos. Y me despierto con la carga de sueños extraños. En ellos, con frecuencia, me reconforta la presencia de mi madre. Otras son historias confusas y rocambolescas que no hay quien entienda. A menudo con protagonistas inesperadosy situaciones comprometidas ¡hasta con sorprendentes conocidos ! Muchas veces los protagonistas son afectos y amores de los que carezco. Hasta eróticos asoman. Hay de todo, persecuciones, estados de felicidad, historias paralelas...

Uno de los últimos sueños me trajo uno de los mejores besos que recuerde, y me lo daba Orlando. A estas alturas me pregunto ¿a qué viene esto? Apostaría que cierta conversación con Antonio sobre los amores pasados haya influido en ello. Es lo que tiene ser tan celeste. La cuestión está en lograr pasar del celeste de Murillo al de Ouka Lele.  

Orlando no es siempre el galán protagonista, otras veces experimento y siento un amor desconocido, y hasta rozo lo pandémico. Son sueños vividos con gran intensidad, fantasías o reflejos dorados cuyo recuerdo permanece bastante rato al despertar. Y en época de altibajos emocionales se acrecientan.

Alberto me acaba de decir que seguramente este tipo de sueños no hacen más que dejar patente aquello que me falta. Es probable. Solo puedo decir que, con frecuencia, al despertar no puedo evitar sentir... que preferiría seguir dormido.

  

PRIMEROS DÍAS DE ENERO...

Los primeros días de 2010 han resultado tan animados como los últimos de diciembre. Se mantuvo la continuidad en la línea color naranja y de espíritu positivo que comenzara tímidamente en el 2009, fue creciendo a lo largo de los meses, y traspasó la frontera interanual con paso decidido y firme. 

Despedí el año sin demasiada fiesta, en familia, con los ritos de costumbre, sobrellevando salpicados instantes de tristeza, recordando mucho, a muchos, y confiando -no sin cierto temor- en aquello que me deparará este año que acaba de arrancar, esperando que sea bueno, soñando en que se cumplan las ilusiones y se cubran las carencias...

Aunque tomé las uvas con la península tuve ocasión de ver más tarde las campanadas canarias, que este año retransmitieron desde el faro de Maspalomas donde veraneé el año pasado. En una noche como esa, le quise pillar el rollo simbólico.  

Para iniciar con alegría un año nada mejor que un buen montón de regalos, los que me encanta hacer, y los que recibo encantado por Reyes. Debí ser un niño muy bueno porque fueron muy considerados conmigo. Dan buena prueba de ello el barbero perfilador, una mini-escalera para alcanzar,  un juego para la Nintendo, el recetario Los trucos del microondas, el Caín de José Saramago, la 3ª y 4ª temporadas de Expediente X, y los DVD Harry Potter y el misterio del príncipe, X-men la decisión final, junto a una chaqueta de Zara que me regalaron familiares o amigos, y la minicadena y la cafetera express como autoregalos especiales que siempre me hago, porque yo lo valgo...23-F el día más difícil del Rey, Ultimatum a la tierra y My fair lady. Va a ser que he sido bueno...  

Además Jagg me sorprendió con el librito Sonríe, que vendrá bien para las horas de bajón, y Orlando con el CD/DVD La barrera del sonido de Amaral, para completar la caja metálica que me regaló cuando aún estábamos juntos.  

El mejor regalo fue, un año más, poder compartir estas fiestas gozando de buena salud, con la familia, y saber que cuentas con amigos -más cerca o más lejos en kilómetros- pero siempre próximos.

Ha sido un buen regalo comprobar -con estupor- que, a pesar de todo lo que me he metido en estos días de Navidad entre pecho y espalda con tanta comilona, sigo entrando en la talla L, como comprobé al irme de rebajas, al tiempo que disfrutaba de unos días de vacaciones en los que aproveché para ver la exposición de la Casa de Alba y tomar un cafelito con Juan para ver luego su casita compartida.

Y un regalo inesperado, cuando me temía todo lo contrario, ha sido pasármelo en grande durante el primer viaje del año, en esta ocasión a Madrid.

Aunque no guardara demasiado buen recuerdo de mi última estancia en los madriles, durante el pasado Orgullo, me decidí a arriesgarme a reservar billetes de AVE y hotel confiando en que no se repetirían los momentos de soledad de aquella vez, con ilusión de quedar con los amigos de allí, coincidir con Alberto y ver mejor a Orlando.

Pero poco antes de la fecha de partida me entero que ni Alberto ni su chico estarían finalmente por allí, y a Orlando mi visita le coincidía con turnos de trabajo. Se me vino el mundo abajo porque es con ellos con quien más tiempo paso cuando me animo a subir, y se me antojó que la estancia de julio iba a quedarse en pañales comparada con esta debacle.

Sin embargo, ocurrió ese hecho tan curioso y frecuente que suele suceder de esperar pasarlo muy bien y al final no tener éxito o temer pasarlo fatal y encontrarte con casi una fiesta. Y eso mismo me ha pasado, que temblaba pensando en que me encontraría solito por Madrid tras las bajas anunciadas, sin esperanzas de que los otros amigos de allí -que suelen tener bastantes compromisos y no siempre pueden dedicarme tanto tiempo como los otros- me acogieran en su compañía, y me he encontrado con que no he tenido un solo momento de apuro en soledad.

Sin duda ha sido un fin de semana intenso, increíble e inolvidable. Aunque Orlando me invitó a quedarme en su casa, lo que me alegró porque significa que está mucho mejor de ánimo para recibir visitas, preferí declinar la invitación y hospedarme en el hostal Josefina, aunque ello me ocasionara igualmente los inevitables recuerdos de un tiempo de amor que duró poquito pero fue tan intenso que dejó mucha huella. Además, me gusta porque es muy céntrico, en el mismo Callao -que descubrí con su nuevo look peatonal- y me permite recorrer la Gran Vía con frecuencia.

Justo allí -en la puerta del Capitol- quedé con Sonia, quien se convirtió en uno de los mejores regalos de estos días, un encanto de mujer a quien pude conocer por fin y se preocupó por hacerme la estancia lo más agradable posible.

Al principio, oculté mi timidez con mi habitual careta de desparpajo y mi "rollo loro" que no hace más que disimular los nervios y la cortedad que en realidad siento por dentro, aunque en realidad me la pude quitar pronto para ser simplemente yo, pues ella y su chico resultaron encantadores y me sentí muy cómodo con ellos comiendo en el VIPS. Después la llevé a tomar un cafelito al Isoleé, que ella no conocía, donde aproveché para darle los detallitos del Rey Manu que creo le gustaron.

Me hubiera gustado estar más tiempo con ella, porque es -además de un encanto- todo alegría y vitalidad, pero me pesaban demasiado los ojos por tantas horas de lentillas y tan pocas horas de sueño. Así que nos despedimos hasta el día siguiente y yo aproveché para descansar un ratito antes de quedar para compartir un vinito con mi amigo David. Aunque hacía poco que nos habíamos visto en Sevilla me encantó pasar la noche de marcha con él y unos amigos.

También fue un placer reencontrarme con Antinoo, al que hacía mucho tiempo que no veía, y apareció muy guapo. Con él y Vulcano disfruté de una cena muy agradable en el Umami de Gran Vía, un restaurante asiático con muy buena pinta, buena comida y unos camareros simpáticos, especialmente uno moreno que estaba para que lo pusieran en la carta y pedirlo de primer plato. Yo y mis camareros...    

Después me empeñé en ir a Lio para saludar Libertad, quien nos invitó a unos chupitos de ron miel que además de ricos descubrimos sirven ¡para quitar el hipo! No me desagradó el lugar, resultaba divertida la música pachanguera aunque un poco alta y con clientela variadita. Habrá que volver a echar unos bailes.

Más tarde acabamos en el Gris, donde me encontré con uno de los amigos de Castigador que me presentó cuando coincidimos en Canarias el verano pasado, y que ni me hubiera mirado si no lo llego a saludar yo. Está visto que las jovencitas modennas pijas no quieren nada con viejos...

En el Gris, David me presentó a un amigo suyo muy majo, bastante atractivo y con pinta interesante. Y luego a otro chico que ambos conocían, un auténtico bombom que confieso me llegó a poner nervioso. Demasiado mono, demasiado simpático, demasiado abierto, y demasiado veinteañero asiduo a tener como pareja a gente mucho mayor que él.

En ese momento sobrevolaron los momentos de bajón que inevitablemente me rondan. La sensación de fracaso pesa. Y en sitios de ambiente me siento invisible entre tanto chico guapo, desubicado entre una mayoría bastante más joven que tú, disconforme con la ropa que llevas entre tanta tendencia, molesto con el cuerpo contra el que te ha tocado luchar frente a tanto cuerpazo, ridículo entre buenos expertos en ligar y cateto entre tantos experimentados en sexo, mayor, sin atractivo, sin interés, sin nadie que te devuelva la mirada, o te pida el teléfono, o se acerque lo suficiente salvo porque el aforo del local haga inevitable que te roces con él, un movimiento que te hace otra vez recordar los besos, caricias y abrazos perdidos, y sobre todo pensar -con tristeza y temor- que ya será para siempre así...

Algo parecido me embargó al día siguiente, cuando me vi acogido por un grupo de veinteañeros atractivos y con estilo, aunque reconozco que me encontré muy a gusto con koepps y su chico, Fran (que me gustan sus achuchones espontáneos) y un par de amigos suyos de vueltas por el Madrid, compartiendo una divertida comida en La Gloria de Montero con tertulia sentimental-sexual que escandalizaba a algunos de los de alrededor, y una cachonda hora del té en las camas del Jhambala, en Chueca. Me alegra conocer gente tan maja y sobre todo ver felices a los amigos.

Me gustó mucho el churri de koepps, simpático, guapo, un tipazo, me trató con naturalidad, como si me conociera de siempre. Un encanto. ¡Ni se te ocurra dejarlo escapar! Claro que él se lleva una joyita, también...

Tras despedirme de ellos, café breve con Orlando -que se escapó un momento para verme- y sin solución de continuidad cita con la encantadora Sonia para tomar algo en el Stop Madrid y cenar luego en el Wagaboo donde volví a deleitarme con su encargado y compartí con ella confidencias de mi pasado sentimental. Más tarde tertulia socio-política en el Mamá Inés ¡que paciencia tuve!, jajaja,  y última copa en el Underwood antes de decir adiós.

No paré ni un momento, se me pasaron volando los dos días, me quedé con las ganas de conocer a Juanan (me está pasando con él como con los miguelchurris que se queda siempre todo en intentos) y también de ver a Edu, para darle un abrazo y charlar un ratillo con él, o intentar quedar con otros blogueros a los que hace mucho que no veo. Quizás en otra ocasión. 

Despedí Madrid, a solas, con frío intenso, satisfecho por la fortuna de que el viaje resultara agradable por la compañía y una cierta sensación "saudade" que siempre tengo al marcharme.

De vuelta a Sevilla paisajes blancos en La Mancha desde el AVE, copiosa nevada en Córdoba e inesperado anuncio de que caían copos en Sevilla -50 años después de la última vez que nevó- sin que llegaran a cuajar. Con las ganas que tengo de vivir la sensación. Toca seguir con la espera. En esto también...

Así fueron los primeros días de enero, quién sabe lo que traerán los días que siguen...

 ...los espero con el mismo espíritu de siempre.

 

CARTA A LOS REYES MAGOS

     Queridos Reyes Magos,

     hace pocas horas  me acerqué a veros con los mismos nervios e ilusión de cada tarde de 5 de enero, aunque sean ya más de cuarenta repitiendo el rito y ya no tenga cerca las manos de mis padres para llevarme a vuestro encuentro, como cuando era pequeñín.

     Crecí en la escuela de vuestra magia y poder, quizás por eso el roce de su cariño no dejó nunca de resultar una caricia alentadora. Se hizo seguridad durante mi infancia, apoyo siendo adolescente y también durante la juventud, y acabó lleno de ternura en su vejez.

     Era aún niño cuando dejé de tener el tacto de una de esas manos. Pero la otra apretó por las dos y duró muchos años para guiarme. Con el tiempo, las manos, ya muy arrugaditas, quedaron sin fuerzas y tuve que ser yo quien, con las mías, apretara las suyas para transmitir el mismo amor de siempre que yo recibí de su parte, para luego empujar la silla de ruedas en la que descansaban los años ajados por la enfermedad.

      Hasta que un día quedé sin manos que asir.

     Pero el roce de tantos años hace huella y, aunque el peso de la ausencia se haga en días como el de hoy un poco más duro de sobrellevar, hace inevitable que viva con enorme satisfacción esta tarde cargada de ilusión y un día como el de mañana lleno de felicidad.  

     Por eso me revisto con túnica de ternura, capa de inocencia, guantes de generosidad y me lanzo a seguiros coronado de ilusión, a formar parte del cortejo como espectador, gritando ¡aquí, aquí! para que me tiréis caramelos, gusanitos, gominolas o peluchitos, luchando por coger cuantos más mejor, dando saltos con la música pachanguera de las bandas que acompañan las carrozas, admirando el diseño de las nuevas y reconociendo el de las veteranas de cabalgatas anteriores, sin parar de sonreír, por dentro y por fuera, tan niño como siempre, tan niño como antes...

     Luego regreso a casa, con los bolsillos abultados, llenos de todas las golosinas que he sido capaz de pillar, y por el camino observo la carita de los pequeños que me rodean, nerviosos por los regalos que en pocas horas le dejarán Sus Majestades,  y observo también la de sus padres, con ojillos infantiles aunque los quieran disimular.

     Me entra, entonces, la nostalgia de una infancia más sencilla y feliz, junto al recuerdo de unos buenos padres "Cuéntame" y unos años que ya no vuelven... salvo éste día, porque nunca se va del todo, hasta que nos vamos para siempre.         

     Queridos Melchor, Gaspar y Baltasar, gracias por dejar éste espíritu en mí. Gracias por permitirme trasmitirlo. Por contar con personas a mi alrededor que lo entienden y lo comparten. Por poder tener detalles con los amigos (por muy tontos que sean, los detalles no los amigos), hacer regalos a la gente que quiero (no importa el valor sino lo que representan), y recibir como presentes su cariño y su recuerdo.  

     No os emocionéis demasiado esta noche en los hospitales, aunque sé que os resultará difícil. Sed fuertes para soportar el dolor que no podéis curar, las situaciones complicadas que no podéis arreglar y las peticiones que no podáis atender. Confío en que intentaréis ayudar en la medida de vuestras posibilidades.

     Repartid sobre todo mucha salud. Sabéis en todos los que estoy pensando, a ver si podéis echar una manita...  aprovecho para daros las gracias por conservarme sanote, por la mejoría en la depresión de quien ya sabéis, y porque todo saliera bien en el parto familiar.

    Debí ser un niño muy bueno porque recibí muchos regalos y me disteis un año cargadito de amigos, viajes, y buenos momentos. Gracias por todo lo bueno que me ha pasado, y porque lo malo que también ha habido no haya sido demasiado grave. Os agradezco sobre todo la amistad de cuantos tengo en mi corazón, en la agenda de mi teléfono móvil, y en mi lista de agregados a Facebook, jajaja.

     Igual para conseguir pareja tengo que ser un poquito más malote ¿no?, ejem, ya me entendéis... en todo caso os pediría que lo tuvierais en cuenta, porque el peso de la soledad se me hace cada vez más difícil de sobrellevar, sobre todo cuando ves a tu alrededor como surgen las parejas y uno sigue sin nadie a su lado, por muy bueno que se esfuerce en ser...

Para mí, a parte de buena salud y un poquito de suerte, poco más puedo pedir.

Para los demás... concededle aquello que más necesiten, aunque no se atrevan a solicitároslo, y aquello que nunca os pedirían pero les va a venir bien. Pero, sobre todo aquello que con ilusión os pidan.

Ah, yo por mi parte os pediría otra cosa: no dejar de sentirme como en este momento, o lo que viene a ser lo mismo, no dejar de ser muuuu shicoooo...

No os entretengo más, que se que tenéis la noche muy liada.

Feliz Noche de Reyes a todos.

Pd: El primer regalo me acaba de llegar, de parte de Jagg: un libro cargado de sonrisas. A ver que más viene, ¡ay, que nervios!...

 

EL ÚLTIMO POST DEL AÑO...

Diciembre se mostró este año con un tiempo inestable, marcado por el frio, la lluvia, con viento y hasta nevadas, lleno de días desapacibles, sin apenas color, sin sol, muy apagado...

Y sin embargo, para mí ha sido un mes muy especial. Eso que con tanta frecuencia echo de menos a lo largo del año como es tener compañía, salir, pasarlo bien, ha sido una constante.

Gratamente sorprendido, quiero desde aquí agradecerlo. Que no siempre uno ha de contar penas...

A la agradable venida de los valencianos Fran y Rafa que supuso un no parar de ver cosas, reír, compartir, tapear, combeber y amistear (que me gusta inventar palabras...) siguieron las celebraciones de mi cumpleaños, las sorpresas, buscar los regalos de Reyes, comprar caprichos, recibir llamadas y mensajes de felicitación, pasar alguna tarde en el cine y otras varias más de compras, recibir un dinerito extra, encontrarte con un pellizquito en la lotería, mandar los christmas, y participar de las inevitables comidas con compañeros de profesión, los del trabajo, distintos grupos de amigos, y familiares (ay, no quiero pensar en los kilos)... en fin, que he estado bastante distraído, vaya, jajaja.    

No faltaron las quedadas con Juan, antes de su vuelta a casa por Navidad, o Migue, con quien aparte de alguna cena y café, disfruté de una interesante exposición dedicada a la figura de D. Juan Tenorio.

También disfruté, especialmente, del tradicional retorno navideño de Vulcano. Me reí mucho con él, junto a Mikgel, Tomás y su churri Víctor, con el que por cierto he descubierto una complicidad muy graciosa al compartir los mismos gustos. Con ellos volví a los sitios de ambiente, donde uno suele ser invisible pero al menos alegra la vista.  

Pasó la Navidad más rápida aún de como vino. Las ausencias volvieron a hacerse notar, especialmente en Nochebuena, y no faltaron los comentarios homófobos inevitables de cada año en la comida familiar que organizo en mi casa el día de Navidad, pero salvo ese pequeño detalle incomodo -y al que uno acaba por acostumbrarse- en general fueron reuniones agradables.

Desde pequeñito estoy acostumbrado a adornar la casa (entiendo que a alguno pueda llegar a suponerle motivo de grima, pero uno es fruto de si mismo y de su historia). para mi lo natural es poner belén, socializar estos días con amigos y familiares, y disfrutar de los sabores, los colores, los olores y las costumbres sin que me suponga mucho esfuerzo.

Espero que tuvierais una Feliz Navidad.

Me gusta la Navidad, y supongo que me gustaría aún más si me encontrara plenamente feliz.  Igual los que me han visto estos días reír y disfrutar me han visto así, pero solo es apariencia. Ojalá me sintiera de verdad así. Tampoco debería quejarme, siempre hay quien está peor, pero mis carencias siguen haciendo pupa.

De todas formas, y a pesar de todo, no ha estado mal diciembre. Como tampoco el año.

Si hago balance me veo en muy buena compañía, cuando tuve compañía, viajando más de lo que podía imaginar (Extremadura, Valencia, Madrid, Canarias, Granada), y compartiendo con amigos buenos momentos que me hicieron sentir bien, aunque no faltaran otros de bajón.

Descubrí nuevos amigos de blogs y de Facebook, conocí en persona a otros que me enriquecieron mucho, me reencontré con algunos después de bastante tiempo sin poder tenerlos cerca y aunque me quedé con las ganas de conocer a otros no pierdo la esperanza de poder hacerlo pronto.  Quizás si la haya perdido en el terreno sentimental.

No puedo quejarme de año con un trabajo estable en plena crisis. Y siento decirlo por quien la sufriera, pero personalmente me ayudó a ahorrar con los precios más baratos y la bajada de hipoteca.

Tuve mis momentos de bajón, de soledad, de aburrimiento, de silencios, en los que me deprimí, me sentí triste y derramé lágrimas. Pero hubo otros muchos de alegría, de compañía, de diversión, de voces amigas, en los que me ilusioné, me sentí bien y eché unas risas.

Disfruté y mucho del teatro, solo y en compañía. Me costará olvidar aquellas Seis lecciones de baile en seis semanas o El caso de la mujer asesinadita. También dejó muy buen recuerdo el concierto de Mónica Naranjo o volver a ver el musical de Mecano.

Acerté con los cortes de pelo. Adelgacé. Y a pesar de tener un año más sigo -según dicen- aparentando tener muchos menos. Y hasta hay quien me quiere ver guapo (cariño de amistad, supongo).  Sin embargo, el caso es que, salvo alguna que otra miradita, no ligué más que el Brugal con limón.

El desborde del efecto pasión del "caso Granada" no cuenta por dopaje del contrario ¡ojo!.

Por supuesto me siguieron atrayendo los camareros. Mención especial -sin duda- para el encargado del Wagaboo de Chueca, el rubio Burguer valenciano y el  moreno canario.  

Sigo en mi armario y al tiempo voy y vengo cómo y con quien convengo, sin más explicaciones que la misma realidad. Como ejemplo, la habitual visita a Madrid durante el Orgullo, mis copitas por el ambiente, mi a veces look de  modenna y, ¡cómo no!, la divertida jornada que pasé en el primer y exitoso Orgullo del Sur.

Sospecho que todo lo bueno que hubo en el 2009 vino marcado por el color. Comencé el año que ya despedimos con aromaterapia y aquel efecto naranja que me atrevería decir ha sido efectivo.

2009 ha estado lleno de nombres, el que conforma el árbol que ilustra este post, lleno de amigos blogueros y de Facebook. Un árbol de Navidad que no tiene bajo él regalos, porque es en sí mismo un gran regalo, el que conformáis entre todos con vuestro cariño, complicidad y amistad.

Entre estos nombres, a lo largo del año que hoy despedimos, sobresalen algunos:  

Mikgel. Mi querida wikipedia particular continuó siendo la pieza más importante en mi engranaje de ocio y distracción, y uno de los amigos que más cerca han estado. Está "mejorcita de lo suyo".

Carlitos, quien me echó un capote en Semana Santa, y junto a Chema y Adrián me animaron con frecuencia.

Juan, a quien por fin conocí en persona. Me llegó a acoger hospitalariamente  en su granadina casa y por sorpresa se convirtió en un convecino por motivos de trabajo. Ojala dure mucho.

Pedro siguió estando ahí. Y el otro Pedro fue muy amable de atendernos en un affaire familiar.

Ismael y Gaby regresaron de su retiro "erasmuista" y fue agradable compartir con ellos algunos momentos.

David me hizo reír y estar muy a gusto en su visita a Sevilla, junto a Tomás y Víctor.

A Alfredo y Aitor, este año solo los pude ver apenas unas horas, pero siguen estando cerca.

Sergio y Alberto, siguieron siendo apoyos importantes a pesar de estar tan lejos. Fue un placer conocer al churri del primero y volver a ver al del segundo.

Fran y Rafa, fueron un descubrimiento y compartir con ellos buenos ratos un auténtico placer, en Valencia y en Sevilla.

Fue especial volver a ver a Juanjo. Siempre le agradeceré la acogida que, junto a Marcos, me dieron en Gran Canaria, ¡hasta donde volé yo solito!

Volver a ver a Javi, e ir de marcha con él y Marta, fue un momento también muy especial.

Miguel Ángel y Juan Carlos siguen siendo una asignatura pendiente. Me pregunto si les llegaron mis christmas...

Sonia... es Sonia. Verla será uno de los primeros regalos del 2010.

Juanan y Gerardo estuvieron por aquí sin que pudiera conocerlos. Me asombra cómo uno puede pillarle afecto a la gente sin tener apenas trato.   

Y a Orlando le volví a escuchar la voz más animada ¡y se ha comprado un perro!

Me empeñé en enviar ánimos a Alberto que pasa por mala racha. Y a Edu, tras su ruptura sentimental. A Koepps le eché de menos (suele suceder cuando se emparejan) pero me alegro por él.             

Casi todos ellos han sido una realidad en mi vida gracias a este blog, que en este 2009 cumplió tres años. 2010 acogerá su cuarta temporada, como en las series televisivas. Me pregunto qué estrellas invitadas, giros argumentales, gags, diálogos y secuencias interesantes me aportará. Habrá que estar pendiente de la pantalla.

A todos, de corazón... ¡FELIZ AÑO NUEVO!

 

PEDAZO DE PUENTE

Lo confieso, las últimas semanas me han sentado muy bien. Y eso a pesar que me cayera encima un nuevo año. Sin embargo, prefiero pensar que es una bonita cifra dispuesta a obsequiarme con grandes momentos que vivir y sobre todo compartir.

Uyyyy... ¿yo diciendo esto?

Sí, soy yo. No he sido abducido por extraterrestres zen, ni nadie de cuento me ha poseído, no tengo dentro de mí un alien positivista, y tampoco me he contagiado con un virus de efecto naranja.

Sencillamente, los últimos días he tenido la oportunidad de estar muy a gusto gracias a visitas de amigos, reuniones con gente que me hace sentir bien, celebraciones especiales, recibiendo regalos y participando de tantas actividades que apenas me he permitido echar de menos las carencias o preocupaciones que a uno le suelen rondar.

Y yo cuando estoy bien... lo veo todo bien.

Una voz amable, un abrazo a tiempo, un encuentro oportuno, alguna sorpresa que otra... no pueden hacer milagros, pero sí ayudan mucho a que las cosas parezcan diferentes.

Si noviembre no resultó finalmente tan duro como otros años, diciembre no pudo empezar mejor. Tras disfrutar con Mikgel de la magnífica representación de Fuenteovejuna (que diferente a la fallida puesta en escena de María Schiller, vista días atrás con Pcj y CRAZY) tuvimos ocasión de volver a ver a Vulcano, en compañía de Luigi, Argax y otros amigos. Muy majo el amigo gallego de David y también los amigos de Víctor (entre los que se encontraba curiosamente Arándano) con quienes compartimos un ratito divertido en el Barón Rampante y el Hércules Mítico.

No suelo salir mucho por los locales de ambiente, pero al poco volví a estar por allí con motivo de la visita de dos amigos de Valencia a los que entre otras cosas, les enseñé esa zona de marcha. Les sorprendió que tuvieran tanta luz, y es que por lo visto suelen tener por allí un aire algo más tenebroso.

La visita de los amigos valencianos ha sido una de las más entrañables que recuerdo. Muy esperada. Aunque lamentara que en vez de dos no fueran cuatro los amigos (les eché mucho de menos). Una pena que tampoco se pudieran sumar, al menos por un día, otros dos llegados de tierras manchegas.

Se hospedaron en uno de los hoteles más fashion de la ciudad, al ladito de la Giralda, aunque parece es más apariencia que otra cosa, y allí quedé en recogerlos bien temprano en una fría mañana de sábado que, sin embargo, se hizo cálida en cuanto les di un abrazo.

Es curioso, mientras a todos mis amigos heteros les saludo con un apretón de manos, me he dado cuenta de que en el colectivo de amigos gays con los que me relaciono la cosa se diversifica a la hora de dar el saludo. Están los que te plantan dos besos tipo chupón, los que rozas mejilla con mejilla, los que saludas estrechando la mano, y otros a los que das un abrazo de bienvenida o despedida. Y no tiene mucho que ver con la confianza o la costumbre, sino más bien con la empatía.

Como nuestra gran Elena -secretaria del Sr. Bassat y gran descubrimiento del concurso reality de la Sexta El Aprendiz, solo para elitistas, y de la que somos fans- se que es importante dar un buen recibimiento. Por eso quise dar una bienvenida dulce a Fran y Rafa con una muestra de los dos pestiños típicos de Sevilla (en sus variedades de miel y de azúcar) que les gustó mucho, y una olivas de chocolate de una de las tiendas gourmet más de moda de la ciudad, que a saber donde acabaron.

Tras ponernos al día, pasear un ratillo por una ciudad casi vacía por lo temprano y frío del día, y ponernos de acuerdo en el plan de visitas, iniciamos el recorrido turístico obligado por los Reales Alcazares y el barrio de Santa Cruz. Hasta mediodía que el sol empezó a calentar algo más, lo cierto es que pasaron bastante frio. Es lo que pasa cuando se empeñan en creer que el andaluz que avisa del frio que hace en Sevilla cuando hace frio... exagera, jajaja. 

Cuando quisimos darnos cuenta ya era hora de comenzar el tapeo. A lo largo de toda su estancia se convirtió en casi una obligación llevarles por bares, tascas, tabernas, mesones, restaurantes, cafetería y locales de los que guardaran un buen recuerdo. Y el listón era alto, pues ambos gustan de comer bien.

La primera parada es casi una costumbre ya entre cuantos me visitan, el vinito de naranja de la taberna de "el Perejil", con su pringá, a la que uno que yo me sé confundió ¡con atún!, jajaja. Después llegaron la Bodeguita de Antonio Romero -con su fantástica carrillada y sorprendente, por el tamaño, pero riquísimo tortillón acompañado de alioli- y otra parada junto a la Plaza Nueva donde Fran pudo aliviar su antojo de salmorejo.

Tras el tapeo llegaba otra de las citas ineludibles de cuantos se dejan caer por aquí conmigo, un cafelito con tarta de caramelo y nueces de Ambrosio en el Café Trajano, donde tertuliamos de lo lindo.

Después de una reconfortante siesta, y de que consiguieran comprar una bufanda (y no precisamente en Vitorio&Luchino, por la mala atención al público de su dependienta) disfrutamos de las luces de Navidad y la gran animación que reinaba en torno a la Feria de los belenes, la Feria del libro antiguo y de ocasión, y en general por todo el centro, camino de La Alameda. A pesar del frio reinante las calles estaban repletas de personas.

Una breve parada en un atestado Eslava -donde degustamos unas inmejorables croquetas- nos sirvió para hacer tiempo y abrir boca antes de cenar en Manolo León, uno de los restaurantes de más prestigio de la ciudad donde hice reserva y me sorprendió ver entre la clientela tanta gente joven. Cocina de calidad acompañada de confesiones personales.

Decía en el post anterior que me gustaban las sorpresas (agradables, claro) y eso me llevé cuando salí del restaurante y Fran me felicitó con dos besos. Se me había olvidado por completo. ¡Ya eran las doce! Un nuevo día de cumpleaños...

Entré, pues, en la nueva cifra y con buena compañía, tomando unas copas en el República y el Barón Rampante, donde conocieron algo de la zona de ambiente.

Al día siguiente continuaron las visitas (la impresionante Plaza de España, el coqueto Parque de María Luisa, la espectacular Catedral, la Giralda y sus 35 rampas, con sus bonitas vistas...), el tapeo (en tascas como Morales, la bodeguita Salazar, o el bar Coloniales), y otra de las degustaciones inevitables para visitantes ilustres como es el Ocumare.

Con el buen sabor de boca del chocolate recibí en el hotel los primeros regalos de cumpleaños, un divertido y cuco juego de café decorado con vaquitas (de parte de Chequebo y su chico), y unas hawainas color rojo pasión con mini bañador brasileño -llamado chunga- a juego, detalle de Fran y Rafa, a los que tuve que prometer que me lo pondría.

Cuando días después invité por el cumpleaños a unos amigos a casa y se lo enseñé, CRAZY me propuso ponérmelo en la piscina del gym. Sí, claro, la chunga y mis "cannes" entre tanto músculo, vaya guasita. A saber donde y cuando cumplo la promesa... pero me lo pongo ¡vamos, si me lo pongo...!

Como esperaba, ese día se sucedieron las llamadas de mi familia, pero también las de Alberto y Antonio, Sergio, Pedro, Ismael, Miguel y Juan Carlos... y hasta la de Orlando, después de meses sin tener noticias suyas. Que bueno es oir una voz amiga.

De vuelta a casa para ducharme y cambiarme antes de cenar, me alegró ver que también fueron muchos los que me felicitaron vía Facebook. Se agradece.  

Aquella noche, Pcj aceptó cenar con nosotros. Intentamos La Madraza y el Sopa de ganso, pero acabamos en Il Forno, donde vimos al Mauricio de Aida. Luego compartimos café y tarta, de nuevo en el Trajano, entre risas al recordar aquellos grandes gags de Martes y 13 (el Fin de Año no ha vuelto a ser igual desde entonces) y con debate político incluido.

Los días pasan rápido. El frio también. Con un poquito de penilla por lo cercano de la despedida, les recogí en el hotel para ir a comprar lotería en la administración de El gato negro, por cuyo lomo pasamos los boletos. A ver si entre eso y la buena fortuna gitana nos toca, miarma...

La temperatura no era como la de los días anteriores. El sol calentaba más el ambiente. Tras visitar la Iglesia del Salvador y la del Silencio, enseñarles "las setas de la Encarnación", comprar castañas asadas, rondar la Plaza del Museo, cruzar el Guadalquivir y ver La Cartuja, llegamos justo a tiempo para tomar las últimas y ricas tapas del Sol y sombra de Triana, por cuyas calles paseamos en la sobremesa y donde ambos se inmortalizaron con un par de fotos ante un vistoso belén con animales vivos ambientado con villancicos flamencos y rocieros de fondo. Muy pintoresco todo. Muy de Triana...

La estampa del río grande, o verde como le gusta llamar a Jagg, con la Torre del oro y la Giralda al fondo es muy socorrida también para hacer fotos desde la orilla de la calle Betis. Y para disfrutar de un café en otro de los sitios más "in" de la ciudad, el Restaurante Abades.

Pero no todo es tipismo, por eso les invité a coger el flamante metro de puertas seguras y acercarlos hasta la zona de Viapol y mi barrio, donde abundan edificios más modernos alejados de la estampa señorial del centro.

Aunque hasta él volvimos, pasando por San Bernardo, la Judería y de nuevo Santa Cruz, hacia el hotel, donde finalizaron mis prestaciones de Manuguía, esperando que disfrutaran de su estancia y se sintieran satisfechos del servicio ofrecido.

Hora de despedida. De esas que me ponen un poquito tonto. Abrazos del adiós -como en las sevillanas, no te vayas todavíaaaa, no te vaaaaayas por favooooor- y sensación de penilla por aquello de que gente que quieres y aprecias estén a muchos kilómetros, que no lejos.

Les dejé en un taxi en dirección al aeropuerto y me dispuse a metabolizar emocionalmente su estancia, su visita, sus voces, sus risas, sus miradas, sus abrazos, sus detalles, su confianza, su cariño, su amistad.

Os quiero, chicos.

Apenas sin descansar, al día siguiente tocaba celebración del cumpleaños en casa, tranquila, con Pcj y Crazy, Shiquillo y Gaby, Mikgel y un Quijote al que nos hacía ilusión poder ver después de tanto tiempo ¡y con nuevo look sin gafas! Faltaron Luigi, Dik, Carlitos y Chema. Nada, que no hay forma de reunir a toda la maripandi...

Con enorme ilusión recibí sus regalos, un bolso-bandolera chulísimo, el DVD de Los abrazos rotos, los Cuentos de la Alhambra y un divertido Mr. Big Man extradotado para tapar botellas.

Y los días siguientes -en los que disfruté de permiso en el trabajo, ¡que pedazo de puente!- continuaron los regalos, gracias a mi hermana que me sorprendió con un estupendo reloj, y a Jagg, Carlitos y Chema quienes coincidieron en regalarme libros, el muy original El arte de conducir bajo la lluvia y el hilarante Maldito karma.

Abrumadito que estoy con tanto regalo. Y lo que es mejor, acertadísimos todos. Así da gusto.

Muchas gracias a todos los que se acordaron y me felicitaron por teléfono, mensajito, correo, Messenguer, Facebook, o en persona. Gracias, a Fran y Rafa por dejarme compartir con ellos su estancia en Sevilla, confío en que volvierais a casa con un buen recuerdo (el mío es imborrable) y regreséis otra vez (pero con bufanda). Espero veros pronto.

Lo vuelvo a confesar, las últimas semanas me han sentado muy bien. Y muchos de los que leéis esto habéis contribuido a ello. Aunque no faltaran los pequeños pellizcos de angustia que provocan las dichosas carencias, la irremediable pérdida y las inevitables ausencias, estos días me han hecho feliz, y me he sentido bien.

Y para que no se queje Adrián, un post como el de hoy cargado de experiencias agradables y buenos recuerdos, debe terminar con espíritu positivo y sobre todo gratitud, por las cosas buenas que nos rodean.

Y además me sirve para rendir homenaje a la gran Mercedes Sosa que no hace mucho nos dejó, porque... como decía aquella canción de Violeta Parra, uno debe dar gracias a la vida... que me ha dado tanto...